En un escenario en el que algunos mercados cotizan en niveles elevados y el entorno macroeconómico sigue siendo incierto, ¿de qué manera estáis acompañando a vuestros clientes para combinar cautela y aprovechamiento de oportunidades, evitando reacciones impulsivas?

En este tipo de contextos, el principal riesgo no está tanto en los mercados como en los propios inversores, especialmente en dejarse llevar por las emociones en el peor momento.

Actualmente vemos algunos subsegmentos del mercado en máximos históricos, todo ello en un entorno macroeconómico con cierta incertidumbre, abundante ruido geopolítico y poca claridad sobre el crecimiento diferencial entre economías. Todo esto puede aumentar la emocionalidad en la toma de decisiones. Desde nuestro enfoque, y también en cómo lo aplicamos internamente, es clave distinguir entre mercados en máximos, valoraciones históricamente elevadas y burbujas desde el punto de vista de valoración, que son conceptos distintos.

Además, una cosa es analizar el mercado de forma agregada, que puede parecer caro en términos históricos, y otra muy distinta es descender al análisis por sectores y subsectores, donde siempre es posible encontrar oportunidades de valor. Aquí el análisis fundamental resulta esencial para diferenciar qué valoraciones están respaldadas por fundamentales sólidos. Hay casos en los que las valoraciones son elevadas, pero están sostenidas por buenos resultados corporativos, crecimiento de ventas, márgenes, generación de caja y expectativas futuras razonables.

Un segundo punto clave es no centrarse en predecir qué va a ocurrir en los próximos seis o doce meses, sino trabajar con distintos escenarios de riesgo y asignarles probabilidades. Esto permite combinar clases de activo y niveles de riesgo de forma coherente y aislarse del ruido del corto plazo. En PSN aspiramos a construir carteras que funcionen razonablemente bien en distintos entornos de mercado, ya sea con aceleración o desaceleración del crecimiento, o en contextos de alta volatilidad, con el objetivo de obtener retornos consistentes a lo largo del tiempo. También prestamos mucha atención al retorno relativo, buscando hacerlo mejor que los benchmarks en las distintas decisiones de inversión.

Por último, para evitar decisiones emocionales influenciadas por titulares de corto plazo, es fundamental tener muy claro el objetivo financiero, contar con un plan coherente para alcanzarlo y ser disciplinados en su ejecución. Estos factores son mucho más relevantes que intentar adivinar los movimientos del mercado a corto plazo. En ese sentido, el asesoramiento no debe limitarse a informar, sino a ayudar al cliente a definir sus objetivos, plasmarlos en un plan y acompañarle para mantener la disciplina a lo largo del tiempo.

Después de un largo periodo con escaso atractivo, la renta fija vuelve a presentar rentabilidades interesantes. En el caso de clientes conservadores o con foco en la generación de rentas, ¿estáis incrementando su peso en cartera? ¿Os inclináis más por duraciones intermedias, crédito corporativo o enfoques de gestión flexible?

Es una muy buena noticia que, tras varios años con tipos de interés cercanos a cero y una curva invertida, estemos volviendo progresivamente a una situación de mayor normalidad. Aunque aún queda camino por recorrer, la curva de tipos ha repuntado y presenta cierto empinamiento, con los plazos largos ofreciendo mayores rentabilidades que los cortos. Esto es especialmente relevante para inversores conservadores enfocados en la preservación de capital y la generación de rentas.

En los últimos años, este tipo de perfiles se había visto obligado a asumir más riesgo del que sería coherente con sus objetivos para poder obtener rentabilidad. Por eso, esta normalización supone una muy buena noticia.

Además, la subida de tipos y la normalización tanto del mercado de deuda soberana como del crédito han permitido que la renta fija vuelva a cumplir su función como diversificador, con correlaciones más razonables. Aunque todavía no hemos alcanzado una situación plenamente normalizada, estamos claramente mejor que en años anteriores.

