¿Podría resumir el fondo NB Next Gen Connectivity y explicar qué lo hace único?
El fondo Neuberger Berman Next Gen Connectivity es una cartera tecnológica global diferenciada por su enfoque en empresas de tecnología de nueva generación, especialmente aquellas vinculadas a la inteligencia artificial y la conectividad. Su rasgo distintivo es su perspectiva global con una fuerte base operativa en Asia. El equipo cuenta con presencia directa en Hong Kong, Taiwán, Japón y China, además de Estados Unidos, con base en Nueva York, lo que le permite operar como un grupo verdaderamente internacional. Esta huella local en Asia es clave, ya que gran parte del ecosistema de la inteligencia artificial y de los semiconductores se concentra en la región. La fabricación de chips y los principales proveedores de compañías como NVIDIA o AMD se encuentran mayoritariamente en países asiáticos como Taiwán, Japón o Corea del Sur. Esta proximidad a los centros de producción tecnológica permite al fondo acceder a información de primera mano sobre la evolución del sector. A ello se suma un sólido análisis financiero y una estrategia de selección de valores de abajo hacia arriba, lo que facilita la generación de alfa superior frente a la mayoría de sus competidores. En conjunto, se trata de una estrategia tecnológica global claramente diferenciada, centrada en la próxima generación de inteligencia artificial y conectividad.
Las grandes tecnológicas estadounidenses continúan incrementando su gasto de capital en centros de datos para inteligencia artificial en 2026, mientras que el mercado muestra preocupación por el consumo de caja y el retorno sobre la inversión. ¿Cuál es su visión al respecto?
En los últimos tiempos, el mercado ha mostrado cierta preocupación por el fuerte aumento de la inversión en inteligencia artificial y por si los retornos serán suficientes para compensar el elevado volumen de capital comprometido. Desde nuestra perspectiva, la IA se encuentra todavía en una fase temprana del despliegue de infraestructuras necesario para avanzar hacia una economía impulsada por esta tecnología. Para que esta transformación sea posible, se requiere un importante respaldo en infraestructuras: centros de datos, chips especializados en IA y redes de alta velocidad que conecten estas instalaciones. Además, será imprescindible una gran capacidad energética para alimentar los centros de datos. En los próximos años, la expansión de esta infraestructura será muy significativa. Es un proceso que están liderando las grandes tecnológicas estadounidenses y que se está replicando a escala global, tanto en Estados Unidos como en Asia y Europa, con inversiones de gran magnitud.
En cuanto al retorno de la inversión, ya comienzan a verse resultados tangibles. Las grandes tecnológicas de Estados Unidos están monetizando la inteligencia artificial a través de la publicidad, los motores de búsqueda y otras herramientas. En los próximos años, el foco inversor seguirá centrado en la infraestructura de centros de datos y en su suministro energético, que continuarán impulsando el sólido crecimiento de beneficios a lo largo de la cadena de suministro. No nos preocupa en exceso el elevado nivel de inversión, ya que procede fundamentalmente de los elevados flujos de caja libre de estas grandes compañías tecnológicas. Además, los retornos más significativos ya se están observando en muchos grandes proveedores de servicios en la nube. Empresas como Google y Meta están empezando a mostrar una mayor monetización gracias a sus tecnologías de inteligencia artificial, lo que refuerza nuestro optimismo respecto a estas inversiones en infraestructuras de IA.
El mercado también parece estar preocupado por el impacto disruptivo de la IA en los modelos de negocio de las empresas SaaS (software como servicio). ¿Cuál es su opinión sobre este tema?
En los últimos meses hemos asistido a una fuerte corrección en los sectores de software e internet. Este movimiento responde a la disrupción que se está produciendo en la cadena de valor, ya que las compañías centradas en inteligencia artificial y en el desarrollo de nuevos modelos de IA están introduciendo soluciones que podrían alterar los modelos tradicionales de software como servicio. Como consecuencia, muchas acciones de software e internet han registrado ventas muy significativas. Consideramos que esta tendencia puede prolongarse, ya que las valoraciones de numerosas compañías del sector siguen siendo elevadas, mientras que el potencial impacto disruptivo de la inteligencia artificial aún no se ha materializado por completo.
Desde nuestra posición como inversores en tecnología global, preferimos no adelantarnos a este proceso. Hemos reducido nuestra exposición tanto al software como a las empresas de internet y hemos incrementado el peso en compañías de gran capitalización, que ofrecen un perfil más estable. En el caso del software, no estamos persiguiendo estas caídas ni estamos preparados para volver a aumentar posiciones en esta fase. Nuestro foco continúa siendo la infraestructura de inteligencia artificial, el hardware, los semiconductores y las industrias relacionadas. Creemos que, en algún momento, las valoraciones de las compañías de software e internet alcanzarán niveles muy atractivos, pero consideramos que ese punto aún no se ha alcanzado. Por ello, no vemos oportuno aprovechar estas correcciones en el momento actual.
