¿Qué está impulsando los mercados?

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El conflicto con Irán vuelve a recrudecerse: El conflicto entre Irán y Estados Unidos volvió a intensificarse tras un breve periodo de distensión diplomática. Irán lanzó un ataque con misiles contra las fuerzas estadounidenses, que fue interceptado, mientras que Estados Unidos y Arabia Saudí respondieron atacando a milicias alineadas con Irán en Irak. El repunte de las tensiones pone de manifiesto la fragilidad de las negociaciones relacionadas con el estrecho de Ormuz y la posibilidad de que se produzcan interrupciones periódicas en los mercados energéticos globales. Los precios del petróleo subieron con fuerza después de los ataques, aunque continúan por debajo de sus máximos recientes. Al mismo tiempo, las expectativas de inflación a largo plazo siguen relativamente contenidas, como refleja la tasa de inflación implícita a diez años.

Europa gana terreno en inteligencia artificial: Los hiperescaladores siguen representando una parte relativamente pequeña del mercado europeo de crédito con grado de inversión: suponen el 1,2% del mercado denominado en euros y el 1,5% del denominado en libras, frente al 4,3% del mercado estadounidense. Esta diferencia refleja dónde se ha concentrado hasta ahora la financiación relacionada con la inteligencia artificial. Sin embargo, la situación está empezando a cambiar. Amazon captó 14.500 millones de euros en marzo de 2026, en la mayor operación registrada hasta la fecha en el mercado de bonos corporativos denominados en euros, mientras que Alphabet se ha convertido rápidamente en un importante emisor en los mercados denominados en euros, libras, francos suizos y yenes.

La magnitud de la financiación necesaria para sostener el ciclo de inversión en inteligencia artificial probablemente llevará a los hiperescaladores a recurrir cada vez más a mercados distintos del estadounidense. Los emisores tienen claros incentivos para diversificar su base de inversores, reducir su dependencia de un único mercado y aprovechar las diferencias en los costes de financiación y en la demanda entre las distintas divisas. El resultado concreto dependerá de las decisiones de financiación y de la duración del ciclo, pero la dirección parece clara: es probable que los inversores europeos terminen manteniendo mucha más deuda de hiperescaladores, ya sea porque busquen activamente esta exposición o simplemente porque esté incluida en sus índices de referencia.

Saturación en el mercado por las emisiones de bonos del sector tecnológico. Los bonos corporativos emitidos por empresas del sector tecnológico han comenzado a comportarse peor que el conjunto del mercado estadounidense de crédito corporativo con grado de inversión, mientras los inversores tratan de asimilar la magnitud del gasto de capital y de las necesidades de financiación relacionados con la inteligencia artificial. El ciclo inversor está extendiéndose mucho más allá de la tecnología y abarca ya sectores como la energía, las infraestructuras y el inmobiliario. Al mismo tiempo, las expectativas de un volumen considerable de nuevas emisiones han empezado a ejercer presión sobre las valoraciones. Las primeras operaciones despertaron una fuerte demanda, pero, más recientemente, los emisores se han visto obligados a ofrecer concesiones significativas, lo que indica que los inversores están siendo cada vez más selectivos. En última instancia, el mercado se está centrando cada vez más en determinar si los futuros flujos de caja y las mejoras de productividad justificarán las actuales promesas de gasto. Si las inversiones en inteligencia artificial no cumplen las expectativas, podrían provocar un aumento del apalancamiento y una nueva ampliación de los diferenciales.

Aunque los riesgos inflacionistas continúan relativamente equilibrados, cabe esperar que el regreso a los objetivos de inflación de los bancos centrales siga siendo desigual entre las distintas regiones.

