2026 se presenta como un año exigente para el inversor. Tras un 2025 marcado por la concentración extrema en la inteligencia artificial, rotaciones abruptas y un ruido geopolítico constante, los expertos coinciden en que la volatilidad ha dejado de ser un fenómeno puntual para convertirse en un elemento estructural. En este nuevo contexto, la gestión activa, la selección rigurosa de activos y la disciplina vuelven a ser determinantes para proteger capital y generar rentabilidad a medio y largo plazo.

Andrés Álvarez Lorden, managing director de Wealth Management en iCapital, define el momento actual como un auténtico cambio de paradigma. La volatilidad ya no es coyuntural, sino permanente, alimentada por tensiones geopolíticas entre grandes bloques, valoraciones exigentes y un exceso de liquidez que sigue presionando los precios de los activos. Para el experto, el mayor riesgo no es la volatilidad en sí, sino una mala asignación del capital. Por ello, apuesta por carteras más equilibradas, con menor dependencia de la economía financiera y mayor peso de activos reales, renta fija bien seleccionada, alternativas y estrategias capaces de amortiguar caídas sin renunciar a oportunidades.

Desde una óptica macro y regional, Glen Chapman, director de estrategia de renta variable en Banco Sabadell, considera que la incertidumbre actual es más geopolítica que económica. Su escenario central sigue siendo de crecimiento moderado pero positivo en 2026, con mayor potencial en Estados Unidos por solidez y dinamismo, aunque con valoraciones más exigentes. Europa, pese a cotizar con descuento, se enfrenta a un momento clave: convertir las expectativas en crecimiento real de beneficios. Si no se materializa esa mejora, el riesgo de toma de beneficios aumenta; si llega una corrección, podrían abrirse oportunidades interesantes, especialmente en índices como el Ibex o el DAX.

En renta variable, Lucía Liñán, gestora de Santalucía AM, alerta de un peligro silencioso que está penalizando a muchas carteras: el cortoplacismo y el FOMO. Tras el fuerte rally concentrado en pocas compañías y temáticas, advierte de que el mercado no suele corregir por valoraciones altas, sino por sorpresas negativas en crecimiento o beneficios. A su juicio, el riesgo aparece cuando el mercado descuenta escenarios demasiado perfectos. Frente a ello, defiende una estrategia centrada en compañías de calidad, líderes en sus sectores, con ventajas competitivas duraderas y capacidad para resistir desaceleraciones económicas sin destruir valor.

La visión más táctica la aporta Francisco Simón, head of TAA Strategies en Santander Asset Management, quien destaca que el crecimiento de beneficios empieza a ampliarse más allá de las grandes tecnológicas estadounidenses. Este “broadening” abre oportunidades en Europa, Japón, emergentes y en compañías medianas y pequeñas, favorecidas por un entorno de tipos más bajos. En sus carteras multiactivo mantiene una visión pro-riesgo, combinando renta variable cíclica, crédito como núcleo generador de rentabilidad y materias primas, con el oro como elemento diversificador frente a riesgos geopolíticos e inflacionarios.

Desde el ámbito patrimonial, José María Luna, socio de Luna-Sevilla Asesores Patrimoniales y asesor financiero en Caser, pone el foco en los errores más comunes del inversor particular: mala gestión del riesgo divisa, falsa diversificación, solapamiento de fondos y decisiones dominadas por el ruido del mercado. Para Luna, 2026 exige carteras construidas con una planificación clara, duraciones de renta fija bien controladas y una combinación equilibrada entre gestión activa e indexada. El mayor enemigo, insiste, sigue siendo la falta de disciplina y la tendencia a reaccionar tarde y mal a los movimientos del mercado.

El papel de los activos alternativos gana protagonismo en el discurso de Óscar Anaya, socio y director de negocio institucional de Cobalto Inversiones, quien considera que esta clase de activo será clave para reducir volatilidad y capturar valor a largo plazo. En un entorno de valoraciones elevadas en mercados tradicionales, defiende una diversificación real entre renta variable, renta fija y alternativos, combinando fondos en primario y oportunidades en secundarios, siempre con un horizonte temporal bien definido.

