El índice Bloomberg Commodity Agriculture ha registrado una rentabilidad del 13,4 % en lo que va de año, impulsado por una confluencia de alteraciones en el lado de la oferta: una probabilidad cada vez mayor de que un fenómeno El Niño afecte a las condiciones de cultivo en tres continentes y las perturbaciones que la guerra de Irán está causando en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Estas fuerzas no son independientes; interactúan y se refuerzan mutuamente, y juntas están redefiniendo las perspectivas de oferta a corto plazo en todo el conjunto de materias primas agrícolas.  

Las materias primas agrícolas pueden ser muy volátiles y verse afectadas por fenómenos meteorológicos, acontecimientos geopolíticos, movimientos de divisas, cambios normativos y fluctuaciones en la demanda global. Los ETCs de materias primas pueden experimentar importantes oscilaciones de precios y los inversores pueden perder parte o la totalidad de su inversión.

El estrecho de Ormuz: un punto estratégico clave para el comercio de fertilizantes

Cuando se habla del estrecho de Ormuz, la atención suele centrarse en el petróleo. Sin embargo, no se conoce tan bien el papel paralelo que desempeña en el suministro mundial de fertilizantes. Los países del Golfo Pérsico —Irán, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos— representan en conjunto uno de los mayores exportadores regionales de fertilizantes nitrogenados a nivel mundial, una posición que se ha visto reforzada tras la salida parcial de Rusia de los canales comerciales habituales desde 2022. El estrecho es la única salida marítima para todos ellos. La magnitud del tráfico de fertilizantes a través del estrecho es considerable:

  • Urea (nitrógeno): aproximadamente el 30 % de la urea transportada por mar que se comercializa a nivel global transita normalmente por Ormuz. Los precios mundiales de la urea subieron alrededor de un 26 % en las semanas posteriores al conflicto. 
  • Azufre: se estima que el 44% del azufre (la materia prima principal de los fertilizantes fosfatados) transportado por mar que se comercializa a nivel mundial pasa por Ormuz. Las interrupciones en este punto afectan a toda la cadena de suministro de fosfatos, desde la India hasta el África subsahariana.
  • Amoníaco: más del 25 % del amoníaco comercializado en todo el mundo transita por el estrecho. Los productores iraníes detuvieron la producción de urea y amoníaco al inicio del conflicto. El amoníaco es la materia prima de prácticamente todos los fertilizantes nitrogenados.
  • GNL como materia prima para fertilizantes: aproximadamente el 20 % del GNL mundial atraviesa Ormuz, y el 83 % se destina a los mercados asiáticos. El aumento de los precios del GNL eleva directamente el coste de la síntesis de amoníaco, creando un efecto de aumento de los costes que se extiende mucho más allá del Golfo.

Repercusiones en los mercados de materias primas agrícolas 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha confirmado que se está produciendo una escasez de fertilizantes en toda Asia y el Sur Global, siendo la India, Bangladés, Egipto, Sudán y algunas zonas del África subsahariana las regiones más afectadas. El punto clave del análisis es el desfase entre la interrupción del suministro y su impacto en las cosechas. Los retrasos en los envíos desde el Golfo hasta el subcontinente indio son de aproximadamente 30 días, lo que significa que la escasez de suministro en marzo afectó a los periodos de siembra de abril y mayo, y no se espera que las consecuencias completas para la cosecha se reflejen en los datos de producción hasta el tercer o cuarto trimestre de 2026. 

  • Reasignación de tierras en EE. UU.: El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) ha declarado que se prevé que la producción de cereales en EE. UU. disminuya a medida que la superficie cultivable se destine a la soja (conocida por requerir menos fertilizantes), “dada la mejora prevista en la rentabilidad y el aumento de los costes de los fertilizantes”. Esto es consecuencia directa del incremento de los costes de los insumos y tiene como efecto el endurecimiento del balance del maíz, al tiempo que aumenta la oferta de soja. Se prevé que la producción de maíz de EE. UU. disminuya en 26 millones de toneladas métricas (MMT) con respecto al récord del año anterior, lo que supone la mayor reducción de volumen de un solo país en las Estimaciones de la Oferta y la Demanda Agrícola Mundial (el denominado informe WASDE)6.
  • Trigo: el Gobierno de la India ha levantado la prohibición de exportar trigo gracias a las abundantes existencias, pero la disponibilidad de fertilizantes de cara a la temporada de siembra del monzón de junio se ve limitada por la escasez de suministro relacionada con el estrecho de Ormuz. Las perspectivas mundiales para el trigo apuntan a una disminución de la producción tras un 2025/26 récord. Se prevé una reducción de la producción, con descensos en la mayoría de los principales exportadores, pero aumentos en muchos importadores. Se espera que las existencias finales disminuyan, con reducciones en Estados Unidos, la Unión Europea, China y Australia, atenuadas por el aumento de las existencias en la India.  

  • Demanda de aceite de soja y biocombustibles: el aumento de los precios de la energía asociado a las interrupciones en el estrecho de Ormuz está reforzando la ventaja económica del aceite de soja como materia prima para biocombustibles. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) prevé un aumento del 32 % en el consumo industrial de aceite de soja y de colza en EE. UU. impulsado por la producción de biocombustibles en 2026/27, una tendencia que se viene observando desde 2023, pero que ha cobrado un mayor impulso debido a las condiciones de los precios de la energía.

