Con las valoraciones actuales y la incertidumbre geopolítica en máximos, ¿es momento de reducir exposición neta a bolsa o de rotar agresivamente de EEUU hacia Europa y Emergentes? ¿Dónde está hoy el valor real y dónde la burbuja?

Nuestra visión en este entorno de incertidumbre, donde las partes en conflicto entre EEUU, Israel e Irán parecen dispuestas a negociar, es que se abre la posibilidad de empezar a construir cartera. No es momento de reducir bolsa; aunque veamos oscilaciones, pensamos que serán menos severas que las de marzo. Si un inversor está fuera de renta variable, consideramos que es el momento de empezar a incorporarla.

Estamos en un punto similar al inicio de 2026, donde la recomendación es mantener una buena diversificación: Estados Unidos, por supuesto, pero sin olvidar Europa y, en carteras de perfil de riesgo medio-alto, incorporar mercados emergentes, donde vemos mucho potencial.

En cuanto a temáticas, entraríamos con más cautela en lo cíclico hasta tener datos claros sobre el efecto de la guerra en la inflación, pero sin dejar de lado sectores como la banca o el consumo discrecional, que han sufrido mucho. Mantendríamos posiciones en tecnología e IA; aunque las valoraciones son altas, tras las correcciones vemos un mejor punto de entrada, aunque no con la exposición máxima de años anteriores. Finalmente, el segmento de infraestructuras nos sigue pareciendo muy atractivo.

Muchos inversores se han quemado esperando la gran recuperación de los bonos. En la configuración actual de vuestras carteras, ¿estáis alargando duraciones por encima de los 5-7 años o preferís quedaros en el tramo corto para capturar rentabilidad sin asumir riesgo de tipos?

Seguimos prefiriendo los tramos cortos: de uno a tres años, cuatro como máximo. Estos plazos son los que más han sufrido este último mes tras un buen inicio de año.

Mientras que en la Reserva Federal esperábamos bajadas, en el caso del Banco Central Europeo la expectativa era de mantenimiento con posibles subidas a final de ejercicio. El conflicto bélico ha trastocado el panorama inflacionario y, si el BCE decide subir tipos, como ya descuentan algunos analistas con hasta dos o tres subidas en la zona euro, los plazos largos serían los más perjudicados. Por ello, los fondos de renta fija a corto plazo nos parecen la alternativa más atractiva y defensiva hoy.

Tras el rally de los últimos años impulsado por la IA, la concentración en pocos nombres es extrema. ¿Qué porcentaje máximo de tecnología consideras hoy 'saludable' en una cartera equilibrada sin incurrir en un riesgo de concentración peligroso?

Es complicado, porque hoy en día el peso de estas compañías es significativo tanto en fondos de renta variable americana como en globales o temáticos. Consideramos que sigue habiendo atractivo, pero limitaríamos la exposición a tecnología a un 10-15% máximo. Intentaríamos controlar el riesgo de concentración para no superar ese 15%, incluso a través de estrategias globales.

En un mercado tan fragmentado como el de 2026, ¿en qué categorías específicas crees que la gestión pasiva es una trampa de valor y dónde es absolutamente imprescindible pagar la comisión de un gestor de autor?

En general, preferimos la gestión activa: apostar por productos donde el gestor analice las compañías y determine sus pesos. Especialmente en los fondos temáticos, donde ha entrado mucho dinero recientemente, es donde vemos más valor en la gestión activa. Para mercados globales o el S&P 500, los indexados pueden funcionar bien, pero para la bolsa europea es más difícil que acierten. Aun así, para determinados mercados, tener algo de gestión pasiva no nos parece una mala idea.

El oro ha roto techos históricos recientemente. ¿Lo recomiendas como una posición estructural de protección o como una apuesta especulativa ante la debilidad de las divisas fiduciarias? ¿Qué peso debería tener en un perfil moderado?

Consideramos que sí debe estar presente. De manera estructural, las carteras deberían tener en torno a un 5% invertido en oro. A veces aportará rentabilidad y otras restará, como este último mes, donde no ha actuado puramente como valor refugio, pero es un elemento descorrelacionador fundamental. A pesar de los niveles alcanzados y del componente especulativo reciente, el oro aporta valor y rentabilidad a la cartera en el largo plazo.