Hablamos del FTGF ClearBridge Infrastructure Value, un fondo de renta variable. ¿Qué es lo que aporta y cómo se forma la cartera?
Teresa Molins: El Franklin Templeton Global Funds ClearBridge Infrastructure Value Fund. Es un fondo global que invierte en infraestructuras. Para nosotros, en Franklin Templeton, la definición de infraestructuras se centra en aquellas empresas que proveen servicios esenciales. Y, dentro de ese universo, distinguimos básicamente dos grandes grupos. Por un lado, las compañías reguladas, que son las que prestan servicios como electricidad, agua o gas. Y, por otro, las compañías que llamamos concesionarias, que están más vinculadas al ciclo económico y que incluyen negocios como autopistas, puertos, aeropuertos o ferrocarriles.
La idea del fondo es buscar, en cada momento, las mejores oportunidades entre esos dos grupos de compañías. Nosotros construimos nuestro propio universo de inversión en infraestructuras; no nos guiamos por un índice de referencia porque queremos tener flexibilidad, libertad de movimiento y, sobre todo, la capacidad de invertir únicamente en compañías que consideramos “puras” de infraestructuras.
A partir de ese universo, seleccionamos entre 30 y 60 compañías en cartera. Y, en función del potencial que vemos en cada una de ellas, podemos invertir entre un 3% y, como máximo, un 6% del patrimonio del fondo en cada compañía.
Lo que hacemos es adaptar el sesgo de la cartera al momento del ciclo. Cuando estamos más positivos con el crecimiento económico, tendemos a inclinarnos más por las compañías concesionarias, porque sus ingresos se benefician más si la economía crece. En cambio, cuando estamos en una fase con más dudas sobre el crecimiento, adoptamos un posicionamiento más defensivo y damos más peso a negocios regulados, donde lo que buscamos es estabilidad y predictibilidad tanto en ingresos como en beneficios.
Y esto nos gusta especialmente en un entorno como el actual, en el que hay mucha incertidumbre y mucha volatilidad. Precisamente, una de las grandes ventajas de las infraestructuras es que pueden ofrecer protección en momentos así. Además, el fondo tiene un carácter claramente defensivo. Históricamente, cuando cae el mercado, nuestro fondo ha participado de media en alrededor del 65% de esas caídas. Y eso es importante, porque al final lo que buscamos al invertir en esta estrategia es que, cuando las cosas se complican, el inversor esté más protegido, pero sin renunciar por ello a una rentabilidad atractiva.
De hecho, el fondo tiene como objetivo ofrecer una rentabilidad equivalente a la inflación de los países del G7 más un 5,5% en un ciclo normal de mercado. Y lo cierto es que, si miramos los resultados de los últimos años —a uno, tres y cinco años—, la rentabilidad media ha rondado aproximadamente el 11%, es decir, ha conseguido cumplir ese objetivo. Por eso creemos que se trata de una temática y de un activo con mucho interés: protege en entornos difíciles, pero al mismo tiempo ofrece una rentabilidad muy atractiva.
En el caso del KBI Global Sustainable Infra ¿en qué consiste y cómo invierte?
Gonzalo Ortiz de Vigón: Empiezo explicando de dónde viene, porque hablamos de Amundi, pero el fondo se llama KBI. KBI es una de las boutiques temáticas que tiene Amundi en propiedad. Es una boutique especializada, sobre todo, en la gestión de fondos relacionados con los recursos, y son expertos en analizar cómo evolucionan los sectores cuando miras el mundo con las gafas de alguien que está en 2026.
Y eso, aterrizado al mundo de las infraestructuras, tiene bastante sentido. Porque cuando pensamos en infraestructura hoy, es evidente que la tecnología y la evolución de la población están teniendo un impacto directo en la necesidad de renovación de muchas infraestructuras. Y ahí es donde esa mirada de KBI aporta valor: quiere estar en el mundo de la infraestructura, quiere participar en los servicios públicos, quiere participar en los actores necesarios para construir esas infraestructuras, pero al mismo tiempo es consciente de que todo ese movimiento de renovación tiene un componente tecnológico y un componente sostenible muy importante.
En definitiva, se trata de mirar el mundo de la infraestructura con una visión actualizada, con las gafas de 2026 en adelante, entendiendo que muchas de las infraestructuras que existen hoy en el mundo están quedando obsoletas. Leíamos el otro día, por ejemplo, que el Canal de Isabel II prácticamente renueva su infraestructura cada dos años gracias a las innovaciones tecnológicas que le permiten mejorar sus sistemas de eficiencia y ofrecer un mejor agua y un mejor servicio. Ese tipo de ejemplo refleja muy bien la forma en la que KBI analiza los activos.
