¿Qué lectura hacéis en LFDE del actual momento de mercado, marcado por macroeconomía, geopolítica y bancos centrales?

Iván Díez. Macroeconomía, bancos centrales y geopolítica son tres factores estrechamente conectados en el entorno actual. Desde nuestro punto de vista, existe una divergencia entre Estados Unidos y Europa que consideramos más cíclica que estructural.

Estados Unidos mantiene un ritmo de crecimiento diferente, apoyado en la fortaleza del mercado laboral, el consumo y, especialmente, la inversión en inteligencia artificial. Europa, en cambio, está sufriendo con mayor intensidad el impacto del shock energético, lo que se traduce en un crecimiento más moderado y una inflación más elevada. Esta situación ha llevado a subidas de tipos de interés, en un contexto en el que la inflación se mantenía por encima del 3%.

No pensamos que Europa se encuentre en una recesión profunda, ni tampoco que los tipos de interés vayan a seguir subiendo de forma significativa, especialmente si se alcanza un acuerdo que ponga fin al conflicto entre Irán y Estados Unidos. Sin embargo, es evidente que la tensión geopolítica y sus efectos sobre la energía han afectado mucho más a Europa que a Estados Unidos.

Todo ello complica la lectura de los bancos centrales. Si finalmente se produce un acuerdo, podría haber un cambio de rumbo en sus decisiones. En cualquier caso, el principal riesgo sigue siendo el mismo: la geopolítica y el shock energético, especialmente por lo que está ocurriendo en el estrecho de Ormuz.

Desde el asesoramiento financiero, ¿cómo está reaccionando el inversor ante este entorno de incertidumbre?

José María Luna. El inversor está reaccionando mejor que en otras ocasiones. Ha aprendido de crisis anteriores, como la Covid-19, el conflicto en Ucrania o la guerra arancelaria, en las que muchos tomaron decisiones demasiado viscerales, saliendo del mercado y comprobando después que una cosa es el conflicto en sí y otra muy distinta el comportamiento de los mercados.

Estar más tiempo fuera del mercado que dentro ha provocado que muchos inversores se perdieran oportunidades importantes. En este último periodo, especialmente durante 2026, el inversor se ha mostrado más calmado. No ha realizado ventas precipitadas para intentar acertar después con el momento exacto de volver a entrar, ya fuera en renta fija o en renta variable.

Es cierto que todavía hay inversores que se dejan llevar por los titulares y por el ruido de mercado. Sin embargo, la gran diferencia respecto a otros episodios de tensión es que, en términos generales, el inversor ha permanecido mucho más quieto.

Cinco años después del lanzamiento de Echiquier Space, ¿en qué punto está la inversión en el ecosistema espacial?

Iván Díez. En La Financière de l’Echiquier tenemos claro que estamos viviendo una revolución tecnológica sin precedentes. Dos de sus grandes motores son, desde nuestro punto de vista, la inteligencia artificial y el ecosistema espacial. Ambas tendencias avanzan en la misma dirección y se refuerzan mutuamente.

El ecosistema espacial no se encuentra todavía en un punto de desarrollo comparable al de la inteligencia artificial, pero el espacio ya se ha convertido en una infraestructura estratégica para la economía mundial.

La economía espacial de los años sesenta ha experimentado una profunda transformación hasta convertirse en lo que hoy conocemos como Espacio 2.0 o New Space. Esto significa que el protagonismo ha pasado en gran medida del sector público al sector privado. Cada vez hay más actores, las perspectivas son más prometedoras y el acceso al espacio resulta más sencillo y menos costoso.

Este cambio está impulsando el desarrollo de compañías vinculadas al hardware espacial, los satélites, las telecomunicaciones, el geoposicionamiento, la observación terrestre y la defensa espacial.

¿Cómo encajan megatendencias como inteligencia artificial, defensa, energía o espacio en la construcción de carteras?

José María Luna: Son piezas fundamentales y pueden actuar como motores de crecimiento dentro de una cartera, especialmente en la parte de renta variable. No obstante, no son productos adecuados para todos los perfiles de inversor, al menos por el momento.

Algunas de estas ideas pueden formar parte del componente satélite de las carteras, quizá no todavía del núcleo principal. Sin embargo, poco a poco están dejando de ser apuestas tácticas para convertirse en tendencias con un carácter mucho más estratégico.

