Vivimos un entorno marcado por la desaceleración económica, las tensiones geopolíticas y los cambios estructurales en los tipos de interés. ¿Cuál diría que es hoy el principal desafío para el inversor en renta variable global?
Existen muchos desafíos, pero si tuviera que elegir dos, diría que el primero es claramente la geopolítica. La geopolítica ha sido el factor dominante para la economía global en los últimos dos años, generando una elevada incertidumbre para los responsables de la toma de decisiones. Pero, sobre todo, está reconfigurando el reparto de beneficios de muchas compañías, en distintos sectores y regiones. Ese sería, sin duda, el principal desafío. El segundo es la concentración del mercado, y me refiero específicamente al mercado estadounidense, no solo en términos de capitalización bursátil, sino también en cuanto a la concentración de beneficios, de resultados y al relato en torno a la inteligencia artificial, que es el que está impulsando actualmente al mercado.
En el entorno actual, ¿qué características comparten las compañías que mejor están resistiendo y adaptándose, y que deberían estar en el radar del inversor a largo plazo?
Normalmente, este tipo de compañías suelen contar, en primer lugar, con un sólido pipeline de innovación, algo clave para construir una ventaja competitiva sostenible. Si una empresa es capaz de hacerlo, puede generar retornos sobre el capital de forma consistente a lo largo de varios años. Estas son las compañías que no solo tienden a sobrevivir, sino que además muestran resiliencia y continúan creciendo. Son también las que solemos identificar en nuestros procesos de análisis y, por supuesto, las que recomendaríamos incluir en una cartera de inversión.
Cuando habla de invertir en compañías de calidad, ¿qué significa exactamente calidad para usted en el contexto actual?
Para nosotros, la calidad se basa en cuatro pilares fundamentales. El primero —y el más importante— es el historial del equipo directivo, lo que denominamos calidad de la gestión. Esperamos que las compañías de calidad generen un retorno sobre el capital invertido superior a su coste de capital, es decir, un diferencial positivo, durante un periodo mínimo de entre tres y cinco años. Este es, por así decirlo, el principal pilar de la calidad.
El segundo pilar, también extremadamente relevante, es la calidad del balance. En este punto analizamos la capacidad de generación de caja, así como el nivel de apalancamiento operativo y financiero. La razón por la que la calidad del balance es tan importante es que un endeudamiento excesivo acaba, tarde o temprano, destruyendo valor y tiene consecuencias muy negativas para la rentabilidad de la acción.
El tercer elemento es la calidad del negocio. Aquí nos centramos en la rentabilidad del modelo de negocio y en la sostenibilidad de esa rentabilidad a lo largo del tiempo.
Por último, pero no menos importante, está el componente ESG. Recopilamos una gran cantidad de información no financiera y, a partir de ella, tratamos de identificar riesgos adicionales para el negocio.
En conjunto, la calidad se define por la combinación de la calidad del equipo gestor, la solidez del balance, el perfil riesgo-retorno desde la óptica ESG y la existencia de un modelo de negocio rentable y sostenible.
Durante mucho tiempo se ha percibido la sostenibilidad como un compromiso frente a la rentabilidad. Desde su experiencia, ¿por qué cree que esa visión está quedando obsoleta?
Coincido plenamente en que, en el pasado, la sostenibilidad era un ámbito muy de nicho dentro de la industria financiera, y así lo he vivido personalmente. Hoy, en cambio, se ha consolidado como un estándar. Esto se debe a que ya no es posible gestionar una cartera sin comprender adecuadamente los riesgos de la cadena de suministro o los riesgos climáticos, ya que hacerlo daría una visión distorsionada del perfil riesgo-retorno de la cartera. Además, la experiencia que hemos tenido hasta ahora demuestra que es posible combinar sostenibilidad y rentabilidad, por lo que no existe un verdadero sacrificio entre ambas. En este sentido, la idea de que la sostenibilidad implica renunciar a la rentabilidad es, efectivamente, una visión obsoleta.
Mirando a los próximos años, ¿en qué tendencias estructurales cree que se concentrarán las mejores oportunidades en renta variable global?
Existen varias tendencias estructurales que seguimos de cerca, pero en el entorno actual destacaría especialmente tres por su fortaleza. En primer lugar, todo lo relacionado con el clima y la electrificación, que constituye una tendencia muy sólida. En segundo lugar, la economía circular. Y, por último, la digitalización. Se trata de tendencias muy potentes, en las que no solo observamos un viento de cola estructural en términos de inversión, sino también una clara aceleración en el crecimiento del conjunto de beneficios. Por ello, son áreas en las que merece la pena profundizar y considerar la incorporación de compañías a las carteras de inversión.
Si tuviera que resumir su filosofía de inversión en una idea clave para el inversor a largo plazo, ¿cuál sería?
Es muy sencillo, porque es algo que llevamos haciendo desde hace muchos años. Se trata de identificar compañías sostenibles que crezcan a un ritmo superior al del mercado y que cuenten con características de calidad. En esencia, esta es nuestra filosofía y lo que consideramos la mejor manera de batir al mercado en el medio plazo.
En cuanto a estilos, la gestión de su cartera se sitúa más en el espacio blend. ¿Cómo se siente con esa amplitud?, ¿o el foco en crecimiento rentable que buscan introduce cierta flexibilidad en el enfoque?
Nuestra filosofía no es tratar de anticipar o rotar estilos; no forma parte de nuestro ADN. Apostamos por un enfoque blend, pero asegurándonos de seleccionar los equipos y las compañías adecuadas dentro de las áreas que consideramos más atractivas. Ahí es donde reside nuestra experiencia y, además, todo ello se lleva a cabo dentro de un marco de gestión del riesgo muy sólido.
Intentan limitar el riesgo activo de la cartera para mantener una exposición con una beta cercana a 1, con determinados pesos activos. ¿Han experimentado históricamente alguna desviación significativa respecto al control del tracking error que se han fijado en el rango del 2–6%?
La mejor manera de evitar desviaciones excesivas y reducir eventos inesperados es contar con una disciplina diaria de gestión del riesgo, y eso es precisamente lo que hacemos. Trabajamos con un rango objetivo de tracking error, algo especialmente importante porque proporciona un presupuesto de riesgo transparente. Esto permite al gestor de la cartera ajustar la exposición en función del entorno de mercado. Pero, sobre todo, es clave entender cuáles son los factores que están impulsando ese riesgo activo. Ese análisis lo realizamos también a diario, asegurándonos de que las fuentes de riesgo sean coherentes con la filosofía de inversión de la gestora y con las expectativas que tenemos sobre la cartera.