Detrás de esta inquietud se esconden cuestiones más profundas relacionadas con la durabilidad de nuestros sistemas basados en normas y de las alianzas geopolíticas que han sustentado décadas de relativa estabilidad económica. A medida que la globalización sigue evolucionando, es posible que los mercados se vean obligados a hacer frente con mayor frecuencia a sobresaltos repentinos.
Tomemos como ejemplo la imposición de aranceles generalizados que el presidente Trump aplicó a casi todos los principales socios comerciales de EE. UU. en la primavera de 2025. El índice S&P 500 se desplomó hasta un 18,7% desde su pico en febrero, ya que los inversores temían que la economía mundial entrara en una profunda recesión. Esas preocupaciones se disiparon más tarde gracias a los acuerdos comerciales y a la continua resiliencia económica. A finales de año, el índice S&P 500 se recuperó y cerró con una subida del 17,9%.
¿Cuál es la lección? Las caídas del mercado pueden ser dolorosas, pero en lugar de intentar predecir el momento adecuado para entrar o salir del mercado, lo más sensato para los inversores es mantener el rumbo. Para capear la volatilidad del mercado, deben buscar la diversificación entre acciones y bonos, al tiempo que evalúan periódicamente su tolerancia al riesgo ante una volatilidad elevada. Aunque pueda parecer que esta vez es diferente, los mercados han demostrado su resistencia a lo largo de la historia cuando se han enfrentado a guerras, pandemias y otras crisis.