Las decisiones de los gobernadores que componen el cónclave de la Reserva Federal son determinantes para la marcha de los mercados financieros. El pasado año, la Fed inició la rebaja de tipos en septiembre hasta el 4%, con el precedente del recorte de diciembre de 2024 que lo situaba en el 4,50%. A la bajada de septiembre de 0,25 puntos se sumó la de octubre por otros 0,25 puntos y una más en diciembre de otro cuarto de punto que sitúa el precio del dinero en el 3,50%.

La próxima semana, el 18 de marzo se volverán a encontrar los gobernadores de los distintos estados para tomar una decisión, aunque los mercados no esperan cambios, de momento. Cuando se conozca el impacto de la inflación provocada por el ascenso de la energía y los aranceles en la economía decidirán y, muy probablemente, pondrán fin a la tendencia de recortes. Algo parecido podría ocurrir con el Banco Central Europeo (BCE) que celebra reunión un día después, el 19 de marzo, en medio de las mismas incertidumbres con un petróleo que supera los 100 dólares el barril y un gas natural disparado.

Aunque el efecto de los bancos centrales con los movimientos de tipos se recoge sobre todo en los plazos más cortos, toda la curva de tipos se ve afectada. Así, antes del primer recorte de la Fed en septiembre de 2025, los bonos estadounidenses a 10 años cotizaban con una rentabilidad del 4,28% y tras los tres recortes del último cuatrimestre terminaron en el 4,17%, llegado a picos bajistas del 3,997%. Pero ahora los tipos de los bonos más líquidos vuelven a situarse en niveles de agosto de 2025, por lo que la incertidumbre actual ha amortizados los descensos vividos.

Trump y Powell

Las previsiones de los analistas han cambiado. En principio fueron los aranceles el argumento inflacionista que llevaría a frenar las esperables bajadas de tipos de interés de los bancos centrales e, incluso, dar un giro a las subidas. Y tras esta previsión, el conflicto bélico en Oriente Próximo ha acrecentado estos temores ante la previsión de subidas de inflación de productos y servicios como consecuencia de los incrementos de la energía. Ahora, parece aún más claro que los tipos puedan decidirse al alza para frenar las tensiones en los precios.

Además, en el caso de Estados Unidos subyace la incógnita de las relaciones entre Donald Trump y el presidente de la Fed, Jerôme Powell. Trump ya ha comunicado el reemplazo de la máxima autoridad monetaria que será Kevin Warsh y siempre ha mostrado una clara predisposición a bajar el precio del dinero para reactivar la economía, saltándose la ortodoxia por la que la Fed debe vigilar la inflación y la marcha del mercado laboral.

Xavier Chapard, estratega de LBP AM, compañía accionista mayoritaria de LFDE, sobre la actuación de los bancos centrales frente a la crisis en Irándice  que “pensamos que los bancos centrales van a mantener una actitud de espera, dejando claro que están listos para actuar en caso necesario”. Apunta además que “los discursos de los miembros del BCE desde el comienzo de la guerra han expresado unánimemente la necesidad de mantener la calma a corto plazo” y que “la Fed debería verse reforzada en su voluntad de mantener estables los tipos durante los próximos meses y dejar la puerta abierta tanto a subidas como a recortes a partir del verano”.Otra consecuencia de la elevación de los tipos es la fortaleza del dólar: el euro cotiza a 1,145 dólares.