Habéis señalado recientemente que, en un entorno de crecimiento moderado e inflación persistente, hay que priorizar la calidad "más que nunca". ¿Por qué este tipo de compañías son el mejor refugio para las carteras en este momento?
(Marta Lantero) Diría que hay un argumento estructural y otro más coyuntural. Desde un punto de vista estructural, hay que tener en cuenta que existen varios estudios que muestran que, al menos desde 1989, las compañías de calidad han obtenido una rentabilidad superior al resto, con un diferencial de más del 5% anualizado. Y esto no es algo circunstancial, sino que responde a una serie de características intrínsecas de este tipo de empresas, como un elevado retorno sobre el capital invertido, ingresos recurrentes y, sobre todo —algo especialmente importante en un entorno de inflación más persistente como el actual—, su poder de fijación de precios. Al final, las compañías de calidad son grandes empresas con importantes ventajas competitivas y esa capacidad para fijar precios les permite trasladar el incremento de los costes al cliente final sin perder volumen de negocio.
Desde un punto de vista coyuntural, también vemos varios factores. En un entorno de crecimiento más moderado es habitual que los analistas cometan mayores errores en sus estimaciones de beneficios. Sin embargo, esas revisiones afectan mucho menos a las compañías de calidad, porque cuentan con una gran visibilidad sobre sus flujos de caja. Por último, creemos que además este es un buen punto de entrada, ya que el segmento de calidad cotiza con un descuento del 15% en términos de PER relativo frente al S&P 500.
Swisscanto cuenta con una filosofía de análisis fundamental bottom-up muy rigurosa. Más allá de los criterios evidentes, ¿cuál es el indicador financiero innegociable que determina que una compañía global entre en vuestro universo de inversión?
(Antonio Feito) Efectivamente, Swisscanto creó su franquicia de renta variable hace 29 años y, desde 1998, desarrolla una filosofía propia, el SPQ (Sustainable Purpose Quality), cuyo objetivo es identificar las mejores compañías a partir de métricas de calidad, crecimiento rentable y un crecimiento sostenible en el tiempo. La clave está en definir qué entendemos por calidad y qué características buscamos en las empresas. En Swisscanto consideramos que una compañía de calidad es aquella que genera un retorno sobre el capital invertido (ROIC) superior a su coste de capital, es decir, al WACC, y cuya ventaja competitiva es capaz de perdurar en el tiempo. Cuando analizamos compañías de calidad buscamos empresas que generen valor —enterprise value added—, pero no solo nos fijamos en la magnitud de esa ventaja competitiva, sino también en su duración. No se trata únicamente de analizar esa dimensión vertical, sino también la horizontal: cómo esa ventaja competitiva se mantiene y se expande con el paso del tiempo. A ello añadimos otros criterios, como buscar compañías con un bajo nivel de apalancamiento y equipos directivos con un sólido track record en la asignación de capital. Aplicar este enfoque de forma sistemática durante casi tres décadas nos ha permitido identificar las mejores oportunidades a precios razonables, evitando concentrarnos en las temáticas más de moda y con valoraciones excesivas.
Además, en Swisscanto incorporamos otro elemento diferencial: un marco de gestión activa del riesgo que llevamos aplicando de forma consistente durante los últimos diez años en nuestras estrategias de renta variable global, tanto en mercados desarrollados como emergentes. Este enfoque busca limitar los sesgos de las carteras y mantener el tracking error bajo control. No pretendemos replicar un índice, pero sí mantener un tracking error históricamente contenido, en el entorno del 3,5%-4%. Para ello, limitamos los pesos activos tanto a nivel de compañía —con una desviación máxima de +1,5% respecto a su peso en el índice de referencia— como a nivel sectorial y geográfico, donde la desviación máxima es del 5%. Todo ello nos permite construir carteras bien diversificadas, compuestas por compañías de calidad definidas por un ROIC superior al coste de capital y con un crecimiento estructural y sostenible en el tiempo.
Desde la perspectiva de la gestión de patrimonios, ¿cómo recomendáis estructurar el peso de la Renta Variable Global de Calidad dentro de una cartera diversificada?
(Marta Lantero) Para nosotros, la renta variable de calidad no es una estrategia satélite, sino una pieza estructural de la cartera. Es un tipo de exposición que, a nuestro juicio, debe estar presente siempre y con un peso relevante. En un perfil equilibrado, hablamos de una asignación aproximada de entre el 20% y el 35%, en función de la exposición total que se quiera mantener a la renta variable y de si se desea adoptar una posición neutral, overweight o underweight respecto al mercado. A partir de esa base, las estrategias de calidad, que constituyen el núcleo de la cartera, pueden complementarse con otras exposiciones, como pequeñas y medianas compañías o estrategias regionales. Además, observamos que este tipo de estrategias presenta una baja correlación con otros estilos de inversión, como el value puro. Eso permite combinarlas de forma eficiente con el resto de estrategias de la cartera, manteniendo siempre a la calidad como un componente estructural de la inversión.