Actualmente, tenemos preferencia por el crédito corporativo con duraciones de entre tres y cinco años. No nos sentimos especialmente cómodos con duraciones largas ni con una sobreexposición a deuda soberana, donde mantenemos un posicionamiento más neutral. Dentro del crédito, priorizamos investment grade, aunque también incorporamos algo de crédito con mayor riesgo para mejorar el potencial de retorno, siempre vigilando que el perfil de riesgo global no se eleve en exceso. Como entidad, y por el tipo de cliente con el que trabajamos, tenemos un enfoque especialmente conservador y orientado a la preservación de capital.

Dentro de carteras de elevado patrimonio, donde el nivel de sofisticación suele ser mayor, ¿qué protagonismo están adquiriendo los activos alternativos? ¿Consideráis que siguen aportando una descorrelación relevante en el contexto actual?

Los activos alternativos han ganado peso en los últimos años. En España, en términos generales, seguimos algo por detrás de otros países desarrollados en cuanto a exposición a este tipo de activos.

Creemos que pueden ser una herramienta muy interesante para diversificar fuentes de retorno y riesgo, pero es fundamental entender que se trata de activos con características particulares. Requieren un análisis en profundidad, presentan menor transparencia informativa y no funcionan como los activos cotizados en mercados regulados. Además, existe una elevada dispersión entre gestores y subclases de activo, con diferencias significativas entre los mejores y los menos eficientes.

Por tanto, aunque nos parecen una pieza valiosa dentro de la diversificación, es necesario contar con ciertas garantías antes de incorporarlos. La iliquidez no es necesariamente negativa; de hecho, debería ir asociada a una prima de liquidez. La pregunta clave no es tanto qué porcentaje quiero asignar a alternativos, sino qué parte de la cartera no voy a necesitar en los próximos siete o diez años. Los problemas de la iliquidez surgen cuando se intenta desinvertir antes de tiempo.

También es importante no asumir que la mera presencia de activos alternativos garantiza automáticamente una cartera diversificada. Todo dependerá de la clase de activo elegida, su exposición al ciclo económico, su coherencia con el resto de la cartera y, especialmente, de la selección de gestores. El hecho de que no publiquen precios diariamente no implica necesariamente menor riesgo o menor correlación.

Desde PSN consideramos que, tras un periodo prolongado de tipos bajos, abundante liquidez y valoraciones exigentes, el cambio de contexto actual exige ser especialmente selectivos y cuidadosos en la elección de activos alternativos.

Con el aumento de los procesos de relevo generacional en los patrimonios familiares, ¿qué diferencias observáis en las preferencias de inversión de las nuevas generaciones frente a las anteriores, especialmente en ámbitos como la sostenibilidad, la liquidez o la adopción tecnológica?

Nos encontramos en un momento muy interesante. Por un lado, existe una diferencia natural entre generaciones: los perfiles de mayor edad suelen priorizar la preservación de capital, mientras que las nuevas generaciones, además de preservarlo, están más enfocadas en hacerlo crecer para alcanzar objetivos financieros a largo plazo.

Por otro lado, el contexto actual marca una diferencia clara. La generación más joven se ha desarrollado en un entorno informativo y tecnológico muy distinto, con acceso a mucha más información. Esto plantea un reto para las entidades financieras, que ya no solo deben ser transparentes y ofrecer información de calidad, sino también aportar formación, valor añadido e incluso permitir una mayor participación del cliente en la toma de decisiones.

Otro aspecto diferencial es la sostenibilidad. Las nuevas generaciones no solo analizan el binomio rentabilidad-riesgo, sino que buscan coherencia entre sus inversiones y su propia cosmovisión. El reto aquí no es limitarse al concepto de sostenibilidad, sino explicar de forma clara qué significa y cómo se materializa en las carteras. Aunque nuestras carteras, por su propio proceso de inversión, presentan métricas de sostenibilidad superiores a las de los benchmarks, eso no es suficiente.

A día de hoy no existe un estándar único en la industria, y explicar qué implica la sostenibilidad requiere formación y una comunicación muy detallada: cómo se aplica a cada posición, a cada sector y a cada tipo de activo. Además, su interpretación varía entre industrias; no se entiende igual en energía, en el sector financiero o en el tecnológico. Estos son algunos de los principales desafíos que plantea el relevo generacional en la gestión patrimonial.