Hay que distinguir entre moda y estilo. En muchas ocasiones, el inversor se deja arrastrar por el miedo a quedarse fuera de determinadas ideas de inversión que no conoce en profundidad. Invierte en un fondo simplemente porque es el que mejor rentabilidad acumula en un periodo determinado, aunque quizá no sea el producto que mejor se ajusta a su perfil.

El reto está en entender cómo se van a monetizar estas tendencias, especialmente en el corto plazo. A medio y largo plazo, muchas de ellas —energía, espacio, defensa, automatización o robótica— van a ser cruciales.

¿Por qué la renta fija europea vuelve a resultar interesante y cómo encaja Echiquier Credit SRI Europe?

Iván Díez. La renta fija europea vuelve a ser interesante, especialmente el segmento de grado de inversión, o investment grade, que representa la parte más prudente dentro de esta clase de activo.

El punto de partida es importante: si la inflación se sitúa en torno al 3%, como ocurrió en mayo, cualquier inversión en renta fija debe aspirar a ofrecer una rentabilidad superior a ese nivel para generar una rentabilidad real positiva.

En el contexto actual, consideramos que no compensa asumir un riesgo excesivo yendo hacia high yield o mercados emergentes. Preferimos mantenernos en la parte de grado de inversión, siempre con flexibilidad.

Esa flexibilidad debe aplicarse tanto a la duración como al riesgo crediticio. Cuando los tipos de interés, por ejemplo el bono alemán a diez años, superan el 3%, consideramos que se trata de un nivel interesante para atraer flujos hacia este tipo de activos. Al mismo tiempo, es fundamental gestionar de forma activa la exposición al riesgo de crédito.

¿Qué papel está jugando hoy la renta fija en las carteras de los clientes tras el cambio de ciclo en los tipos?

José María Luna: La mayoría de inversores y ahorradores en España proceden de décadas marcadas por el ladrillo, la cuenta corriente y, posteriormente, una incorporación progresiva al mundo de la inversión a través de la deuda y los fondos de renta fija. Durante mucho tiempo, el universo de inversión estuvo muy limitado: bolsa española, fondos de pensiones y algo de bolsa europea.

La sofisticación no tiene por qué ser exótica. Debe venir de la mano de un buen equilibrio entre rentabilidad y riesgo. En ese sentido, la renta fija debe cumplir tres funciones esenciales: estabilidad, rentabilidad y liquidez.

En el actual contexto de tipos de interés, una renta fija bien seleccionada puede aportar estabilidad, una volatilidad controlada en determinados segmentos, rentabilidad atractiva y, sobre todo, liquidez.

Productos como el que comenta Iván, así como estrategias híbridas o fondos de deuda de corto plazo, no solo ofrecen estabilidad, sino también una rentabilidad superior a la letra del Tesoro española. En muchos casos, la rentabilidad es también superior a la media de los depósitos bancarios e incluso a la de ciertos activos no líquidos, como private debt o private equity, con la ventaja añadida de contar con liquidez diaria.

¿Qué oportunidades veis ahora en las medianas compañías europeas a través de Echiquier Agenor Mid Cap Europe?

Iván Díez.  La inversión en pequeñas y medianas compañías europeas ha estado muy abandonada desde 2022. Ese año comenzaron las subidas de tipos de interés, lo que tuvo un impacto negativo en las compañías de pequeña y mediana capitalización.

Hoy, sin embargo, la situación es muy distinta. La diferencia de rentabilidad entre las grandes compañías y las pequeñas se encuentra en uno de los niveles más elevados de la historia. Si analizamos periodos largos, de 20 o 25 años, las pequeñas capitalizaciones han ofrecido históricamente una rentabilidad superior a la de las grandes compañías.

En algún momento, ese diferencial debería reducirse. Además, desde el punto de vista de las valoraciones, las pequeñas y medianas compañías suelen cotizar con una prima de entre el 20% y el 30% frente a las grandes capitalizaciones. Actualmente, esa prima es negativa.

A ello se suma que los beneficios por acción están evolucionando de forma positiva, las compañías son cada vez menos sensibles a los movimientos de tipos de interés y todavía no se han producido flujos significativos de entrada hacia este segmento. Cuando esos flujos vuelvan, creemos que puede abrirse una oportunidad muy interesante.

José María Luna: Como responsable de asesoramiento en una firma como Luna Sevilla Asesores Patrimoniales, recomendaría a los inversores y ahorradores mirar más allá de las grandes gestoras que todo el mundo conoce y comercializa. Creo que existe verdadero talento en las gestoras boutique, donde suele haber una alineación muy clara entre los intereses de los gestores y las necesidades de los inversores.