El gran reto actual es encontrar compañías extraordinarias que no coticen a múltiplos desorbitados. En un mercado global con valoraciones muy exigentes en determinados sectores, como la tecnológica, ¿dónde está encontrando Swisscanto las mejores oportunidades de "calidad a precio razonable"?
(Antonio Feito) Es cierto que la tecnología está acaparando los titulares y el protagonismo en los mercados, pero las oportunidades de inversión van mucho más allá. Nosotros vemos potencial en áreas como la transición energética, la seguridad energética o toda la cadena de valor asociada a la electrificación de la economía. También encontramos oportunidades en la industria avanzada y en cómo la inteligencia artificial se está desarrollando e implementando en los procesos industriales. En cualquier caso, hay que ser muy selectivos. Lo importante es valorar cuánto se está pagando por una compañía y si esa prima de valoración está realmente justificada por el crecimiento esperado de sus beneficios.
Una de las grandes temáticas en las que estamos posicionados es la electrificación. Además, este año, con el conflicto surgido a finales de febrero y marzo, la seguridad y la independencia energética han cobrado todavía más importancia, especialmente en Europa, aunque también en Estados Unidos y en los mercados asiáticos. La electrificación de la economía desempeña un papel fundamental. El desarrollo de la inteligencia artificial y el crecimiento de los centros de datos están dando lugar a economías mucho más intensivas en el consumo de electricidad, cuando anteriormente la dependencia era mucho mayor del petróleo. Para responder a esa creciente demanda energética será necesario incrementar la oferta mediante fuentes alternativas, especialmente las energías renovables. Por ello, encontramos oportunidades a lo largo de toda la cadena de valor. Invertimos tanto en el upstream de la transición energética, es decir, en la generación de energía renovable —como paneles solares o aerogeneradores—, como en toda la infraestructura de distribución que permite conectar esa generación con las ciudades y con el consumidor final, así como en las soluciones relacionadas con la eficiencia energética y la gestión del suministro eléctrico. Sin duda, la electrificación de la economía constituye uno de nuestros principales ejes de inversión.
La segunda gran temática es la inteligencia artificial, pero desde una perspectiva de segunda derivada. Más que centrarnos únicamente en las grandes compañías tecnológicas, nos interesa cómo la inteligencia artificial se está incorporando a los procesos industriales y cómo esas mejoras de productividad se están trasladando a la economía real. Hace poco leía un informe trimestral de una de las grandes compañías tecnológicas que analizaba el impacto de la inteligencia artificial en distintos ámbitos, especialmente en el mercado laboral. Al final, los datos son los que validan cualquier narrativa, y ese informe mostraba que la adopción de la inteligencia artificial en el entorno laboral está creciendo a un ritmo del 9,8% trimestre sobre trimestre, todavía muy por debajo del umbral esperado, que hoy se situaría en torno al 20%. Además, solo entre 20 y 26 países superan una tasa de adopción del 30%. España se encuentra entre ellos y ocupa la sexta posición, con un nivel de adopción del 44% en el ámbito laboral. Aun así, queda mucho recorrido por delante y veremos que determinados segmentos del mercado serán los principales beneficiados. Uno de ellos será el de los desarrolladores de software especializados en inteligencia artificial. De hecho, eso ya se ha reflejado en los datos de empleo en Estados Unidos. En 2025 se alcanzó un máximo histórico de nuevas contrataciones de desarrolladores de software con capacidades en inteligencia artificial, con una tasa del 4,4%. Y en el primer trimestre de 2026 se volvió a marcar otro récord: se crearon 2,2 millones de nuevos empleos en Estados Unidos vinculados a este segmento, centrados en el desarrollo de software que incorpora capacidades de inteligencia artificial para las aplicaciones que utilizamos en nuestro día a día.
Al analizar e incorporar a la oferta de Creand fondos globales de calidad de terceros ¿qué métricas cualitativas y cuantitativas exige vuestro equipo de análisis para asegurarse de que un fondo es "Calidad pura" y no solo una estrategia arrastrada por el impulso de unos pocos gigantes tecnológicos?
(Marta Lantero) Nuestro proceso de análisis es muy similar al que aplicaríamos al evaluar compañías individuales. Desde un punto de vista cuantitativo, buscamos fondos cuyas carteras estén compuestas por empresas con elevados retornos sobre el capital invertido y que también tengan en cuenta el nivel de apalancamiento de las compañías. Asimismo, valoramos que inviertan en negocios con importantes barreras de entrada. Además, analizamos métricas propias del fondo, como la rotación de la cartera, el grado de concentración —evitando estrategias excesivamente concentradas en unas pocas compañías— y que mantengan un tracking error controlado. Esos serían, principalmente, los aspectos cuantitativos que evaluamos.
