Al entrar en 2026, muchos inversores anticipaban un entorno relativamente estable para la renta fija durante el año. La economía global parecía mostrar potencial para un crecimiento moderado pero sostenido, mientras que la desinflación avanzaba, lo que sugería la posibilidad de nuevos recortes de tipos en los mercados desarrollados. Sin embargo, el camino para los mercados pronto se volvió mucho más complejo.

A comienzos del primer trimestre, el aumento del pesimismo sobre la capacidad de las empresas de software para sobrevivir al rápido avance de la IA provocó un ensanchamiento de los diferenciales de crédito en ese segmento, especialmente en el ámbito de alto rendimiento (high yield). Este nuevo escrutinio alimentó preocupaciones sobre la debilidad crediticia en las Business Development Companies (BDCs por sus siglas en inglés) y el potencial de un contagio más amplio.

No obstante, el acontecimiento verdaderamente sísmico fue el inicio de la guerra en Oriente Medio el 28 de febrero, cuando EE.UU. e Israel buscaron degradar la capacidad nuclear y militar convencional de Irán, y potencialmente propiciar un cambio de régimen. Los posteriores ataques de Irán contra sus vecinos y el estrecho de Ormuz paralizaron prácticamente el tráfico marítimo en la zona y contribuyeron a un repunte de los precios del petróleo. Ante la posibilidad de un resurgimiento inflacionario y, por tanto, de nuevas subidas de tipos, las rentabilidades de mercado aumentaron con fuerza, mientras que los diferenciales de crédito se ampliaron, aunque sin alcanzar los niveles observados durante la corrección provocada por los aranceles en abril del año pasado. En el momento de redactar este informe, las condiciones de mercado se habían relajado ligeramente tras el acuerdo de un alto el fuego temporal, aunque el estrecho seguía bloqueado y, tanto el petróleo como las rentabilidades, permanecían por encima de los niveles previos a la crisis.

Desde nuestra perspectiva, los inversores parecen estar subestimando el potencial de que unos precios del petróleo más altos frenen el crecimiento económico, compensando así el impacto inflacionario de dichas subidas. Una vez que la crisis actual comience a remitir, creemos que los bancos centrales adoptarán una postura más acomodaticia, lo que sugiere oportunidades de duración en la parte corta de la curva. En cuanto al crédito, no creemos que el ensanchamiento de los diferenciales haya sido lo suficientemente amplio como para generar una señal clara de compra. En su lugar, será esencial una evaluación cuidadosa de las oportunidades, ya sea en los elevados rendimientos reales de los mercados emergentes o en las ineficiencias de valoración entre los nombres de software de alto rendimiento.

Un panorama de renta fija inestable

El mercado de renta fija ha reaccionado con fuerza a la guerra en Oriente Medio, con un aumento de los tipos en toda la curva y un ensanchamiento de los diferenciales de crédito en múltiples mercados. La evolución a partir de aquí dependerá en gran medida de cuánto dure el actual shock de oferta de petróleo, pero creemos que los inversores están valorando de forma incorrecta los posibles efectos de los precios de la energía sobre la actividad económica, con un potencial de destrucción de demanda que podría compensar las nuevas presiones inflacionarias. Esto nos lleva a pensar que los bancos centrales adoptarán una postura más acomodaticia de lo que muchos anticipan una vez que la crisis remita, lo que generaría oportunidades en los tramos cortos de la curva.

Al mismo tiempo, las dificultades del crédito asociadas al petróleo y, en algunos ámbitos, las implicaciones de la inteligencia artificial hacen que el mercado crediticio presente un panorama más heterogéneo, lo que exige seleccionar cuidadosamente las oportunidades para aprovechar una mejora en los diferenciales.