De cara al verano y pensando ya en la vuelta de septiembre, ¿cómo debería posicionarse un inversor en fondos ante un mercado que ha subido bastante pero sigue expuesto a riesgos de tipos, geopolítica y concentración en grandes valores? ¿Es momento de proteger cartera o de aprovechar correcciones?
De cara al verano, primero debemos evaluar cuál es nuestra situación actual antes de adoptar un posicionamiento estratégico. Es fundamental analizar cómo hemos llegado hasta aquí, especialmente en un entorno que ha vuelto a repetirse pero con matices distintos. Si el año pasado hablábamos de concentración en el mercado debido al comportamiento de los sectores dominantes o de los denominados "Siete Magníficos", los cuales lideraban índices como el S&P 500 o el Nasdaq, actualmente observamos un fenómeno similar en el ámbito de los semiconductores.
Este segmento ha acaparado gran parte de la atención. Mientras que los "Siete Magníficos" no han mostrado un comportamiento tan destacado, el sector de semiconductores ha registrado un desempeño extraordinariamente sólido, alcanzando rentabilidades muy elevadas e incrementando su ponderación en las carteras.
Ante este panorama, nos surge una reflexión importante: en estos momentos, invertir en el S&P 500, en el Nikkei o incluso en ciertos índices de mercados emergentes representa prácticamente el mismo nivel de riesgo, dado que una parte sustancial de ese peso está concentrada en el sector tecnológico. Por lo tanto, no es válido argumentar que se busca diversificación mediante la exposición a mercados emergentes, ya que el riesgo sectorial subyacente es idéntico.
¿Cómo debemos posicionarnos entonces? Si bien la gestión pasiva funcionó de manera óptima en el pasado, consideramos que en la coyuntura actual es imperativo implementar una gestión activa. Esto es fundamental para mitigar los riesgos derivados de la concentración, no solo en un índice específico, sino en múltiples índices de diversas geografías, exceptuando quizás a Europa, donde la presencia del sector tecnológico es más limitada.
El posicionamiento estratégico que defendemos de cara a los próximos meses consiste en evaluar con precisión el nivel de concentración y actuar mediante la máxima diversificación posible. Es necesario analizar los activos en cartera y estructurarlos con una visión de futuro para estos meses, e incluso para el otoño y el invierno.
Desde Acacia habláis mucho de construir carteras resilientes o incluso “antifrágiles”. Para un inversor particular, ¿qué significa eso en la práctica? ¿Qué activos, estrategias o tipos de fondos pueden ayudar a que una cartera no dependa solo de que la bolsa siga subiendo?
En este sentido, el concepto de "antifragilidad", acuñado por Nassim Taleb, resulta de gran utilidad. Consiste en construir carteras eficientes que no solo resistan diferentes entornos macroeconómicos, sino que sean capaces de salir fortalecidas y beneficiadas de situaciones de incertidumbre. En un lenguaje más coloquial, se trata de diseñar carteras resilientes, capaces de soportar cualquier escenario.
Esto no significa que las carteras nunca vayan a registrar caídas, ya que evitar las pérdidas por completo es un objetivo imposible en los mercados financieros; siempre existirá algún factor de riesgo. Sin embargo, para lograr esta robustez, debemos diseñar carteras diversificadas teniendo muy claro el objetivo de inversión.
Bajo el enfoque de la antifragilidad, se deben incorporar activos que se desmarquen de los dos componentes tradicionales de los que siempre se habla: la renta variable y la renta fija. Al incluir tipologías de activos alternativas, estas pueden comportarse de manera diferente o reaccionar de forma distinta ante los mismos estímulos del mercado.
Como parte de esta estrategia de diversificación, se suele incluir el oro, así como otras materias primas y metales preciosos. Asimismo, es aconsejable incorporar fondos alternativos, tales como fondos de futuros, fondos CTA o fondos long/short. Estos vehículos presentan la ventaja de no depender del entorno macroeconómico general ni de la aparición de un "cisne negro", otro concepto del mismo autor que hace referencia a eventos de cola; es decir, sucesos altamente improbables pero de gran impacto que, paradójicamente, ocurren con mayor frecuencia en la actualidad. Ejemplos de esto han sido las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico o el “Liberation Day".
Adicionalmente, se pueden integrar en la estrategia activos vinculados a la inflación o bonos de países periféricos, buscando opciones fuera de los mercados tradicionales de Europa y Estados Unidos. Esto incluye divisas como el dólar australiano o inversiones en mercados como Japón o China. Se trata de buscar activos o economías que habitualmente presentan una baja correlación con los mercados centrales.
En una fase más avanzada, y si el perfil de la cartera lo permite, se podría considerar la inclusión de activos no cotizados, tales como deuda privada o private equity, cuyos ciclos de valoración y comportamiento difieren notablemente de los activos tradicionales.
En un año en el que la inteligencia artificial sigue concentrando gran parte del interés del mercado, ¿veis más riesgo de burbuja, de dispersión entre ganadores y perdedores o todavía recorrido estructural? ¿Cómo se puede participar en esa tendencia sin comprar simplemente lo más caro del mercado?
Respecto a la inteligencia artificial (IA), considero que debemos estructurar el análisis en dos puntos fundamentales:
En primer lugar, es innegable que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse y que transformará el mundo, alterando la forma en que actuamos, trabajamos y nos movemos. Estamos ante una revolución tecnológica equiparable a la que vivieron generaciones anteriores con la irrupción de Internet, el cual pasó de no existir a abarcarlo absolutamente todo, o en su momento, la electrificación y el desarrollo del ferrocarril.
