La institución que preside Christine Lagarde definió este conflicto en su última reunión como «un evento de riesgo significativo» y estableció un conjunto de tres escenarios económicos —básico, adverso y grave— con el fin de orientar su política monetaria basándose en criterios claros. Este nuevo enfoque del BCE basado en escenarios combina diferentes indicadores económicos: están las tasas de inflación general y subyacente, pero la mayoría son indicadores adelantados de la inflación (petróleo, gas, tasa de desempleo y aumento salarial).
Hoy en día, los precios de la energía se sitúan entre los dos primeros escenarios y por eso prevemos que el BCE mantendrá sus tipos de interés de referencia sin cambios hasta el final del conflicto. La cuestión importante es cómo se pondrá fin al conflicto en Irán y es difícil de determinar. Pero creemos que, dado el insoportable coste que supone para todos los países, es de esperar que se encuentre una solución en las próximas semanas y, por lo tanto, el BCE debe esperar a conocer los detalles de dicha solución antes de actuar.
La situación actual es distinta a la de 2022
El mercado está comparando la situación actual con la de 2022; sin embargo, el crecimiento económico ya era débil antes del conflicto y los Estados de la zona del euro carecen actualmente de capacidad fiscal. La expansión del crecimiento en 2026 se basaba en un aumento del consumo. Creemos que, si el conflicto persiste más allá de mediados de mayo, los hogares se verán afectados por el aumento de los precios de la gasolina, lo que incrementará el riesgo de una recesión.
Esperamos que la actividad se vea más afectada que en 2022, lo que significa que la recesión que se avecina debería llevar al BCE a adoptar una actitud cautelosa y esperar un poco más. Las expectativas de inflación apuntan a que la inflación general alcanzará un máximo de entre el 3,5% y el 4%, mientras que el IPC subyacente se mantendrá por debajo del 2,5 % en los próximos meses. En julio de 2022, cuando el BCE comenzó a subir su tipo de interés de referencia, la inflación subyacente se situaba en el 4%.
A diferencia de lo que ocurrió en 2022, la falta de margen fiscal está llevando a los gobiernos a abstenerse de aumentar el gasto para apoyar el consumo de los hogares o la inversión empresarial, medidas que serían inflacionistas. En su lugar, los gobiernos han optado por recortes fiscales o del IVA, limitando el traspaso del aumento de los precios de la energía. El BCE podría reducir la oferta de liquidez denominada en euros para garantizar que los préstamos a los hogares y las empresas no alimenten la demanda, al tiempo que fomenta una apreciación del euro para contrarrestar la inflación importada.
Prevemos un descenso del consumo y una ralentización del crecimiento de la inversión en los próximos meses. La fuerte competencia de las exportaciones asiáticas empujará a la economía de la zona del euro al borde de la recesión. En este contexto, esperamos que, una vez finalizado el conflicto, los rendimientos de los bonos vuelvan a bajar, y que el rendimiento de los bonos del Estado alemán vuelva a situarse en torno al 2,5%.