En la misma línea, Carlos del Campo y José Cloquell, del equipo de inversiones de Diaphanum, destacan el atractivo relativo de los activos ilíquidos frente a los mercados cotizados. Mientras las bolsas han elevado múltiplos en los últimos años, el mercado privado ha mantenido valoraciones más estables por la menor actividad corporativa. Para ambos, el capital privado y los activos reales ofrecen una oportunidad interesante en 2026, siempre que se exija una prima de rentabilidad que compense la iliquidez y se prioricen compañías de tamaño pequeño y mediano con capacidad real de creación de valor.

El análisis sobre materias primas y metales lo aporta Andrés Allende, managing partner de A&G Banca Privada, quien advierte de ciertas complacencias del mercado. Señala riesgos derivados de la elevada concentración en los mismos activos por parte de la inversión pasiva y cuantitativa, así como la posibilidad de que algunos metales “mueran de éxito” si los precios acaban destruyendo demanda. Aun así, considera que el foco excesivo en la inteligencia artificial está dejando oportunidades atractivas en small caps, emergentes, energía y sectores infravalorados.

Desde Deutsche Bank, Rosa Duce, chief investment officer, insiste en que 2026 combinará crecimiento con episodios de volatilidad. Su receta pasa por carteras equilibradas, con una base sólida de renta fija corporativa de calidad, algo de oro como diversificador y una renta variable bien diversificada por sectores y regiones. La clave, subraya, es mantener la calma en los momentos de volatilidad y no dejarse arrastrar por decisiones emocionales.

A este contexto general se suma una lectura sectorial más concreta que refuerza la idea de un mercado menos indexado y más selectivo. Desde Inverdif, su CEO, Gabriel López identifica tecnología, salud y turismo como los grandes vectores de rentabilidad para 2026. La tecnología mantiene su liderazgo por crecimiento de beneficios y mejora de productividad gracias a la inteligencia artificial; la salud emerge como beneficiaria indirecta de esa misma disrupción tecnológica, tras haberse quedado rezagada en valoraciones; y el turismo consolida su recuperación apoyado en consumo resiliente y normalización de la movilidad. La firma combina esta visión con un mayor peso en pequeñas y medianas compañías y materias primas, tanto por su carácter cíclico como por su función de cobertura ante posibles repuntes inflacionarios.

En paralelo, desde Mutuactivos, el responsable de Mutuafondo España  Ángel Fresnillo pone el foco en un ángulo complementario: la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial. Bajo la premisa de que “la IA sin energía no existe”, destaca oportunidades en compañías ligadas a generación eléctrica, redes y activos reales, como Acciona Energía, Redeia o Merlin Properties, así como en ideas idiosincráticas fuera del Ibex que aportan diversificación real. Su enfoque subraya que, pese al fuerte comportamiento del mercado español, siguen existiendo valoraciones atractivas cuando se amplía el universo de inversión y se prioriza el análisis fundamental.

Finalmente, Filipe Miguel Aires Lopes, analista de Afi Inversiones Globales, resume el consenso general: diversificación, sesgo hacia acciones quality y metales preciosos como escudo frente a shocks geopolíticos. Para el analista, parte del mercado ligado a la inteligencia artificial descuenta expectativas muy exigentes, mientras que las compañías de calidad ofrecen una mejor protección del capital en escenarios adversos gracias a su menor captura del downside.

En conjunto, 2026 se perfila como un año menos homogéneo y mucho más selectivo. La inversión a ciegas y la simple réplica de índices pierden atractivo frente a la gestión activa, la planificación patrimonial y la disciplina. En un entorno donde la volatilidad ya no desaparece, saber seleccionar bien y mantener el rumbo será la verdadera ventaja competitiva.

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