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Las decisiones recientes de la Reserva Federal (Fed) , el Banco de Japón (BoJ) y el Banco de Inglaterra (BoE) han sido notablemente divergentes. Tras las reuniones de la próxima semana, una de las cuestiones clave para los inversores será evaluar hasta qué punto esas diferencias se mantienen.
Una decisión de política monetaria hace mucho más que modificar, o mantener sin cambios, el nivel de los tipos de interés. También muestra qué riesgos está dispuesto a asumir un banco central y qué evidencias consideran suficientes para actuar. En el caso de la Fed, el foco está puesto tanto en la inflación como en la credibilidad de la institución, especialmente tras el cambio de presidente y su compromiso de reconducir cuanto antes la inflación hacia la estabilidad de precios. De hecho, Kevin Warsh aprovechó su reciente discurso en Jackson Hole para subrayar que la Fed aún tiene trabajo por delante si la inflación no muestra avances convincentes hacia su objetivo. Los mercados reaccionan dando una probabilidad ligeramente superior al 50% a una subida de tipos en septiembre.
Aunque esta posibilidad también parece respaldada por la recuperación del mercado laboral, dos miembros del FOMC (Comité Federal de Mercado Abierto) han defendido recientemente que quizás sería conveniente dar más tiempo para que el proceso de desinflación siga su curso. Esta postura coincide, aunque de forma no intencionada, con la presión del Gobierno estadounidense a favor de unos tipos más bajos. A falta de nuevas evidencias concluyentes sobre la inflación antes de la reunión, existe el riesgo de que los inversores interpreten cualquier decisión de mantener los tipos sin cambios como una señal de que la Fed , bajo la presidencia de Warsh , no está dispuesta a respaldar con hechos su mensaje frente a las presiones, tanto externas como internas. En este contexto, cualquier decisión que adopte la Fed influirá de forma significativa en las expectativas del mercado sobre la trayectoria futura de los tipos.
Por su parte, el BoJ se enfrenta prácticamente al problema contrario . Más que decidir si su política monetaria es lo suficientemente restrictiva, se encuentra en pleno proceso de retirada de los estímulos monetarios extraordinarios. En lugar de centrarse en contener la inflación, ha trabajado para consolidar un proceso sostenible en el que los salarios, la demanda y las expectativas de inflación se alejan definitivamente de la deflación. Sin embargo, el problema ha pasado a ser el exceso de cautela. Unos tipos de interés reales negativos han favorecido la salida continua de capital, la depreciación de la moneda (que a su vez ha generado nuevas presiones inflacionistas), y una menor disposición de los inversores a mantener la deuda pública japonesa a largo plazo. Aunque habitualmente los gobiernos japoneses han mostrado reticencias ante las subidas de tipos, parece que el Gobierno de Takaichi ha asumido que unos tipos más elevados son el mal menor, ya que resultan necesarios para respaldar al yen y reducir la prima de riesgo de la deuda soberana a largo plazo.
Al igual que la Fed, el Banco de Inglaterra ha tenido que hacer frente a un largo período de inflación por encima de su objetivo. Sin embargo, a diferencia del banco central americano , ha mantenido una política monetaria claramente restrictiva, hasta el punto de que el crecimiento del empleo se ha estancado, los salarios han moderado su avance y la inflación se ha situado por debajo de las previsiones que el propio BoE publicó en primavera. Esto ha dado al banco central margen para observar la evolución de la economía, sometiéndolo a menos presión que sus homólogos estadounidenses y japoneses para introducir cambios inmediatos en su política monetaria. Salvo que los datos de empleo o inflación de la próxima semana aporten sorpresas significativas, esperamos que el BoE mantenga los tipos sin cambios.

Claves de la próxima semana
En Estados Unidos , la decisión de la Fed del miércoles será el acontecimiento más importante de la semana. Además, se espera que las ventas minoristas subyacentes de agosto repunten tras la caída del 0,4% registrada el mes anterior. Los precios de importación, los indicadores del mercado inmobiliario, las solicitudes semanales de subsidio por desempleo y la encuesta de la Fed de Filadelfia ayudarán a completar el panorama al que se enfrentan los responsables de la política monetaria.
En Japón , las cifras de comercio exterior del miércoles precederán a los datos de inflación del viernes ya la decisión del BoJ. Según las últimas cifras disponibles, las exportaciones crecieron un 23,2% interanual y las importaciones un 27,8%, mientras que la inflación general a nivel nacional se situó en el 1,9% y la subyacente en el 1,8%. No obstante, la reciente apreciación del yen en septiembre y la inminente decisión del BoJ podrían restablecer relevancia a esos indicadores.
En Reino Unido , las publicaciones sobre empleo e inflación aportarán las últimas referencias antes de la reunión del BoE del jueves. Tras esto, los datos de ventas minoristas del viernes ofrecerán una nueva lectura sobre la fortaleza de la demanda de los hogares.
En otras regiones , se espera que la producción industrial de China aumente hasta el 4,8%, desde el 4,5% anterior, mientras que el crecimiento de las ventas minoristas podría acelerarse hasta el 0,8%, desde el 0,6%. En la Eurozona se publicarán los datos de producción industrial y las cifras finales de inflación de agosto , mientras que Alemania dará a conocer el índice ZEW de sentimiento económico y los precios de producción.
Teniendo en cuenta este contexto, habrá que seguir de cerca la actuación de los bancos centrales , recordando que, más allá de las decisiones que tomen, la clave puede estar en comprender qué riesgos están dispuestos a asumir.