¿Qué opina sobre la hoja de ruta de la tecnología de IA entre Estados Unidos y China?
Cuando se habla de competencia, la carrera por la inteligencia artificial se asemeja a unos Juegos Olímpicos entre Estados Unidos y China, las dos grandes potencias tecnológicas, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial y la robótica.
Creemos que Estados Unidos va por delante en el desarrollo de modelos de IA de nueva generación y de alto rendimiento, además de estar realizando un fuerte impulso en la llamada IA agéntica. Este tipo de inteligencia artificial es la que probablemente disrumpirá muchos de los modelos de negocio del software como servicio, y consideramos que numerosas empresas estadounidenses están claramente avanzadas en el desarrollo de los modelos más sofisticados y de la infraestructura necesaria para su despliegue.
China, en cambio, está siguiendo una estrategia muy diferente, basada en la eficiencia de costes. Debido a las limitaciones en el acceso a los semiconductores más avanzados, el país ha optado por una vía alternativa, centrada en desarrollar inteligencia artificial de forma mucho más rentable. Este enfoque otorga una ventaja a las compañías chinas, especialmente a las empresas de internet, software y modelos de IA, ya que están invirtiendo significativamente menos que sus homólogas estadounidenses. A pesar de ello, el rendimiento de sus modelos es notable, un área en la que las empresas chinas están destacando, lo que les permite desplegar soluciones de IA de manera muy competitiva en mercados emergentes. Este punto es especialmente relevante, ya que los mercados emergentes cuentan con grandes poblaciones y, al mismo tiempo, enfrentan un proceso de envejecimiento demográfico, donde la inteligencia artificial puede convertirse en un motor clave de productividad.
La carrera entre Estados Unidos y China en inteligencia artificial se acelerará en los próximos años. Aunque la competencia es intensa, siguen existiendo numerosas oportunidades de inversión. Estas se concentran en los cuellos de botella comunes que afectan tanto a las empresas estadounidenses como a las chinas, como los semiconductores, las redes de alta velocidad, la gestión térmica y el suministro energético. Consideramos que estos puntos críticos ofrecen un fuerte poder de fijación de precios y elevadas oportunidades de crecimiento. Por ello, nuestro foco está puesto en identificar estos cuellos de botella y en aprovechar las oportunidades asociadas. En este sentido, la carrera en inteligencia artificial entre Estados Unidos y China representa una oportunidad especialmente atractiva.
¿Cuáles considera que serán las principales oportunidades y riesgos para el sector tecnológico en 2026?
Comenzaría por el riesgo. Es evidente que la inteligencia artificial como temática ha crecido con fuerza en los últimos dos años y medio, y en la mente de muchos inversores surge la pregunta de qué pasaría si la IA corrige, si la inversión se desacelera o si no genera retornos suficientes sobre el capital invertido. Creemos que estos factores seguirán alimentando la volatilidad del mercado.
No obstante, lo importante es que vemos más oportunidades que riesgos. En primer lugar, existe una auténtica carrera —casi unos Juegos Olímpicos— entre Estados Unidos, China y el resto del mundo por el desarrollo de la inteligencia artificial. En segundo lugar, aunque las inversiones en IA se están disparando, siguen estando limitadas por la capacidad disponible, ya sea en generación eléctrica o en capacidad de producción de semiconductores. Por ello, no creemos que esta situación derive en una nueva burbuja tecnológica como la de internet hace 25 años.
Desde nuestro punto de vista, las oportunidades se concentran en los cuellos de botella comunes. El despliegue de infraestructuras requerirá un mayor volumen de semiconductores, especialmente chips de memoria, lo que supone una oportunidad de crecimiento muy relevante. También estamos observando una demanda muy fuerte de redes ópticas: los centros de datos necesitan una gran cantidad de conectividad óptica para interconectar chips GPU y CPU, así como para conectar los propios centros entre sí. En la actualidad existe una escasez significativa de estos componentes, lo que abre otra importante vía de crecimiento.
Además, estamos viendo cómo la IA agéntica emerge como una nueva área de expansión. Los agentes de inteligencia artificial ya son capaces de ayudar a empresas y usuarios a realizar búsquedas, comparar opciones y completar tareas como compras o toma de decisiones, haciendo a las compañías y a los equipos de marketing más eficientes y con mejores resultados. Por todo ello, creemos que las oportunidades en inteligencia artificial siguen estando infravaloradas y que, en conjunto, presentan un potencial mayor que los riesgos subyacentes.