El año comenzó con muchos acontecimientos, con Estados Unidos utilizando su fuerza militar y su influencia económica para alcanzar los objetivos de política exterior del presidente Trump. Las citaciones judiciales recibidas por la Reserva Federal y la acción militar en Venezuela no afectaron a los precios del petróleo ni a los activos de riesgo. Sin embargo, sus amenazas a la soberanía de un aliado de la OTAN provocaron una volatilidad temporal, aunque los mercados acabaron recuperándose de ese susto y Estados Unidos quedó rezagado con respecto a otras regiones. El despilfarro fiscal y las preocupaciones por la inflación en Japón hicieron subir los rendimientos de los bonos.

Creemos que el crecimiento económico, que no es ni demasiado fuerte ni demasiado débil como para provocar una recesión, junto con un alto grado de complacencia entre los participantes en los mercados, podría explicar la continua apreciación de los activos de riesgo. En este escenario, la modesta expansión del PIB y la desinflación permiten a los bancos centrales actuar con cautela, preservando la liquidez del mercado.

El camino por delante está plagado de riesgos para la independencia de la Fed, las políticas internas de Trump y su intención declarada de sacudir las alianzas tradicionales. Cualquier desafío a la Fed podría dará lugar a un desajuste de las expectativas de inflación (no es nuestro escenario base, pero los riesgos están aumentando). Todo ello favorece nuestra opinión de diversificar fuera de los activos estadounidenses y de que Europa persiga su autonomía estratégica. Por ahora, observamos un fuerte impulso económico en Estados Unidos y hemos elevado nuestras previsiones de crecimiento para la zona euro:

  • El crecimiento de la eurozona es ligeramente superior a nuestras expectativas anteriores, pero no tan alto como las previsiones del BCE (1,2% frente a 1,0%, PIB real). Ahora esperamos un crecimiento del 1,0%, debido principalmente a la fortaleza de Francia y España. Nuestras previsiones se basan en la renta disponible real, el impulso a la inversión gracias a las bajadas de tipos ya aplicadas y el despliegue de fondos en el marco del Plan NextGenerationEU (NGEU) en los países periféricos. No obstante, estamos siguiendo de cerca la dinámica del consumo y los mercados laborales en toda la región.
  • El IPC estadounidense se ha revisado a la baja para el año, del 3,0% al 2,8%. Sin embargo, esperamos que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal durante más tiempo, especialmente si tenemos en cuenta el impulso fiscal y las próximas elecciones de mitad de mandato. Esperamos que la inflación de la vivienda, que representa alrededor de un tercio del IPC, se desacelere, lo que reduciría la inflación general. En segundo lugar, la repercusión del aumento de los aranceles en los consumidores ha sido limitada y las empresas están absorbiendo los mayores costes. Seguimos vigilando esta situación. En cuanto al crecimiento, el consumo se verá respaldado por las devoluciones de impuestos, principalmente en el primer semestre, y mantenemos nuestra previsión de un crecimiento del PIB real del 2%.
  • El PIB chino parece que se desacelerará este año hasta el 4,4% desde 2025, debido tanto a la debilidad de la actividad interna (corrección en el sector inmobiliario y el consumo) como a la menor demanda externa. Creemos que el Gobierno aplicará estímulos moderados y específicos para evitar un aterrizaje brusco, pero es poco probable que aplique estímulos políticos a gran escala. El reciente anuncio de finales de diciembre está en línea con esta opinión.
  • Los precios del oro experimentan un impulso estructural. El oro se verá impulsado al alza por las tensiones geopolíticas (incluidas las políticas poco ortodoxas de Trump), las tendencias estructurales (mayores déficits/deuda) y la demanda de los bancos centrales. Si bien las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela no han influido en los precios del petróleo, cualquier posible escalada con Irán es un factor alcista más relevante, ya que el riesgo sería una interrupción del suministro (a través del estrecho de Ormuz) en lugar de un aumento de este. Dicho esto, los mercados petroleros se encuentran actualmente en situación de superávit, y esperamos una presión a la baja sobre los precios en el primer trimestre. A medida que el superávit disminuya en la segunda mitad del año, los precios del Brent podrían estabilizarse en el rango de 60-70 dólares por barril.

En un entorno de desinflación en Europa, apoyo fiscal y “ruido político” en EE. UU., y con China estabilizándose en una tasa de crecimiento más baja, mantenemos nuestra postura de riesgo con las siguientes opiniones sobre las clases de activos:

  • En renta fija, somos neutrales en cuanto a la duración en general, pero ligeramente cautelosos con respecto a EE. UU. y positivos con respecto a Europa, incluidos los periféricos, y el Reino Unido. El crédito corporativo ofrece un buen carry, especialmente en el crédito con calificación BBB y BB de la UE. Los riesgos se centran en una inflación persistente, lo que no es nuestro escenario base. Buscamos carry en los bonos de mercados emergentes (ME), ya que el contexto económico mundial es alentador, a través de un enfoque selectivo.
  • En renta variable, nos decantamos por historias estructurales alrededor de la reforma del gobierno corporativo en Japón, estímulo fiscal en Alemania y valores fuera de la euforia de la inteligencia artificial. Los ME son otra área en la que somos constructivos debido a la fuerte actividad económica y la flexibilización de la Fed.
  • En multiactivos hemos mejorado nuestra opinión sobre el oro para beneficiarnos de sus características estabilizadoras y hemos rebajado la del petróleo. En los mercados emergentes, hemos mejorado cautelosamente nuestra postura sobre la renta variable latinoamericana. En general, preferimos mantener una postura equilibrada y de aceptación del riesgo.