¿Qué atributos por los que una empresa se considera de calidad han demostrado ser más determinantes para resistir shocks recientes?
Las compañías de calidad son aquellas que cuentan con balances muy sólidos y capacidad de fijación de precios. Además, disponen de una estructura robusta y productos consistentes. Nosotros buscamos empresas con un balance riguroso y con una previsión realista y predecible de ingresos. Valoramos que tengan capacidad para ajustar precios a lo largo del tiempo y que, al analizar los últimos tres o cinco ejercicios, muestren estabilidad en sus márgenes. Puede haber crecimiento, pero lo más importante es esa estabilidad y, sobre todo, la previsibilidad de sus ingresos.
¿Ha cambiado vuestra definición de calidad tras los últimos ciclos de volatilidad?
El concepto de calidad se mantiene, pero los cambios en el entorno nos llevan a poner un mayor énfasis en determinados aspectos. Para marcar todavía más ese rasgo de calidad en las empresas, no solo valoramos la generación de caja previsible y la fortaleza en esa generación, sino también la certeza de que el suministro de los productos está garantizado. Es fundamental que no haya interrupciones en todo el proceso, desde que el producto se genera hasta que llega al consumidor final. En este sentido, buscamos cadenas de suministro sólidas, robustas y sin amenazas geopolíticas que puedan comprometer su continuidad.
¿Dónde veis oportunidades dentro del universo de empresas de calidad?
En el equipo de inversión de ANTA conocemos en profundidad un universo de aproximadamente 400 compañías. De ellas, invertimos en torno a 80, que son las que utilizamos para nuestro fondo. Dentro de ese grupo seleccionamos en cada momento aquellas que consideramos mejores y más atractivas en términos de valoración, basándonos en el flujo de caja esperado para los próximos años, que es lo que nos indica el potencial retorno y si la compañía está cara o barata. Todas ellas cumplen previamente con nuestros criterios de calidad, fortaleza financiera y previsibilidad de ingresos. A partir de ahí, estructuramos la cartera de 80 compañías en cuatro bloques de 20 nombres cada uno: 20 con un peso del 2% (las de mayor convicción), 20 con un 1,5%, 20 con un 1% y 20 con un 0,5%.
No seguimos un enfoque temático. Ninguna compañía supera el 2% de peso y no concentramos más del 20% en un mismo sector. Además, dentro de cada sector mantenemos una diversificación amplia. Actualmente seguimos viendo valor, por ejemplo, en sectores como consumo y salud. En estos casos, los flujos de caja estimados ofrecen una rentabilidad superior a la que estamos observando en el mercado.
¿Sigue teniendo sentido pagar una prima por calidad en los niveles actuales de valoración?
Para determinar si merece la pena pagar una prima, es fundamental analizar el retorno sobre el capital que ofrece la inversión. Si ese retorno supera el coste de capital, tiene sentido asumir esa prima y tener posición en la compañía. Sin embargo, pagar un múltiplo elevado simplemente por tratarse de una empresa de calidad no tiene sentido. Estas compañías se caracterizan por su elevada previsibilidad, fortaleza y solidez. La calidad debe formar parte de la columna vertebral de una inversión, ya que respalda y justifica el retorno en relación con el riesgo asumido al invertir en este tipo de empresas.
¿Estamos ante una rotación estructural o táctica fuera de las compañías de mayor calidad?¿Qué señales observáis para anticipar estas rotaciones antes de que se reflejen plenamente en precios?
El comportamiento de estas compañías depende en gran medida del entorno macroeconómico, especialmente de los tipos de interés. La forma de la curva de los bonos soberanos en los mercados donde operan es un factor relevante: cuando la curva se empina y se vuelve más positiva, el contexto suele ser menos favorable para las compañías de calidad. En este sentido, el periodo 2023-2025 ha sido más complejo para este tipo de empresas, en parte por esas dinámicas de curvas de tipos más positivas. Además, el mercado también se mueve por tendencias y modas; en determinados momentos, sectores como la inteligencia artificial o el software generan reacciones eufóricas, mientras que en otros se produce un menor interés.
No creemos que se trate de una cuestión táctica. Desde un punto de vista estructural, las compañías de calidad deben estar siempre presentes en las carteras. Son empresas que resisten mejor los distintos entornos de mercado, protegen el retorno de los fondos en el medio y largo plazo y aportan mayor solidez y consistencia al conjunto del portafolio.
¿Es la calidad una protección defensiva o también una fuente de crecimiento a largo plazo?
Sin duda, las compañías de calidad tienden a ser menos volátiles, precisamente porque son más predecibles. Aunque pueden verse afectadas por shocks o factores exógenos —como tensiones políticas o cambios en tasas—, se caracterizan por una baja volatilidad y una mayor consistencia en el tiempo. En cualquier entorno, suelen defender una tesis de máximo rendimiento o, al menos, de mejor retorno frente a un riesgo moderado. No presentan movimientos bruscos ni revalorizaciones muy elevadas en momentos puntuales, como puede ocurrir con sectores que están en plena tendencia o atraviesan fases de euforia. Sin embargo, su comportamiento constante en el tiempo suele generar, de media, un diferencial positivo del 3%-4% frente al resto de compañías. A largo plazo, tienden a situarse por encima de la evolución normal del mercado, manteniendo una trayectoria más estable y sostenida.