Para analizar esta cuestión, partimos de una clasificación de tareas por tipo de empleo que pueden automatizarse con IA, desarrollada por Edward Felten (académico y experto en tecnología) y su equipo , y agregada posteriormente a nivel sectorial para medir la exposición de cada sector. Con esta base, ordenamos los sectores según su grado de exposición y aplicamos el análisis a datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. y de empresas del S&P 500. Esto nos permite identificar algunas tendencias clave sobre cómo está evolucionando la parte de la economía más expuesta a la IA.

Como muestra nuestro gráfico de la semana, si nos centramos en el 30% de los sectores más expuestos, su peso en la economía estadounidense ha aumentado de forma constante en la última década. Las empresas de estos sectores representan ya cerca del 60% del total de centros de trabajo en EE. UU., con una aceleración especialmente visible desde la pandemia de la COVID.

Se trata, claramente, de un segmento muy activo de la economía que probablemente está atrayendo a nuevos participantes. Sin embargo, estos centros de trabajo suelen tener menos empleados que los del resto de sectores. Por ejemplo, desde el primer trimestre de 2022, de media el número de empleados en el 30% de los sectores más expuestos a la IA ha disminuido en más de un 8%, mientras que en el resto se ha mantenido prácticamente sin cambios.

Estas mismas áreas han liderado el crecimiento de la inversión. Ahora bien, si nos centramos en las compañías del S&P 500 y desglosamos ese 30% de sectores más expuestos, se observa una clara divergencia. El 10% con mayor exposición ha aumentado su peso en la inversión total (capex) en 1 punto porcentual desde el primer trimestre de 2022, mientras que el siguiente 20% (también expuesto, pero en menor medida) lo ha reducido en 4 puntos en ese mismo periodo.

Todo esto sugiere que no hay una relación simple y directa entre el nivel de exposición a la IA y la forma en que operan las empresas. Además, al cruzar estos datos con los salarios medios (que muestran una disparidad similar entre el 10% más expuesto y el siguiente 20%, especialmente más notable en los últimos dos años), da la sensación de que muchas compañías están asumiendo que los beneficios de la IA no se repartirán de forma homogénea y que tenderán a concentrarse en un número reducido de empresas.

Este comportamiento se aleja de lo habitual en la adopción de nuevas tecnologías, lo que sugiere que la IA podría seguir poniendo a prueba las expectativas a medida que su impacto se amplía.

Claves de la próxima semana

Los datos en EE. UU. estarán centrados en el informe del mercado laboral de mayo, donde se espera que el crecimiento del empleo se mantenga sólido. La debilidad en la creación de empleo se observa principalmente en los datos anteriores, pero se prevé que la tasa de paro aumente ligeramente, lo que sugiere que el proceso de estabilización sigue en marcha. Esto permitiría a la Reserva Federal seguir actuando con cautela a pesar de la elevada inflación. Los salarios serán clave para evaluar las presiones inflacionistas, aunque los datos recientes no parecen preocupantes. La encuesta de servicios del ISM suele tener menos impacto que la del sector manufacturero, pero, dado el contexto de conflicto en Oriente Próximo y las señales de desaceleración en los PMI, la cifra de este mes será relevante para comprobar si el crecimiento sigue resistiendo y si las presiones sobre los costes continúan aumentando.

En la zona euro, la atención se centrará en el dato adelantado de inflación de mayo (IPC), especialmente en la inflación subyacente. El mercado espera que la inflación general siga repuntando, mientras que la subyacente podría registrar un rebote tras varios meses de debilidad, pese al shock energético. Además, las revisiones del PIB del primer trimestre, el dato de desempleo de abril y la evolución del crédito (es decir, el ritmo de concesión de préstamos) según el BCE completarán la visión del ciclo económico.

En Reino Unido, es menos probable que los datos de esta semana tengan impacto en los mercados. El crecimiento del crédito, los precios de la vivienda y los agregados monetarios apuntan a confirmar la debilidad de la actividad económica.

Por último, en Japón, la agenda de publicación de datos es relativamente ligera. La inversión y el gasto de los hogares ofrecerán señales sobre el ciclo interno, mientras que los datos monetarios se seguirán de cerca en el contexto de la gradual normalización de la política económica.