Siempre has dicho que bajar la inflación del 3% al 2% sería lo más difícil. Ahora que parece que los tipos de interés se van a quedar altos un tiempo, ¿crees que el mercado es demasiado optimista? ¿Ves riesgo de que los precios vuelvan a repuntar en la segunda mitad del año?
La verdad es que el conflicto en Oriente Medio ha trastocado todas las previsiones. Aunque, de momento, nosotros seguimos manteniendo un escenario base en el que debería ser un conflicto relativamente corto. En un par de meses deberíamos volver a la normalidad, lo que permitiría que el shock en los precios fuera algo temporal. Veríamos, efectivamente, unos primeros meses de subida de precios, pero luego se debería normalizar.
Al final, lo importante para los bancos centrales no es tanto el precio del gas y del petróleo en sí, sino hasta qué punto eso se traslada a los precios finales. Y estamos viendo que lo normal es que las expectativas de inflación se mantengan bastante ancladas y no veamos un repunte importante.
Tradicionalmente se dice que una buena cartera tiene un 60% en acciones y un 40% en bonos. En el momento actual, ¿sigues confiando en esa fórmula o crees que es obligatorio incluir inversiones alternativas, como infraestructuras o energía, para estar realmente protegidos?
Para empezar, la cartera 60/40 (60% renta variable, 40% renta fija) es para un determinado perfil de riesgo. El riesgo que cada inversor puede asumir es muy variado. Muchas veces se oye hablar de una cartera media que tenga un 40% en bolsa y un 60% en renta fija, pero es verdad que ahí estamos englobando todo. Cuando hablamos de renta fija, incluimos renta fija de alta calidad, renta fija de más riesgo y renta fija emergente. También englobamos la parte de mercado monetario, que realmente no es renta fija tradicional, pero estaría dentro de ese 60%.
Hoy en día, la riqueza que nos permiten los activos financieros hace que probablemente nos interese tener algo de oro, porque por mucho que haya subido y aunque ahora no lo veamos como activo refugio, es una parte diversificadora. También hay oportunidades en activos del sector privado o infraestructuras. Creo que tener una cartera bien diversificada siempre es interesante.
Ahora mismo nosotros no hemos hecho ningún cambio, porque pensamos, de nuevo, que esto debería ser un shock temporal y deberíamos volver a la normalidad.
Estamos viendo que la economía de EE.UU. aguanta todo, mientras que a Europa le cuesta más arrancar. ¿Recomiendas mirar más hacia otros mercados o crees que las empresas europeas están ahora tan baratas que es el momento ideal para comprar?
La realidad es que, si te fijas en lo que están haciendo los índices en estos días, sorprendentemente no han caído mucho. Es verdad que donde más se ha castigado ha sido en las bolsas asiáticas y las europeas. Primero, porque son las más afectadas; sobre todo Asia, que es la región que más depende del Estrecho de Ormuz; Europa no importa tanto de esa parte de Oriente Medio, pero el precio global del petróleo y del gas le afecta.
Nosotros seguimos pensando que las bolsas europeas tienen sentido. Determinados valores cíclicos tienen sentido, como los ligados a la energía, la industria, los materiales de construcción y también algo de salud. Y en Estados Unidos seguimos estando presentes, porque con estas caídas, las valoraciones de las empresas tecnológicas son muy atractivas.
Por tanto, seguimos apostando por Europa, pero no hemos dejado en ningún momento Estados Unidos.
Casi todo el crecimiento de las bolsas viene de unas pocas empresas tecnológicas. Como estratega, ¿te preocupa que haya demasiada concentración en este sector? ¿Es momento de recoger beneficios y buscar sectores más tradicionales y tranquilos?
Antes de que pasara todo este conflicto, ya estábamos viendo una rotación sectorial.
La gran diferencia que estábamos viendo este año con respecto al pasado es que ya no lideraban solamente las empresas tecnológicas, sino sobre todo las empresas que se van a beneficiar de esa nueva tecnología y ya veíamos esa rotación. Si miras las expectativas de beneficios en el año 2023, la divergencia entre lo que se esperaba de beneficio de una tecnológica y lo que iba a tener cualquier otro miembro del mercado era tan abismal que resultaba lógico que todo el mundo apostara por tecnológicas.
Pero en nuestro escenario, donde el mundo va a seguir creciendo con tasas altas, vamos a ver cifras de beneficios de dos dígitos en prácticamente todos los sectores. Ya no existe esa divergencia entre el sector tecnológico, que puede ganar este año entre un 20% y un 25%, y el resto del mercado, que ganará en torno a un 12% o 13%. Eso favorece la rotación.
Dicho esto, es verdad que, con las recientes caídas, las empresas tecnológicas a estas valoraciones vuelven a ser atractivas.
Muchos ahorradores prefieren dejar el dinero quieto en la cuenta o en fondos muy básicos porque dan algo de rentabilidad sin riesgo. ¿Cómo les explicas que quedarse "en espera" puede ser un error ahora mismo si los tipos empiezan a bajar pronto?
En la dinámica de la inflación se juntan dos cosas.
Por un lado, tenemos que ver realmente que la inflación se come nuestro ahorro, porque en el momento en que tenemos el dinero sin invertir, sin ningún tipo de remuneración, perdemos poder adquisitivo por la inflación. Especialmente en un momento como este, en el que existe el riesgo de que repunte. Eso por un lado, y por otro, nos perdemos la oportunidad de invertir. Incluso cuando lo tenemos en un depósito, el problema es que una vez al año nos devuelven el dinero, tributamos a Hacienda y tenemos que volver a reinvertirlo. Sin embargo, cuando lo invertimos en otro instrumento financiero, actúa la magia del interés compuesto, donde ese interés se va reinvirtiendo. Puede parecer poco un 1% o un 2%, pero a lo largo de muchos años es mucho dinero.
Por tanto, por un lado, necesitas batir a la inflación; y por otro, evitar perderte la ventaja del interés compuesto, que permite reinvertir anualmente tanto el capital como los intereses generados, acumulando así mayores rentabilidades.