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Tras un verano de resiliencia en los mercados bursátiles, que ha vuelto a desafiar el viejo mito de que los meses estivales son sinónimo de pérdidas y ha dejado a muchos índices cotizando en niveles muy elevados, llega el momento de volver a la rutina y revisar las carteras. Con el inicio de un nuevo curso inversor y varios meses por delante cargados de incógnitas, toca preguntarse qué conviene mantener, qué ajustar y dónde pueden estar ahora las mejores oportunidades.
Además, si miramos el panorama que tenemos en la actualidad, tenemos la inflación de la eurozona que volvió al 2,9% en julio, con la energía subiendo un 10% interanual; el BCE manteniendo la facilidad de depósito en el 2,25%, pero el shock energético y Oriente Próximo reabriendo el debate sobre nuevas subidas. Por otro lado, en EEUU, la Fed mantuvo en julio los tipos en el 3,50%-3,75%, con tres miembros que preferían subirlos, mientras los rendimientos de la deuda a largo plazo han vuelto a niveles muy elevados. Y a la vez, el FMI habla de una economía mundial atrapada entre el shock energético/geopolítico y el boom de inversión en IA, con crecimiento mundial previsto del 3% en 2026 pero con la desinflación prácticamente estancada.
Todo ello forma un cóctel perfecto que hay que tener en cuenta para todo lo que se viene, sobre todo porque siempre hay cosas que el mercado descuenta y puede ser erróneo. Por ejemplo, desde Tressis argumentan que el mercado parece asumir que el próximo gran movimiento será una subida de tipos, pero ellos creen que “el verdadero riesgo está en la deuda soberana a largo plazo”. Ya que, apuntan, que aunque los bancos centrales bajen tipos, el deterioro fiscal puede mantener elevadas las rentabilidades largas y limitar su papel tradicional como refugio.

Mientras que en Welzia Management, por su parte, preocupa que el mercado parece estar descontando que el fuerte crecimiento de beneficios ligado a la inversión en IA puede mantenerse de forma casi indefinida. Algo que según Miguel Uceda, su director de inversiones, creen que “es arriesgado asumir que el ciclo ha desaparecido y extrapolar estos ritmos de crecimiento como estructurales”.
¿Qué hay que tener en cuenta ahora en las carteras?
La vuelta de las vacaciones se convierte, normalmente, en una buena ocasión para hacer balance y preparar la cartera para lo que queda de año y más en estos momentos de tanta incertidumbre constante.
Es cierto que para un inversor con horizonte de cinco, diez años o más, el mayor error sería reaccionar al ruido de corto plazo. Y más que hacer grandes cambios, los expertos reiteran que conviene revisar si la cartera está preparada para un entorno distinto al de la última década.

En este sentido, Jorge González, Director de Análisis de Tressis, confía en una menor dependencia de la deuda soberana de larga duración, una renta fija apoyada también en crédito de calidad y vencimientos más cortos, y una diversificación real en bolsa. “Seguimos siendo positivos en tecnología estadounidense, pero una buena inversión puede convertirse en un riesgo si concentra demasiado peso. También creemos que activos como el oro, las materias primas y otros activos reales pueden aportar diversificación ante una inflación más persistente y una mayor incertidumbre fiscal”.
Muchos inversores han apostado muy fuerte por la IA y no les ha faltado razón, pero quizá ahora es el momento de replantearse esos porcentajes, porque el principal riesgo no es estar invertido en inteligencia artificial, sino no ser consciente de hasta dónde llega realmente esa exposición.
Aquí, para Jorge González, el principal riesgo para un inversor de largo plazo “no es estar invertido en inteligencia artificial, sino estar excesivamente concentrado en ella”. El experto sigue viendo atractivo en la tecnología estadounidense por su crecimiento de beneficios y unas valoraciones más razonables que a finales de 2025, pero considera necesario equilibrar esa exposición con Europa y Asia, especialmente con compañías industriales, value y de mediana capitalización.
Y Miguel Uceda amplía el foco y advierte de que la concentración no es solo geográfica o sectorial, sino también temática. El ciclo de inversión en IA conecta hoy a compañías muy distintas, desde semiconductores asiáticos hasta industriales o eléctricas, que podrían verse afectadas al mismo tiempo si los grandes hiperescaladores frenan su inversión en centros de datos. Por eso, defiende buscar también oportunidades en empresas con buenas dinámicas de negocio, márgenes sólidos y valoraciones razonables que han quedado fuera de los sectores más calientes del mercado.
En renta fija, el conflicto con Irán ha cambiado las expectativas de política monetaria y ha presionado al alza las rentabilidades de los bonos, penalizando especialmente a la deuda pública de mayor duración. En este contexto, Miguel Uceda considera que “los vencimientos de dos a cinco años siguen siendo el “sweet spot” de la curva, al ofrecer más seguridad, menor volatilidad y rentabilidades más atractivas que hace unos meses”.
Cómo construir una cartera para los próximos diez años
Los próximos diez años pueden ser completamente diferentes. Quizá con déficits públicos elevados, mayor incertidumbre sobre la inflación y una transformación tecnológica de enorme magnitud, ya que a día de hoy no sabemos dónde está el verdadero techo. Por ello, la diversificación real debe primar en todas las carteras que, además, tendrán que ser menos dependientes de lo que haya repuntado o la “moda” de ese momento.
Desde Welzia Management, una cartera a diez años debe partir del perfil de riesgo y los objetivos vitales del inversor. A partir de ahí, y según Miguel Uceda, darían un mayor protagonismo a la renta variable por su mejor potencial de rentabilidad a largo plazo, con una diversificación amplia por geografías, sectores, divisas y factores. Y subraya un riesgo especialmente importante: “evitar las modas, los impulsos irracionales, las ganas de vender cuando todo cae y de doblar la apuesta cuando todo sube”.
Por su parte, Jorge González de Tressis, coincide en la importancia de diversificar, pero pone el foco en cómo hacerlo en el entorno actual. Para una cartera equilibrada plantea aproximadamente un 50%-60% en renta variable, un 30%-40% en renta fija y un 5%-10% en activos reales y estrategias diversificadoras. Mantendría exposición estructural a Estados Unidos y tecnología, pero sin concentrar en exceso la cartera, y evitaría depender únicamente de la deuda soberana como elemento defensivo. Su principal advertencia es “construir una cartera mirando únicamente los últimos diez años”.
Al final, en un mercado dominado por la IA, la incertidumbre fiscal y unos tipos aún exigentes, la clave de cara a septiembre no es volverse loco, sino crear carteras capaces de resistir distintos escenarios. A largo plazo, diversificar, controlar la concentración y mantener la disciplina siguen siendo las decisiones más difíciles y probablemente las más importantes.
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