Desde el punto de vista cualitativo, buscamos gestores cuyo proceso de inversión esté verdaderamente centrado en compañías de calidad y que no caigan en la trampa de dejarse arrastrar por el momento que vive el sector tecnológico. ¿Y qué entendemos por calidad? Que el gestor analice en profundidad el equipo directivo, las barreras de entrada y las ventajas competitivas de cada una de las compañías. Por último, hay un aspecto que para nosotros también forma parte del concepto de calidad: la disciplina en valoración. Es fundamental que el gestor sea capaz de reducir posiciones cuando las valoraciones se alejan de los fundamentales y que incorpore nuevas compañías únicamente cuando exista un margen de seguridad suficiente para no sobrepagar por unas expectativas de crecimiento de beneficios.
En definitiva, para nosotros la calidad consiste en invertir en compañías excelentes, pero nunca a cualquier precio..
Estamos viendo en los mercados emergentes un patrón de concentración muy similar al que hemos observado en los desarrollados durante los últimos años. ¿Cómo afrontáis este escenario desde la gestión?
(Antonio Feito) Efectivamente, estamos viendo en los mercados emergentes un patrón muy similar al que hemos vivido en los mercados desarrollados durante la última década, con una elevada concentración en determinados sectores y compañías. Hace unas semanas analizaba el índice MSCI Emerging Markets y observábamos que lo que antes representaba un sector completo, como tecnología, con un peso cercano al 20%, ahora lo concentran apenas tres compañías.
Es cierto que existe una mayor concentración, pero eso no significa que hayan desaparecido las oportunidades. Seguimos encontrando compañías de calidad que cotizan a precios razonables y que cuentan con un crecimiento estructural respaldado por grandes megatendencias, como la electrificación. En mercados emergentes encontramos numerosas oportunidades a lo largo de toda la cadena de valor de esa transición energética. Hablamos tanto de compañías dedicadas a la generación de energías renovables (upstream), como de aquellas centradas en la transmisión de la energía (midstream) y su aplicación final (downstream). De esta forma, es posible diversificar la exposición más allá de los tres o cuatro grandes nombres tecnológicos que hoy dominan los índices emergentes.
Si analizamos los mercados emergentes desde una perspectiva top-down, creemos que podríamos estar ante el inicio de un nuevo ciclo relativo frente a los mercados desarrollados. En ese contexto, pensamos que tiene sentido que una cartera global incorpore un mayor peso en mercados emergentes, siempre a través de estilos de inversión como el de calidad con crecimiento rentable y estructural a largo plazo.
Hay cinco factores que respaldan esta visión. El primero es el crecimiento económico, que históricamente ha sido superior al de los mercados desarrollados. Otro son los tipos de interés reales positivos, consecuencia de que los bancos centrales emergentes han sido más proactivos y experimentados a la hora de combatir la inflación. Gracias a ello, la inflación en los mercados emergentes ha convergido con la de los desarrollados y, por primera vez en muchos años, se sitúa por debajo de la de estos últimos. Otro factor es el crecimiento de los beneficios empresariales, que será el verdadero soporte de los mercados. Venimos de un periodo en el que la inflación ha sido el principal motor de los movimientos bursátiles, pero creemos que ahora el protagonismo volverá a los fundamentales y al crecimiento de los beneficios. El quinto factor son las valoraciones. Buscamos compañías y gestores que mantengan una disciplina en precio y, en este sentido, los mercados emergentes ofrecen una oportunidad muy interesante, ya que cotizan con un descuento aproximado del 25%-30% frente a los mercados desarrollados. Un diferencial de esta magnitud no se veía desde hace prácticamente dos décadas.
Si nos remontamos a los años 2000 y 2001 encontramos un patrón muy similar. Entonces, ese descuento en valoración dio paso a un ciclo de entre diez y doce años en el que los mercados emergentes obtuvieron un mejor comportamiento que los desarrollados, hasta aproximadamente 2012. Hoy observamos varios factores que se repiten y otros nuevos, por lo que creemos que podríamos estar al comienzo de un nuevo ciclo en el que encontrar compañías de calidad y crecimiento en los mercados emergentes.
¿EEUU o Europa? ¿Preferís sobreponderar la calidad en mercados europeos o seguís viendo mayor resiliencia en el mercado estadounidense?