Obviamente, cuando hablamos de infraestructuras en un mundo que avanza hacia la descarbonización, creemos que la electrificación tiene que estar en cartera. Si de verdad quieres una transición energética, necesitas electrificación. Y también necesitas tecnología. Por tanto, tanto la electrificación como la tecnología deben estar presentes en el portfolio.
Y, a partir de ahí, el fondo amplía su universo de inversión precisamente por esa combinación entre tecnología y todos los elementos que forman parte de la cadena necesaria para construir infraestructuras. Hablábamos estos días, por ejemplo, de la destrucción de infraestructuras en el contexto de la guerra de Irán y de cuánto tiempo y cuántos recursos hacen falta para volver a construirlas. Todo eso forma parte también de esa reflexión más amplia sobre la infraestructura.
Al final, KBI busca dar acceso, a través de un fondo de renta variable global, a todos los actores involucrados en la nueva generación o en la nueva construcción de infraestructuras, sin dejar de lado ni la tecnología, ni la infraestructura pura, ni las utilities clásicas. Y eso además introduce un sesgo hacia compañías quizá algo más pequeñas que las tradicionales, lo que también permite acceder a valoraciones más eficientes o menos tensionadas.
Y te diría que otro elemento diferencial importante es que participamos mucho de las nuevas corrientes globales. Es decir, si vemos un cambio demográfico o geopolítico, pensamos que incluso la agricultura puede tener sentido como una infraestructura más. Esa transición de una agricultura más intensiva en mano de obra hacia una agricultura más tecnológica, con más capacidad y con mayor peso de fertilizantes y de procesos modernos, forma parte de esos cambios globales que el fondo intenta capturar a través de un rango muy amplio de compañías.
Y dentro de esta nueva construcción de infraestructuras que me estás comentando, ¿cómo encaja el tema de la tecnología? Porque da la impresión de que buena parte de la tecnología del futuro pasa por la construcción de centros de datos, por pasar de la inteligencia artificial como expectativa a la inteligencia artificial como realidad, y eso implica infraestructura. ¿Cómo se posicionan las carteras para capturar ese potencial?
Gonzalo Ortiz de Vigón: Cuando alguien oye que se va a construir un centro de datos, en general lo celebra porque parece el avance necesario para poder utilizar la inteligencia artificial a pleno rendimiento. Pero el paso atrás, que a nosotros nos parece muy interesante, es preguntarnos quién va a construir ese centro de datos y qué materiales va a necesitar.
Además, hay una cuestión clave: la inteligencia artificial consume entre cinco y diez veces más energía de la que consume hoy internet. Entonces, la pregunta no es solo quién construye el centro, sino también cómo se le va a suministrar toda la potencia que necesita desde la red tradicional.
Nosotros consideramos que va a haber un aumento muy importante en la demanda de energía a nivel global precisamente por el desarrollo de la IA. Y hay otro aspecto que quizá a veces se pasa por alto, pero que es fundamental: el agua. ¿Cómo se va a refrigerar ese centro de datos? En un mundo que sigue creciendo demográficamente, el agua va a jugar un papel absolutamente esencial en la cartera del fondo a futuro.
Por tanto, esa electrificación, junto con la eficiencia y con todas las segundas derivadas asociadas a la inversión en centros de datos, pensamos que es una auténtica palanca de crecimiento y un viento de cola muy positivo para todos los activos relacionados con esta temática.
La verdad es que, muy al hilo de lo que estabas comentando, el mundo cambia muy rápido. Hace no mucho, cuando pensábamos en infraestructuras, pensábamos en negocios muy predecibles en cuanto a ingresos, pero con un crecimiento moderado. Habéis hablado de digitalización, pero ¿qué otros motores creéis que pueden hacer crecer esta temática?
Teresa Molins: Yo diría que hay tres razones principales. Algunas ya venían de antes y otras han cobrado más fuerza en los últimos meses. Empezando por la tercera, que ya hemos comentado, está todo el tema de los centros de datos y la inteligencia artificial. Pero no debemos olvidarnos de la descarbonización. Aunque pueda parecer que ya no está tan de moda en el discurso público, lo cierto es que muchas compañías y muchos países siguen manteniendo sus objetivos. Y eso implica seguir desarrollando energías renovables.
