Europa necesita ponerse al día

Europa se ha quedado en gran medida al margen de la actual ola de desarrollo de agentes de IA y de la expansión de los centros de datos. Casi todos los principales modelos de IA se desarrollan en EE. UU. o en China. Europa aún puede recuperar el terreno perdido e incluso imponerse en la carrera por la adopción de la IA. Su mano de obra, bien formada y adaptable, parece estar perfectamente preparada para aprovechar las oportunidades que trae consigo la revolución de la IA. Sin embargo, los obstáculos normativos y la rigidez de sus mercados laboral e inmobiliario están impidiendo que saque partido de las ventajas de la revolución tecnológica. Aprovechar mejor el potencial del mercado único europeo, reduciendo las barreras comerciales internas y permitiendo y fomentando las fusiones transfronterizas, también ayudaría a Europa a lograr las economías de escala que desde hace tiempo han otorgado a las empresas estadounidenses una ventaja competitiva.

El acceso a la IA, la exposición y la preparación son factores clave para el éxito

Según el FMI, tres son los factores que determinan hasta qué punto los países se benefician de la revolución de la IA: en primer lugar, necesitan tener acceso a las últimas innovaciones tecnológicas, a los datos y a las infraestructuras. Podría ser necesario forjar alianzas internacionales para aprovechar plenamente el potencial de la IA, en el caso de que algunos países restrinjan el uso de esta tecnología por motivos de seguridad nacional.

En segundo lugar, la exposición a la IA y el potencial para beneficiarse de los avances tecnológicos varían según el sector económico. El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) considera que los sectores que pueden hacer un uso especialmente eficaz de la IA son el financiero, el educativo, el de las tecnologías de la información (TI), el de los servicios profesionales y el sanitario.6 Entre los sectores con menor potencial para beneficiarse de la IA figuran la agricultura, el transporte, la construcción, el ocio y la minería. Por lo tanto, los países que ya cuentan con una especialización en sectores con una elevada exposición a la IA están en mejores condiciones de beneficiarse también a nivel global. Por lo general, se trata de economías desarrolladas que se especializan en sectores intensivos en conocimiento, en lugar de economías emergentes, en las que la industria manufacturera —caracterizada por el uso abundante de mano de obra y, en gran medida, de mano de obra poco cualificada— desempeña un papel más importante.

En tercer lugar, la preparación ante la IA refleja la disposición para adoptarla. El Índice de Preparación para la IA del FMI tiene en cuenta factores como la infraestructura digital, la innovación y la integración económica, el capital humano y las políticas del mercado laboral, así como la normativa y la ética, para asignar una «puntuación de preparación» a cada país.

Cómo mejorar en la UE la implementación de la IA

Los distintos componentes del Índice de Preparación para la IA del FMI constituyen una agenda política que, prácticamente, habla por sí misma sobre cómo los países de la UE pueden sacar mayor partido de la IA. Sin duda, una infraestructura digital moderna es fundamental, sobre todo para el sector público. La integración económica, mediante un auténtico mercado común de servicios en la UE, daría lugar a mercados nacionales más amplios en los que se podrían aprovechar las economías de escala. Un enfoque normativo, menos centrado en los riesgos y más en las oportunidades, permitiría a las empresas europeas beneficiarse antes de las innovaciones tecnológicas. Por último, las políticas del mercado laboral que respaldan el cambio estructural son esenciales para adoptar la IA.

Las rígidas leyes laborales frenan el cambio en la UE

En muchos países europeos —aunque no en todos—, las políticas del mercado laboral están más orientadas a proteger el empleo que a crear puestos de trabajo. El principal obstáculo jurídico que protege las estructuras actuales es la excesiva protección contra el despido. A lo largo de la historia, fue una muy buena idea. En épocas de elevado desempleo masivo, permitió estabilizar los ingresos de los hogares y garantizar la paz social. Sin embargo, el desempleo masivo no es hoy en día el principal reto político, como lo fue en los años ochenta y noventa. En la envejecida sociedad actual, la escasez de mano de obra y el envejecimiento de la población activa plantean problemas cada vez más graves. En este contexto, las rígidas leyes laborales europeas suponen un obstáculo para reasignar de manera fluida a trabajadores de sectores en declive a sectores en crecimiento. Y, lo que es más importante, impiden que los trabajadores cambien voluntariamente a empleos más atractivos, mejor remunerados y probablemente más productivos, incluso cuando no están satisfechos con sus empleos actuales. La estructura de incentivos es clara: las indemnizaciones por despido, que aumentan con la antigüedad, fidelizan a los empleados con su empleador actual. Quienes cambian de trabajo pierden el derecho a percibir la elevada indemnización que recibirían en el improbable caso de que los despidieran de su actual trabajo. Dado que a las empresas también les resulta relativamente caro despedir a los empleados con más antigüedad, los trabajadores con más experiencia prefieren quedarse en sus empresas actuales en lugar de buscar nuevas oportunidades. El mercado laboral pierde flexibilidad y se vuelve lento y poco ágil, lo que supone un punto de partida especialmente desfavorable para aprovechar las oportunidades que ofrece la IA, sobre todo para las pequeñas empresas emergentes.

Las rentabilidades de los bonos a escala mundial podrían aumentar si la IA incrementa la productividad

La adopción de la IA a gran escala no solo afectará a los mercados laborales, sino también a los mercados de capitales. A medida que la IA aumente la productividad y los beneficios de las empresas, crecerá la inversión y, con ella, la demanda de capital. Al mismo tiempo, la oferta de capital podría disminuir si los trabajadores ahorran menos debido a que esperan tener mayores ingresos de forma estable. Ambos efectos darían lugar a un aumento de los tipos de interés a escala mundial. Es importante destacar que Europa también se vería afectada, aunque quizá no experimente grandes mejoras de productividad gracias a la IA. El motivo es que las rentabilidades de sus bonos del Estado se ven muy influidas por esos factores globales. Por ejemplo, la correlación entre las rentabilidades de los valores del Tesoro estadounidense a diez años y los bonos alemanes (Bund) ha sido del 95 % en los últimos diez años, tal y como se refleja en el gráfico de la imagen 1. Una regresión simple sugiere que un aumento de un punto porcentual en las rentabilidades de los bonos estadounidenses aumenta los costes de financiación alemanes en 0,96 puntos porcentuales. Esto implica que Europa debería prepararse para unas mayores rentabilidades de los bonos si continúa el auge mundial de la inversión en torno a la IA.

No nos cabe duda de que la IA contribuirá a la transición demográfica de Europa

Puede que Europa no cuente con la ventaja inicial de EE.UU. y China en el desarrollo de herramientas de IA. Sin embargo, tiene el potencial de adoptarlas con celeridad. Esto contribuiría a paliar la escasez de mano de obra a la que sus envejecidas sociedades tendrán que enfrentarse en los próximos años. Para aprovechar plenamente las ventajas de la IA, Europa debería reformar sus mercados laborales y aumentar la oferta de viviendas de alquiler, de modo que los trabajadores puedan cambiar de empleo y pasar de sectores y empresas en declive a otros en crecimiento.