Divergencias en la inflación: El IPC estadounidense de junio se situó por debajo de lo esperado. La inflación subyacente se mantuvo prácticamente estable durante el mes y la inflación general descendió, favorecida por la debilidad observada tanto en los bienes como en los servicios. Aunque parte de esta sorpresa a la baja podría responder a factores temporales, el dato se suma a las señales de que las fuerzas desinflacionistas están ganando terreno. Como aspecto positivo, los costes laborales unitarios se mantienen cerca de los mínimos del ciclo y, bajo las actuales previsiones sobre los precios de la energía, la inflación general parece haber alcanzado ya su máximo. En Reino Unido, la inflación también sorprendió a la baja, al pasar del 2,8% al 2,6%, gracias principalmente al descenso de la inflación de los carburantes y los alimentos. Sin embargo, la inflación de los servicios continúa mostrando persistencia y se mantiene en el 3,6%. En cambio, la inflación de la zona euro aumentó ligeramente, del 2,8% al 2,9%, impulsada por los precios de la energía y por la resistencia de la inflación de los servicios. Los inversores prestan cada vez más atención a las materias primas para anticipar la futura trayectoria del BCE. En Japón, la inflación general avanzó del 1,5% al 1,7%, aunque la medida menos volátil de la inflación subyacente, que excluye tanto los alimentos como la energía, descendió ligeramente hasta el 1,7%.

La reunión del FOMC y sus consecuencias. La Reserva Federal mantuvo sin cambios los tipos de interés en su reunión de julio, aunque la decisión puso de manifiesto una creciente división dentro del Comité, con tres miembros que votaron a favor de elevarlos. Los mercados esperaban un compromiso más contundente con la contención de la inflación. Sin embargo, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, centró buena parte de su rueda de prensa en señalar que las condiciones financieras se habían endurecido considerablemente desde la reunión anterior como consecuencia de los movimientos del mercado. También sugirió que los mercados deberían seguir desempeñando un papel fundamental a la hora de moderar la actividad, en lugar de que la política monetaria tuviera que cambiar de rumbo. Los inversores reaccionaron impulsando al alza los rendimientos de los bonos a más largo plazo, lo que pone de relieve la creciente incertidumbre en torno a las perspectivas de inflación y al nivel de tipos necesario para recuperar la estabilidad de precios. Aunque los rendimientos más elevados resultan cada vez más atractivos desde el punto de vista de las valoraciones, es posible que deban mantenerse en niveles altos durante el tiempo suficiente para seguir ralentizando la actividad económica antes de que los mercados de bonos puedan protagonizar una recuperación sostenida.

Tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra decidieron mantener sin cambios los tipos de interés en sus reuniones de julio. No obstante, la inflación continúa siendo una preocupación fundamental, especialmente por el riesgo de que se produzcan efectos de segunda ronda. El BCE dispone de un mayor margen para subir los tipos, mientras que el Banco de Inglaterra siguió señalando que su política monetaria ya se encuentra en un terreno suficientemente restrictivo. Las curvas de rendimientos se pronunciaron durante el mes siguiendo la estela de Estados Unidos, y las ventas fueron especialmente intensas en los bonos a 30 años.

El Banco de Japón mantuvo sin cambios su política monetaria en su reunión de julio, pero el mensaje que acompañó a la decisión reforzó la percepción de que las autoridades siguen avanzando gradualmente hacia una mayor normalización. El gobernador Ueda adoptó un tono relativamente restrictivo, al destacar los riesgos al alza para la inflación y mostrar su disposición a actuar si las presiones sobre los precios resultan más persistentes de lo previsto. En un contexto de crecimiento resistente, sólidos incrementos salariales e inflación por encima del objetivo, los mercados han seguido adelantando sus expectativas de nuevas subidas de tipos, por lo que las próximas reuniones se consideran cada vez más abiertas a posibles cambios.

Creemos que una mayor normalización debería respaldar al yen con el paso del tiempo al reducir los diferenciales de tipos de interés, especialmente si los datos de inflación y actividad económica continúan sorprendiendo al alza. A finales de mes, el Ministerio de Finanzas japonés habría intervenido en el mercado con al menos 35.000 millones de dólares para respaldar la divisa. Esta actuación contribuyó a que el yen se apreciara desde cerca de 164 yenes por dólar —su nivel más bajo en 40 años— hasta situarse por debajo de 158 yenes por dólar. Al mismo tiempo, Estados Unidos confirmó que había participado junto a Japón en la primera intervención coordinada en el mercado de divisas desde el terremoto de 2011, mediante la venta de euros para comprar yenes. El carácter coordinado de esta intervención resulta significativo, ya que indica una menor tolerancia de las autoridades ante la persistente debilidad del yen. Sin embargo, es poco probable que esta tendencia se revierta hasta que se reduzca la brecha de tipos de interés entre Japón y el resto del mundo. Para que esto suceda de manera sostenida, el Banco de Japón tendrá que seguir endureciendo su política monetaria.

