Los fondos CTA (Commodity Trading Advisors) son vehículos de inversión alternativa que gestionan futuros financieros con el objetivo de buscar ganancias mediante modelos cuantitativos y de seguimiento de tendencias. Y, además, operan en diferentes mercados líquidos globales como divisas, bonos, índices y materias primas.
Normalmente suelen integrarse en los denominados fondos de futuros, que normalmente funcionan como departamentos especializados dentro de los hedge funds. Sus decisiones se basan principalmente en el análisis técnico y en estrategias de seguimiento de tendencias, lo que pone de manifiesto la relevancia que tienen los gráficos y la evolución del precio en la inversión institucional.
Es importante saber que los mercados de futuros surgieron en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, especialmente vinculados al comercio agrícola del Medio Oeste y a la creación de la Chicago Board of Trade en 1848. Y que los CTA aparecieron más tarde, tras la creación de la CFTC (Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de EEUU) en 1974, y sus estrategias comenzaron a conocerse como futuros gestionados. Aunque al principio operaban principalmente con materias primas agrícolas, con el tiempo incorporaron otros activos, como divisas y bonos.
El sector creció con fuerza durante la década de 1980 y, en 2022, alcanzó un valor aproximado de 400.000 millones de dólares.
¿Cómo funcionan?
Los CTA son una inversión alternativa basada en algoritmos que analizan grandes cantidades de información, detectan tendencias y seleccionan automáticamente los activos en los que invertir, reduciendo la influencia de las emociones humanas.
En cuanto a cómo funcionan, sería así: se intenta abrir una posición cuando comienza una tendencia y cerrarla cuando aparecen señales de agotamiento o de cambio de dirección. Para identificar estos momentos, los gestores utilizan patrones y configuraciones previamente definidos a partir del comportamiento del precio; la mayoría de estas operaciones están automatizadas.
Fuente: TradingPro.es
Estas estrategias buscan una elevada diversificación y una baja correlación entre las inversiones, con el objetivo de reducir riesgos y obtener resultados positivos en distintas situaciones del mercado. La tecnología también permite mejorar continuamente los modelos y controlar la exposición al riesgo.
Al tratarse de una estrategia long gamma, estos operadores pueden conseguir beneficios elevados cuando una tendencia se prolonga durante varios días; en cambio, suelen verse perjudicados en mercados con mucha volatilidad, pero sin una dirección clara. Por lo que siempre y cuando exista una tendencia clara que puedan seguir, podrán ganar dinero incluso cuando los mercados caen. Debido a esto se hicieron tan populares en 2022, ya que cuando sufrieron caídas los mercados de renta fija y variable, estos actuaron de forma diferente, tal cual el papel que se les había asignado, ofreciendo alternativas a las carteras tradicionales 60/40.
Por todo esto, aunque los CTA pueden ser inversiones arriesgadas y no garantizan beneficios, resultan atractivos para inversores con una visión a largo plazo que buscan diversificar su cartera.
Papel en una cartera, ventajas y riesgos
Los CTA aportan diversificación a una cartera porque sus resultados suelen tener poca relación con los de activos tradicionales, como las acciones, los bonos, las materias primas o el dólar. Además, las estrategias de seguimiento de tendencias pueden obtener buenos resultados tanto en periodos de fuertes subidas como durante caídas bursátiles, ya que aprovechan los movimientos prolongados que se producen cuando los mercados reaccionan gradualmente a cambios económicos.
También pueden adaptarse a diferentes etapas de la inflación sin necesidad de predecir cuándo alcanzará su máximo. Estas estrategias ajustan sus posiciones según la dirección del mercado, pudiendo beneficiarse tanto de la subida como de la bajada de distintos activos. Por ello, los CTA pueden ayudar a proteger y diversificar una cartera en diferentes contextos económicos.
Así que podríamos resumir sus ventajas en: diversificación real, alta liquidez y seguimiento de tendencias.
Mientras que, obviamente, también hay riesgos. En primer lugar, sus estrategias suelen funcionar peor cuando los mercados no muestran una tendencia clara y cambian de dirección con frecuencia. En estos periodos de movimientos erráticos, conocidos como whipsaw, pueden acumular pequeñas pérdidas sucesivas o registrar rendimientos planos.
Además, al operar habitualmente con futuros, derivados y posiciones apalancadas, las variaciones del mercado pueden amplificar tanto las ganancias como las pérdidas. Un movimiento brusco en sentido contrario al previsto puede generar pérdidas importantes en poco tiempo.
Por último, los CTA suelen tener costes superiores a los de los fondos tradicionales o indexados, ya que pueden aplicar comisiones de gestión y de éxito. Estas comisiones reducen la rentabilidad final obtenida por el inversor, especialmente en periodos de resultados moderados.
En conclusión, los CTA son fondos diversificados que aplican estrategias de seguimiento de tendencias en acciones, bonos, divisas y materias primas, y que pueden actuar como cobertura durante periodos de crisis o fuertes caídas del mercado. Su rendimiento puede mejorar adoptando posiciones largas y cortas en bonos, divisas y materias primas, pero manteniendo únicamente posiciones largas en acciones. Una combinación que permite alcanzar una mejor relación entre rentabilidad y riesgo, aunque la utilización de apalancamiento exige una gestión prudente.
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