  • Compresión de los rendimientos: los agricultores del África subsahariana, el sur de Asia y América Latina que apliquen dosis reducidas de fertilizantes en el ciclo de siembra de 2026 obtendrán rendimientos más bajos en la cosecha de 2026/27. A diferencia de una crisis de los precios al contado, la compresión del rendimiento tarda más de una temporada de cultivo en revertirse. En el caso de los cultivos en hileras que se plantan anualmente, como el trigo y el maíz, una aplicación de fertilizantes por debajo de lo óptimo en el ciclo de siembra de 2026 reducirá los rendimientos en la cosecha de 2026/27, un impacto de una sola temporada que puede recuperarse si se normaliza el suministro de insumos. En el caso de los cultivos perennes, como el café y el cacao, el daño es más persistente: el estrés nutricional y climático durante la floración y la cuajada (el proceso de formación de los frutos) reduce los rendimientos en múltiples cosechas sucesivas de las mismas plantas, y las nuevas plantaciones tardan entre tres y cinco años en alcanzar la madurez productiva. Por lo tanto, es en el sector de las materias primas blandas donde es más probable que el impacto de la actual alteración en el suministro se prolongue más allá de un solo año comercial.

Super El Niño: complicando el panorama del suministro de fertilizantes

Se prevé que a mediados de 2026 se produzca el fenómeno El Niño. Este fenómeno meteorológico se desencadena por el calentamiento de una región del océano Pacífico, lo que provoca un cambio en los patrones de los vientos alisios en todo el mundo. Algunas zonas se vuelven más cálidas de lo normal. Otras se vuelven más frías de lo habitual. Algunas zonas se vuelven más húmedas de lo normal, mientras que otras se vuelven más secas. La cuestión clave es que una desviación meteorológica respecto a lo normal puede afectar negativamente al rendimiento de los cultivos. La Actualización Climática Estacional Global de abril de 2026 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala un rápido aumento de las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial, y el Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) asigna una probabilidad del 82 % a la aparición de El Niño entre mayo y julio de 2026 (frente al 61 % de probabilidad de su informe de abril). Su importancia en el contexto actual radica en que podría reducir el rendimiento de los cultivos agrícolas en las mismas regiones productoras que, de otro modo, habrían ayudado a compensar las presiones sobre los costes de los insumos derivadas de la interrupción del paso por el estrecho de Ormuz. Ambas fuerzas están ejerciendo presión en la misma dirección al mismo tiempo.

Lo que más importa es el momento en que se produce y el punto de referencia a partir del cual se va a desarrollar este fenómeno. El año 2025 fue más frío que 2024 debido a una fase de La Niña, a pesar de ser, en general, uno de los años más cálidos de los que se tiene constancia. Ese enfriamiento provocado por La Niña siempre fue temporal. 2024 fue el año más cálido registrado, con temperaturas medias globales en la superficie que fueron 1,55 grados mayores que la media de 1850-1900, y caracterizado por temperaturas excepcionales en la superficie terrestre y marina y por el calor oceánico. Los sistemas agrícolas ya están operando bajo presión debido a ese elevado punto de referencia y el regreso de El Niño, que se suma a ello, agrava el riesgo de manera significativa. 

Es fundamental señalar que los efectos meteorológicos de El Niño suelen alcanzar su punto álgido en diciembre, pero el impacto suele tardar en extenderse por todo el mundo. Gran parte de los daños agrícolas derivados de un fenómeno que alcanza su punto álgido en el invierno del hemisferio norte se manifiesta en la siguiente temporada de cultivo, lo que significa que el estrés que ya está apareciendo en los sistemas agrícolas hoy en día probablemente se intensifique antes de remitir. Los datos históricos muestran que suele haber un desfase de entre 6 y 12 meses entre el pico de un episodio de El Niño y el pico del impacto en la producción. Históricamente, los mercados de materias primas agrícolas han reajustado a menudo sus precios antes de que se confirmen los impactos en la producción, ya que los mercados tienden a reaccionar anticipándose a un endurecimiento de las condiciones de la oferta.

Históricamente, las materias primas blandas han mostrado a menudo una mayor sensibilidad. Estas materias primas han sido sistemáticamente las que mejor rendimiento han tenido durante los episodios de El Niño; tres de las cinco materias primas blandas (algodón, café y azúcar) alcanzaron máximos de varios años en 2022-23, y a finales de 2024 el zumo de naranja y el cacao alcanzaron máximos históricos, mientras que el café alcanzó un máximo histórico en 2025. Cada episodio intenso de El Niño en los últimos 55 años ha reducido la producción global de cacao, siendo Ecuador e Indonesia los orígenes más expuestos y existiendo riesgos significativos en África Occidental (donde se concentra actualmente la mayor parte de la producción mundial).

Conclusión

El conjunto de materias primas agrícolas en 2026 está siendo moldeado por dos fuerzas del lado de la oferta que son inusuales tanto por su escala como por la forma en que interactúan. La interrupción del suministro de fertilizantes en Ormuz está afectando a los costes de los insumos y a las decisiones de siembra en tiempo real, con consecuencias que seguirán reflejándose en los datos de las cosechas a lo largo del tercer y cuarto trimestre de 2026 y hasta 2027. El fenómeno El Niño que se está desarrollando añade una capa climática a una base de referencia de las temperaturas que es estructuralmente más alta que en cualquier episodio anterior, y su impacto en la producción, cuando llegue, se producirá con un desfase de entre 6 y 12 meses respecto al pico.