Ahora bien, instalar energías renovables no es suficiente: después hay que conectarlas a la red. Y eso exige enormes inversiones en redes eléctricas. Ahí hay una necesidad estructural de capital muy importante.
Y el otro gran factor es la lucha contra el cambio climático. Hay que hacer que esas redes eléctricas sean mucho más resilientes frente a desastres naturales como inundaciones, huracanes o incendios. Por eso se habla tanto de redes eléctricas inteligentes. Todo eso requiere inversiones muy significativas dentro del sector de infraestructuras.
En Franklin Templeton creemos que este es un viento de cola de primer nivel. Por ejemplo, si miramos a las compañías eléctricas americanas, lo que estamos viendo es un ciclo de inversión ligado a los centros de datos verdaderamente brutal. En un primer momento, el mercado interpretó positivamente este fenómeno para las tecnológicas, pero poco a poco los inversores se han ido dando cuenta de lo que también supone para toda la infraestructura eléctrica.
Nosotros estimamos que el crecimiento compuesto de la demanda de electricidad derivada de los centros de datos de aquí a 2030 va a representar aproximadamente la mitad de la demanda adicional, con cifras cercanas al 22% de crecimiento compuesto. Son inversiones enormes. Por eso hemos aumentado el peso en utilities eléctricas estadounidenses, que venían creciendo en beneficios a ritmos del 4,5% y que creemos que podrían pasar a crecer entre el 7% y el 7,5%. Es decir, casi duplicando ese crecimiento.
Gonzalo Ortiz de Vigón: Por nuestra parte, unido a la descarbonización y a la digitalización, yo añadiría un factor que quizá no es tan obvio a primera vista: la desglobalización.
El auge y el crecimiento de las clases medias en economías en vías de desarrollo, como India, Brasil o México, hace que la infraestructura existente en esos países se quede pequeña. Empieza a haber mucha más población preocupada por cuestiones básicas y esenciales: qué come, cómo se transporta, qué carreteras utiliza, qué servicios públicos necesita. Y los gobiernos de esos países están muy alineados con la necesidad de mejorar e implementar precisamente esas infraestructuras que las nuevas clases medias demandan.
Por tanto, ese fenómeno también es, desde nuestro punto de vista, un factor de inversión muy importante dentro del sector.
¿Siguen siendo las infraestructuras un sector defensivo en la era de la IA? Porque otra cosa que se me ocurría es precisamente esa. Estamos hablando de un sector defensivo, ¿no? Y mucha gente puede pensar: sí, es defensivo por sus ingresos predecibles, pero con todo lo que está aportando la inteligencia artificial y con este nuevo ciclo de crecimiento, ¿sigue siendo realmente tan defensivo?
Gonzalo Ortiz de Vigón: Conceptualmente, en teoría debería seguir siéndolo. Y la realidad es que, de facto, lo es. Si pensamos en la estrategia de KBI, por ejemplo, la beta es inferior a uno, lo que significa que tienes menos sensibilidad a la evolución general del mercado y una descorrelación interesante en el comportamiento del fondo.
Quizá, al no estar directamente relacionado con los vientos más volátiles del día a día, lo que tienes son vientos de cola más permanentes. Ahí podríamos mencionar, por ejemplo, programas como el Next Generation EU en Europa o el Inflation Reduction Act en Estados Unidos. Son fuerzas estructurales que, incluso en un contexto de turbulencias o de inflación, aportan una cierta cordura dentro de un mercado que a veces se mueve con mucha volatilidad por todo lo relacionado con la inteligencia artificial.
Y, de hecho, estoy convencido de que la IA va a ser una pieza clave para mejorar la eficiencia de las nuevas infraestructuras.
Teresa Molins: Yo añadiría un par de cuestiones de forma rápida. La primera es el papel de la inflación, que probablemente siga alta durante más tiempo con conflictos como el de Irán. En nuestro caso, alrededor del 95% de los ingresos que tenemos estimados para los próximos años en el fondo están protegidos frente a la inflación, y eso es una característica muy valiosa.
Y, en segundo lugar, en cuanto al componente defensivo, nuestro fondo tiene una correlación de tan solo 0,5 frente al sector tecnológico. Eso hace que pueda actuar como un contrapeso muy interesante para carteras que ya estén muy expuestas al S&P 500 o a tecnología.
Y además, como comentaba antes, cuando los mercados caen, este tipo de estrategias tienden a proteger mejor, lo que refuerza su papel defensivo dentro de una cartera diversificada.
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