En los últimos años hemos pasado del miedo a la inflación al miedo a quedarnos fuera del mercado. ¿Crees que el mayor riesgo hoy para muchos inversores es psicológico más que financiero?

Ahora mismo estamos en una situación de mucha incertidumbre y es lógico que haya inversores que estén en un compás de espera, pensando cuándo es el momento oportuno de entrar. Sin embargo, volvemos a lo de siempre: la psicología del inversor provoca que muchas veces se entre y se salga del mercado de forma errática, cuando lo que sabemos es que lo mejor es mantenerse invertido, ya que nunca se va a adivinar el comportamiento exacto del mercado.

Está claro que existe una incertidumbre ligada, sobre todo, a la situación en Oriente Medio, pero no se va a poder adivinar ni cuándo habrá una tregua ni cuándo es el momento perfecto para entrar. Teniendo en cuenta que el escenario de fondo sigue siendo positivo, la mejor estrategia es esperar, tomar posiciones y aprovechar de manera paulatina las correcciones que se vayan produciendo.

La inversión temática vivió un boom enorme con transición energética, ESG o IA. ¿Crees que el mercado está empezando a castigar las narrativas demasiado evidentes?

Creo que una cosa son las inversiones temáticas puntuales y otra las tendencias a largo plazo. Estas últimas son tendencias estructurales que siguen estando muy vigentes, como todo lo relacionado con la sostenibilidad y la inteligencia artificial.

Es verdad que todo lo que está ocurriendo actualmente con la crisis energética está apoyando dinámicas muy ligadas a la sostenibilidad, como la electrificación. Europa se ha dado cuenta de que necesita ser más independiente energéticamente, y esto respalda con fuerza dicha temática. Por su parte, la inteligencia artificial está aquí para quedarse. 

Por ello, más que de cuestiones temáticas de corto plazo, hablaría de tendencias de largo plazo que se mantienen firmes.

Estamos viendo cómo muchos jóvenes inversores construyen carteras a través de redes sociales e influencers. ¿Os preocupa que el mercado esté sustituyendo análisis por entretenimiento?

A mí lo que me preocupa, y no tengo nada en contra de informarse a través de las redes sociales, es que se debe ser muy selectivo y elegir bien a quién se escucha. Lo que estamos viendo es que hay mucha gente que habla sin el conocimiento suficiente y, al final, eso termina generando errores y expectativas que no son realmente viables.

Cualquiera puede informarse donde considere oportuno, pero sobre todo tiene que buscar información de calidad. La clave radica en elegir fuentes o profesionales que realmente cuenten con los conocimientos financieros necesarios para poder confiar en sus análisis.

Tradicionalmente las crisis nacían en la economía y luego llegaban a mercado. Ahora parece que muchas veces el mercado se mueve antes que la realidad. ¿Se ha acelerado demasiado el ciclo emocional de los inversores?

El mercado siempre descuenta las noticias de forma anticipada. Por ejemplo, actualmente se habla de que el Banco Central Europeo (BCE) puede subir los tipos de interés en junio. Probablemente los suba, pero el mercado ya hace mucho tiempo que tiene descontado ese movimiento. Por lo tanto, el día que se oficialice la subida de tipos tampoco veremos una gran reacción, porque ya está asimilada en los precios.

El mercado generalmente anticipa las decisiones; unas veces acierta y otras no. En este momento, nosotros creemos que el mercado está descontando un escenario demasiado negativo en cuanto a los tipos de interés; van a subir, pero probablemente no tanto como reflejan los precios actuales. Sin embargo, el mercado es soberano y eso es lo que está plasmado ahora mismo en las valoraciones.

Entre geopolítica, energía, elecciones de medio mandato en EEUU y tensión entre China y Occidente, ¿qué riesgo cree que el mercado sigue infravalorando de cara a 2026?

Actualmente nos encontramos en un momento en el que se están valorando a fondo los riesgos de cara al futuro; de hecho, en algunos casos casi se está exagerando ese nivel de riesgo. El mayor peligro aquí es que nos equivoquemos en las previsiones.

Nosotros estamos descontando un escenario base en el que creemos que, en algún momento, el estrecho se abrirá y habrá una vuelta paulatina a cierta normalidad, aunque está claro que no volveremos a los niveles previos. Bajo este escenario, apostamos por que el precio del petróleo vuelva a niveles de 80 dólares dentro de un año, que las bolsas mantengan un buen comportamiento porque las empresas siguen generando beneficios, y que se evite una recesión.

Sin embargo, el escenario de riesgo alternativo existe: si el estrecho se mantiene cerrado durante más tiempo del esperado, por ejemplo, durante todo el verano y después de este, se generaría un shock inflacionista más persistente de lo que el mercado descuenta hoy, lo que sí podría provocar una recesión, al menos en Europa y en Asia (no tanto en Estados Unidos). 

En estos momentos, el escenario positivo de que la guerra termine mañana es mucho más improbable que el escenario negativo de que el conflicto continúe, y ese es el principal riesgo que debemos vigilar.