(Marta Lantero) No creemos que sea una cuestión de elegir entre uno u otro. Si es posible, preferimos estar en ambos mercados. Es innegable que en Estados Unidos se encuentran compañías con modelos de negocio muy escalables y con enormes ventajas competitivas. Esa es una realidad. Aunque el mercado estadounidense sigue presentando valoraciones elevadas, creemos que actualmente se ha abierto una ventana de oportunidad, ya que el segmento de calidad cotiza con un descuento interesante incluso dentro del propio mercado americano. En Europa, la situación es diferente. Encontramos compañías de altísima calidad que son excelentes negocios, pero que han sido penalizadas simplemente por su condición de empresas europeas. Sin embargo, muchas de ellas son compañías globales, por lo que vemos una oportunidad muy atractiva desde el punto de vista de la valoración.
Al final, la virtud está en el equilibrio. Lo importante es encontrar compañías de calidad a precios razonables. Por eso, lo que buscamos es un gestor de renta variable global que sea capaz de identificar oportunidades tanto en Europa, donde hoy encontramos un mayor atractivo en valoración, como en Estados Unidos, donde quizá el potencial venga más por la calidad de las compañías que por unas valoraciones tan exigentes. E, incluso, que tenga la capacidad de ampliar el universo de inversión hacia los mercados emergentes para encontrar compañías que realmente merezcan la pena.
El fondo Swisscanto Equity Sustainable acumula una larga trayectoria en el mercado. ¿Cómo ha evolucionado la estrategia y qué comportamiento histórico cabe esperar de ella si entramos en una fase de desaceleración económica global?
(Antonio Feito) Se trata de una estrategia con 29 años de historia y 25 años de trayectoria en Luxemburgo. Gestiona alrededor de 7.500 millones de euros en activos, de los que aproximadamente 3.100 millones corresponden al fondo domiciliado en Luxemburgo. El objetivo del fondo es ofrecer una exposición de beta 1 al mercado, es decir, una exposición plena al riesgo de renta variable, invirtiendo en compañías de calidad con crecimiento rentable, tal y como comentaba anteriormente. Al mismo tiempo, mantiene un estricto control de los riesgos activos de la cartera para lograr una adecuada diversificación. La cartera suele estar formada por entre 65 y 75 compañías, aunque el rango objetivo se sitúa entre 40 y 80 valores. La filosofía consiste en mantener la exposición al mercado limitando los pesos activos por compañía, sector y geografía, lo que permite construir una cartera ampliamente diversificada.
Desde un punto de vista estructural, creemos que tiene todo el sentido que este fondo ocupe una posición core dentro de una cartera. A partir de esa base, el inversor puede complementar la exposición con estrategias satélite, ya sean sectoriales, por capitalización o geográficas. Desde un punto de vista táctico, también vemos una oportunidad muy interesante en el entorno actual. Ante la elevada concentración que presentan los mercados, esta estrategia permite aprovechar una posible ampliación del liderazgo bursátil y una mayor dispersión de retornos. En lugar de concentrarse en un reducido grupo de compañías, el fondo diversifica la inversión a lo largo del resto del índice. Eso no significa renunciar a las grandes compañías que lideran el mercado. Podemos tener exposición a esos siete o diez grandes nombres, pero limitando el peso activo a un máximo de +1,5% respecto a su peso en el índice. Ese mismo margen permite, por ejemplo, sobreponderar compañías que apenas representan un 0,5% del índice, pero que presentan las mismas características que buscamos: un retorno sobre el capital invertido superior al coste de capital, bajo apalancamiento y una gestión sólida por parte del equipo directivo. Si una compañía pesa un 0,5% en el índice, podemos elevar su peso hasta el 2%, respetando siempre ese límite de +1,5%.
Ese enfoque es el que ha permitido al fondo ofrecer un comportamiento consistente a lo largo de ciclos completos de mercado. En los últimos diez años se ha situado de forma continuada en el primer cuartil de su categoría de Morningstar, la de Global Large-Cap Blend Equity, compitiendo además con fondos que no necesariamente siguen un enfoque sostenible. Nuestro objetivo no es ser el número uno un año concreto para luego quedarse atrás. Lo que buscamos es mantenernos de forma consistente en ese primer cuartil, evitando sobresaltos, acompañando las subidas del mercado y ofreciendo una mayor protección gracias al sesgo hacia compañías de calidad con crecimiento rentable. Especialmente en un entorno de desaceleración económica y de inflación más persistente, creemos que las empresas con mayor poder de fijación de precios y ventajas competitivas duraderas son las que mejor pueden preservar sus beneficios. Esa es la exposición que busca ofrecer el fondo, con el objetivo de generar un alfa de entre el 1% y el 3% anualizado de forma consistente, una filosofía que es la que nos ha permitido mantener esa posición de liderazgo dentro de nuestra categoría.