Tras la última subida de los tipos de interés, ¿espera ahora una pausa?
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Prevemos que se produzca una pausa en la reunión del BCE de julio, ya que, desde la primera subida de tipos en junio, los precios de la energía y los datos de actividad no han variado mucho, manteniéndose cercanos al «escenario moderado del BCE», mientras que los datos de inflación hasta junio han resultado bastante inferiores a lo esperado.
En el acta de su última reunión, el BCE ha reafirmado su decisión de abandonar las orientaciones prospectivas. ¿Aumenta esto el riesgo de sorpresas desagradables? ¿Cómo cree que evolucionará la situación a partir de ahora?
En realidad, el BCE ha abandonado las orientaciones prospectivas en favor de un enfoque basado en escenarios debido al conflicto con Irán. Esto es así porque resulta difícil predecir los precios de la energía dadas las incertidumbres que rodean al estrecho de Ormuz. Por lo tanto, la autoridad monetaria europea ha optado por un enfoque basado en escenarios que esboza diversas perspectivas de política monetaria en función de los precios de la energía, proporcionando así visibilidad a los mercados.
¿Existe el riesgo de adoptar una postura demasiado firme frente a la inflación, tras haberla subestimado durante tanto tiempo en 2022?
De hecho, el aumento de los precios de la energía actúa principalmente como un impuesto sobre la actividad económica en la zona del euro —un choque exógeno— que solo puede compensarse, tras un cierto desfase temporal, mediante aumentos salariales. Por el momento, no se han observado efectos de segunda ronda; el indicador salarial de la zona del euro muestra un aumento interanual del 2,6 %, un nivel inferior al umbral del 3% que se considera motivo de preocupación.
¿Qué mensaje cree que transmitirá esta reunión del BCE?
Creemos que el BCE debería enviar un mensaje «hawkish» para anunciar otra subida de tipos en septiembre, dada la falta de una solución para la reapertura del estrecho de Ormuz, pero debería mantener su postura política de «dependencia de los datos».
De cara a la segunda mitad del año, ¿cuál considera que es el mayor reto para el Banco Central Europeo: el débil crecimiento, la incertidumbre comercial, el aumento del gasto público o una inflación que podría repuntar de nuevo?
Dado que el aumento de la inflación hasta junio ha sido bastante inferior al esperado, creemos que el crecimiento débil es el principal problema para la zona del euro, sobre todo teniendo en cuenta el fin del programa NGEU el año que viene y el hecho de que los rendimientos de los bonos en euros ya subieron antes de la política restrictiva del BCE, ampliamente esperada.
¿Qué implica la tendencia actual para los rendimientos de los bonos, en particular para los bonos del Estado alemán?
La política preventiva del BCE no altera las perspectivas de rentabilidad de los bonos de la zona del euro, que vienen determinadas por los fundamentales internos de la zona —caracterizados por una actividad económica débil, sobre todo en lo que respecta al gasto en inversión—. En realidad, esta política restrictiva agrava la debilidad de la inversión.
¿Cómo deberían posicionarse los inversores en bonos ante la incertidumbre de la política monetaria?
Creemos que esta política del BCE no debería afectar a los niveles de rendimiento, sino más bien a la forma de la curva de tipos: cabe esperar un aplanamiento de la curva entre los vencimientos a 2 y a 10 años. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que conviene evitar invertir en bonos a corto plazo.
¿Dónde ve actualmente las principales oportunidades y riesgos en el mercado europeo de renta fija?
Creemos que la principal oportunidad radica en el atractivo de una curva de tipos muy pronunciada, que ofrece elevados rendimientos por carry en los bonos a largo plazo en comparación con el moderado riesgo de inflación interna en la zona del euro.