En un mundo tan cambiante como la tecnología, mantener compromisos con inversores a larguísimos plazos resulta algo paradójico. Pero los gigantes de Wall Street están teniendo mucho éxito a la hora de colocar estos bonos que los inversores adquieren con unos tipos de interés atractivos. Lógicamente, si todo marcha bien estas emisiones se amortizarían antes de tiempo, pero si las cosas se tuercen o no son como en el momento actual, el inversor está asumiendo un riesgo que antes solo permitía a los bonos soberanos.
Las estimaciones apuntan a que las emisiones de estos gigantes se muevan este año entre los 300.000 y 360.000 millones de dólares ese año. "El volumen, por sí solo, ya es significativo. Refleja la magnitud de las necesidades de financiación asociadas al nuevo ciclo inversor en infraestructuras digitales, inteligencia artificial y desarrollo tecnológico”, explica Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad. Y añade: “Esto introduce una reflexión evidente: compañías que operan en sectores sujetos a disrupción constante están financiándose a horizontes temporales donde la visibilidad empresarial es, siendo prudentes, limitada”, explica.
El experto de Mutualidad hace hincapié en que el inversor en renta fija no puede limitar su análisis al prestigio corporativo. Así, cuando los vencimientos se extienden a medio siglo o más, el ejercicio exige incorporar escenarios menos complacientes. “Damos por supuesto que los Estados seguirán existiendo dentro de cien años; no es tan evidente que cualquier empresa concreta, por dominante que hoy parezca, conserve su liderazgo en ese horizonte”, concluye.
Otro aspecto que pesa sobre estas emisiones es la de unas menores garantías debido a la elevada liquidez en el mercado y a la gran demanda de estos títulos. El equilibrio entre emisor e inversor se desplaza en favor del primero. Por ejemplo, Alphabet (Google) emitió recientemente sin incluir salvaguardas habituales como la cláusula de cambio de control.
El experto en renta fija indica que no estamos ante una señal de alarma, pero sí ante un cambio de régimen en el crédito corporativo de máxima calidad: más volumen, más duración y, en algunos casos, menos protección contractual.
Emisiones centenarias
Hay ejemplos recientes de estas emisiones donde destaca la de Google (Alphabet) que salió el 10 de febrero a 100 años, en libras, con una rentabilidad del 6,125%. La emisión fue un éxito de colocación con un total 1.400 millones de libras.
El ejemplo de Alphabet a 100 años es extremo, pero hay más emisiones de lo que en el mercado de renta fija se define como ultralargo. Por ejemplo, la misma Google emitió el año pasado un bono a 50 años (2075) al 5,7% de rentabilidad, por importe de 2.750 millones en dólares. Otras compañías como Oracle, Amazon y Meta han emitido en 2025 y 2026 a 40 años. En el caso de Oracle a 6,85% de interés hasta 2066. En el de Amazon, emitido el año pasado (vencimiento 2065), a 5,55% de interés. Meta, sacó un programa de emisiones enorme de hasta 4.500 millones de dólares, al 5.75% de rentabilidad. El bono público estadounidense a plazo de 30 años se mueve en el mercado secundario con una rentabilidad del 4,96%. Las referencias a plazos más largos de vida del bono no existen, aunque en los años 2017 y 2019 se barajó la posibilidad de emitir a plazos de 50 o 100 años pero finalmente se desestimó.
“Muy pocas compañías privadas emiten en estos plazos…son casos rarísimos. Incluso para emisiones de deuda pública, mucho más asumible en términos de riesgo/solvencia para un emisor (por ejemplo, para una aseguradora), estamos hablando de plazos en absoluto corrientes”, concluye Pedro del Pozo.