Después del movimiento del BCE en junio, con una subida de 25 puntos básicos y la facilidad de depósito ya en el 2,25%, muchos inversores vuelven a preguntarse si merece la pena alargar duración en renta fija o seguir en liquidez. ¿Cómo debería posicionarse hoy un inversor conservador entre fondos monetarios, deuda a corto plazo, bonos de mayor duración y depósitos?

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Lo que ha demostrado esta subida del Banco Central Europeo (BCE) es que la inflación sigue preocupando a los bancos centrales. Por lo tanto, el objetivo de cualquier inversor conservador es superar la inflación. Partiendo de esto, estar posicionado únicamente en activos monetarios o depósitos no permite conseguir una rentabilidad positiva en términos reales. Esta inversión solo se justifica si nuestro horizonte temporal es inferior a un año.

Si queremos obtener rentabilidades positivas reales, tenemos que acudir a otros segmentos de la renta fija que actualmente sí nos parecen interesantes. Por ejemplo, respecto a la deuda, los tramos medios de la curva de gobiernos como Estados Unidos, Reino Unido o algún país del Pacífico ofrecen una rentabilidad superior en términos reales a la zona euro.

En cuanto al crédito corporativo, el investment grade a corto plazo nos gusta. Además, el spread que hay actualmente entre el investment grade y el high yield está en mínimos históricos, por lo que es interesante estar posicionado en el investment grade a corto plazo sin asumir un excesivo riesgo de crédito. 

La clave es diversificar y optar por diferentes tipos de renta fija que ayuden a este cliente conservador a obtener rentabilidad positiva sin asumir excesivos riesgos de duración o de crédito.

La evolución de la inflación y de los tipos de interés sigue siendo uno de los principales factores que condicionan las decisiones de inversión. ¿Qué impacto puede tener este escenario sobre las distintas clases de activos y dónde ves actualmente una mejor relación entre riesgo y rentabilidad?

La inflación, aunque ha bajado desde máximos, todavía sigue elevada durante más tiempo de lo que anticipaba previamente el mercado. Esto implica que tengamos que ser muy exigentes y disciplinados con las valoraciones de los diferentes tipos de activos.

A nosotros, en particular, nos gusta el factor calidad, que actualmente está en valoraciones razonables y se encuentra relativamente atrás respecto al mercado, cuando históricamente se ha comportado mejor. En el caso de que los tipos de interés se vayan moderando en los próximos meses o periodos, activos como el inmobiliario cotizado europeo, que actualmente cotiza con descuentos relevantes, se pueden ver beneficiados en un entorno menos restrictivo a nivel de financiación. Combinar este tipo de activos, siempre con una disciplina en las valoraciones, es lo idóneo para construir una cartera que nos ofrezca rentabilidades futuras.

En los últimos años ha aumentado de forma notable el peso de las estrategias indexadas en las carteras de los inversores. ¿Qué implicaciones puede tener esta creciente concentración en productos pasivos para el funcionamiento de los mercados, la formación de precios y la gestión activa?

La estrategia indexada sigue siendo indexada, pero ya no es diversificada. Esto es importante porque en los grandes índices globales, como puede ser el índice mundial, muy pocas compañías están concentradas en el índice. Es decir, estás invirtiendo en muy pocas empresas en vez de estar diversificado en un mercado más amplio. En el índice mundial está concentrado en unas pocas compañías estadounidenses, y el índice emergente está concentrado en unas pocas compañías de Taiwán y de Corea del Sur. Por lo tanto, la diversificación no es ni eficiente ni real.

La gestión activa en este tipo de mercados, sobre todo el europeo, el emergente y en pequeñas y medianas compañías, ha demostrado que puede comportarse de manera superior. Un buen gestor en este tipo de mercados va a superar, y ha superado, a los índices debido a esa concentración.

Además, es importante destacar que muchos inversores creen que por tener una estrategia indexada su perfil es conservador, y nada más lejos de la realidad. Si al fin y al cabo el índice está concentrado, el riesgo también lo está. La clave es combinar la gestión indexada junto con la gestión activa para poder optar a una diversificación real, siempre con cuidado en las valoraciones y en los tipos de activos en los que invertimos.

La inteligencia artificial sigue siendo uno de los grandes motores de la bolsa, pero también ha aumentado la concentración de los índices en unas pocas compañías. ¿Cómo puede un inversor participar en esa tendencia sin asumir un riesgo excesivo de concentración o de pagar valoraciones demasiado exigentes?

La inteligencia artificial es una tendencia estructural que está cambiando y va a seguir cambiando el mercado, pero eso no significa que haya que invertir en cualquier empresa y a cualquier precio. Las principales empresas de inteligencia artificial están cotizando actualmente en valoraciones muy elevadas.

Nosotros vemos que hay otro tipo de activos que se pueden ver beneficiados por la inteligencia artificial, como la infraestructura tecnológica, la salud y la energía, los cuales van a mejorar sus márgenes y productividad gracias a esta temática. Ahí también podemos obtener rentabilidades y beneficiarnos. Un ejemplo es el software, que se ha visto bastante perjudicado estos últimos meses por una posibilidad de que la inteligencia artificial sustituya a este tipo de empresas. Sin embargo, puede pasar que en cualquier momento estas compañías incorporen la inteligencia artificial en su modelo de negocio para aumentar sus márgenes y beneficios.

Muchos ahorradores han estado cómodos estos últimos años con productos de liquidez o muy bajo riesgo. Pero si miramos a tres o cinco años, ¿cuál es el mayor error que puede cometer ahora el inversor: asumir demasiado riesgo, quedarse demasiado líquido o no tener una estrategia clara de entrada progresiva en los mercados?

El mayor error que puede cometer el inversor es no tener una estrategia clara. Hemos estado muy cómodos porque por fin la liquidez ha empezado a dar rentabilidades, después de unos cuantos años con rentabilidades negativas o nulas. Pero eso no significa que haya que tener toda la cartera concentrada en productos monetarios o de depósitos. Al fin y al cabo, estos no superan la inflación y solo tienen sentido para horizontes temporales inferiores al año. Si un inversor tiene un horizonte temporal de 3 a 5 años, hay que tener inversiones en otro tipo de activos.

Lo importante es que el inversor tenga una estrategia clara de cuál es su horizonte temporal, la rentabilidad que espera obtener, cuál es el riesgo o la volatilidad que está dispuesto a asumir, y ser coherente con su perfil. Nos encontramos con inversores que, como últimamente la renta variable ha ido bien, se han incorporado de manera masiva a una estrategia de renta variable siendo conservadores. Cuando ha habido momentos de volatilidad, como los aranceles de Trump o la guerra de Irán, se han asustado y rápidamente han vuelto a pasar a activos monetarios o de liquidez. Eso no tiene sentido. Tú tienes que tener una estrategia clara, saber qué vamos a invertir a corto plazo y qué vamos a invertir a medio o largo plazo, y en función de eso, tener una cartera diversificada y coherente.