Sectores en los que identificamos oportunidades (como gestora, nuestras perspectivas y nuestro posicionamiento son dinámicos. Las opiniones que se recogen a continuación podrían mantenerse sin cambios durante varios meses o modificarse dentro de un mismo mes en función de las condiciones del mercado):

Renta fija sin restricciones: Seguimos considerando que las estrategias de renta fija orientadas a la rentabilidad total y no condicionadas por índices de referencia son las mejor posicionadas para desenvolverse en las últimas fases de los ciclos económico y crediticio, que previsiblemente coincidirán con episodios de volatilidad. Los bancos centrales están siguiendo trayectorias de política monetaria divergentes, lo que genera diferencias en el crecimiento y la inflación y aumenta la probabilidad de que se produzcan desajustes en los mercados. Los factores estructurales favorables —los estímulos fiscales, la desregulación y la solidez de la inversión de capital impulsada por la inteligencia artificial— mantienen un entorno constructivo. Sin embargo, las elevadas valoraciones de la mayoría de los sectores implican que el éxito dependerá de la selectividad y la disciplina, y dejan poco margen para el error. En este entorno, la flexibilidad, la gestión activa de la duración y una selección disciplinada de valores serán factores determinantes para la generación de rentabilidad.

En un entorno de mercado cada vez más volátil e incierto, una asignación a renta fija core, ya sea agregada o de crédito, resulta cada vez más atractiva. La renta fija de mayor calidad sigue ofreciendo interés tanto desde el punto de vista de la generación de rentas como de la protección del capital, al combinar un rendimiento atractivo por carry con un considerable potencial alcista en un escenario de aversión al riesgo. Los rendimientos totales continúan siendo atractivos para los inversores que buscan reducir el riesgo o diversificar su exposición más allá de la deuda pública de sus mercados nacionales, al tiempo que permiten obtener un perfil de rentabilidad más estable.

Los inversores europeos pueden incorporar protección a sus carteras y obtener rentas atractivas mediante una asignación a bonos, tanto en los mercados locales como adoptando un enfoque verdaderamente global, especialmente si les preocupa el grado de exposición a Estados Unidos o a activos denominados en dólares. Además, pueden obtener una prima adicional de rendimiento, ya que los costes de cobertura hacen que las inversiones denominadas en dólares ofrezcan rendimientos inferiores a las de sus equivalentes denominadas en euros o libras.

La deuda de mercados emergentes puede actuar tanto como motor de rentabilidad como elemento diversificador dentro de una asignación a renta fija, especialmente para los inversores europeos. Aunque históricamente la deuda emergente —sobre todo la denominada en divisas locales— ha sido más cíclica y volátil que la de los mercados desarrollados, existen razones para mantener una visión estructuralmente positiva, dado que los riesgos proceden cada vez más de los propios mercados desarrollados, en un contexto de políticas estadounidenses potencialmente disruptivas. Las moderadas previsiones de impagos responden a la solidez de los fundamentales, que están mejorando en términos de crecimiento y de indicadores fiscales y externos. Pese al aumento de la incertidumbre geopolítica, la deuda emergente podría contribuir positivamente a una cartera bien diversificada gracias a las rentas generadas por carry y a la debilidad del dólar estadounidense.

La deuda high yield continúa siendo atractiva desde el punto de vista de su rendimiento a peor escenario, aunque requiere un enfoque prudente debido a la incertidumbre del mercado y a los actuales niveles de los diferenciales. La solidez de las rentas generadas por carry podría convertir este segmento en una alternativa interesante a la renta variable para aquellos inversores que deseen reducir el riesgo de sus carteras. Defendemos un sesgo hacia emisores de mayor calidad y una cuidadosa selección de crédito, aunque seguimos siendo prudentemente optimistas respecto a la capacidad de este sector para continuar mostrando un buen comportamiento.