En segundo lugar, el foco debe centrarse en determinar qué expectativas está descontando actualmente el mercado y hasta qué punto es razonable invertir en esta tecnología en relación con sus beneficios futuros. En ciertos casos, las valoraciones actuales parecen asumir un escenario de perfección absoluta donde no hay margen de error. Sin embargo, la experiencia histórica, como la burbuja de las empresas puntocom, nos demuestra que no todos los participantes del sector logran sobrevivir. Algunas compañías desaparecerán, otras serán adquiridas y solo unas pocas subsistirán o surgirán como los verdaderos líderes del mercado. La clave radica en identificar cuánto se está pagando por ese crecimiento futuro.
Hasta ahora, hemos pasado por diferentes etapas en este mercado. Inicialmente, el capital se concentró en las empresas que poseían el motor de desarrollo, tales como OpenAI con ChatGPT. Posteriormente, la corriente de inversión se desplazó hacia el sector de semiconductores. En la actualidad, estimamos que muchas de estas compañías cotizan a múltiplos que asumen un escenario perfecto.
No obstante, la revolución de la IA generará un impacto transversal que requerirá el desarrollo de otros sectores. Será necesaria una mayor capacidad de electrificación, almacenamiento de datos, infraestructuras y energía para abastecer la alta demanda de los centros de datos y de cálculo. De hecho, ya se observan cuellos de botella significativos para llevar a cabo el desarrollo de estas infraestructuras.
Por lo tanto, al invertir en este ámbito, debemos analizar rigurosamente los precios de entrada y la visibilidad de los beneficios. Si se paga por un escenario de perfección, cualquier desviación defraudará las expectativas del mercado y provocará correcciones en los precios. Por este motivo, consideramos más atractivo posicionarse en aquellos sectores adyacentes que se beneficiarán indirectamente de esta tecnología, como el sector salud, donde la IA ya se está implementando con un impacto muy significativo, transformando por completo el perfil que este sector tenía hace quince años.
La renta fija ha vuelto a tener protagonismo tras años complicados. Para un perfil conservador o moderado, ¿dónde veis ahora más valor: deuda pública, crédito corporativo, duraciones cortas, fondos monetarios o estrategias flexibles de renta fija?
En el segmento de la renta fija, la coyuntura actual ofrece oportunidades atractivas para un inversor de perfil conservador, principalmente porque el activo vuelve a ofrecer rendimientos. Tras varios años en los que los tipos de interés a corto plazo se mantuvieron en niveles cercanos a cero, hoy en día la renta fija aporta valor e incluso, ante una inflación más moderada, permite obtener rentabilidades reales positivas.
En cuanto a nuestro posicionamiento en este mercado, analizamos la conveniencia de asumir riesgo de duración. Actualmente, un bono a diez años no ofrece una prima de rentabilidad significativamente superior a la de un título a corto plazo. Si evaluamos, por ejemplo, el bono a diez años de España, este ofrece una tasa interna de rendimiento (TIR) cercana al 3.5%, mientras que el bono alemán de referencia (Bund) se sitúa en torno al 3%. Aunque representa una alternativa válida para asegurar un rendimiento a largo plazo, dudamos que la relación riesgo-rentabilidad compense frente al corto plazo.
Consideramos más atractivo el tramo corto de la curva de tipos. A pesar de que la TIR nominal pueda ser ligeramente inferior, estos activos presentan una volatilidad mucho menor en el mercado. De hecho, a lo largo del año hemos observado que la deuda a diez años se ha mantenido en rangos muy definidos, entre el 2.7% y el 3% en el caso de Alemania, y entre el 3.2% y el 3.5% en el de España, lo que limita las ganancias por precio. Preferimos, por tanto, una postura más conservadora y estable en el corto plazo, manteniendo al mismo tiempo nuestra convicción de que la deuda de mercados emergentes aporta un valor extra por el diferencial de rendimiento que ofrece, asumiendo, lógicamente, un ligero incremento en el perfil de riesgo.
Acacia ha defendido la idea de buscar oportunidades fuera del consenso. En el momento actual, ¿dónde cree que el mercado puede estar mirando demasiado poco: Europa, Japón, emergentes, bancos, salud, compañías pequeñas o estrategias alternativas? ¿Qué debe mirar un inversor antes de entrar en esas ideas menos populares?
Para la construcción de carteras eficientes en el entorno actual, debemos evitar sesgos comunes, como basar las decisiones únicamente en los activos que han mostrado el mejor comportamiento reciente o invertir con "el espejo retrovisor", asumiendo de manera simplista que un sector rezagado está barato tomando como referencia métricas del pasado.
Las condiciones macroeconómicas han cambiado radicalmente. El paradigma anterior, caracterizado por tipos de interés negativos o extremadamente bajos y políticas monetarias ultraexpansivas, ha dado paso a un nuevo régimen donde la inflación es una variable crítica que puede registrar repuntes a lo largo del año, en contra del consenso actual del mercado y de los bancos centrales, que prevén una relajación de las presiones inflacionarias.
Ante este cambio de régimen, la estrategia debe centrarse en definir con claridad el escenario principal de inversión y construir alternativas diversificadas para evitar que la cartera se vea afectada por un entorno cambiante. Es fundamental mantener una cartera central (core) robusta y ser sumamente selectivos con los múltiplos de valoración que se pagan.
Dentro de este enfoque de selección sectorial, identificamos oportunidades en segmentos que han permanecido deprimidos o infravalorados, como el sector salud, que ha comenzado a mostrar signos de reactivación, o el segmento de las compañías de pequeña capitalización, que continúan cotizando con descuento a pesar de su buen desempeño relativo en el último año.
En conclusión, insistimos en la importancia de diseñar un escenario base sólido, incorporar alternativas que permitan diversificar eficazmente los riesgos y evaluar con rigor el precio pagado por los activos para asegurar la resiliencia de la inversión a largo plazo.