Qué significa el shock de Maduro para los mercados
La destitución del régimen de Maduro en Venezuela liderada por Estados Unidos es un acontecimiento geopolítico de gran magnitud, pero de impacto macroeconómico modesto. Venezuela representa aproximadamente el 0,1 % del PIB mundial; sin embargo, posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y produce alrededor de 1 millón de barriles diarios (mb/d), cerca del 1 % de la oferta global. Por ello, el país es mucho más relevante para los mercados energéticos y las primas de riesgo que para el crecimiento económico mundial en sí.
En este contexto, los principales canales de transmisión hacia los mercados financieros son:
- Los precios del petróleo y de otras materias primas
- Las expectativas de inflación y de tasas de interés
- El liderazgo sectorial y de estilos dentro del mercado accionario
Petróleo y oro en el centro de atención
El impacto inmediato sobre el petróleo ha sido moderado o ligeramente negativo para los precios. Con la información actual, es poco probable que los precios suban debido a una interrupción del suministro venezolano: la producción se mantiene en torno a 1 millón de barriles diarios bajo los embargos vigentes, con aproximadamente la mitad exportada. En cambio, los mercados ven la situación como potencialmente bajista a largo plazo, ya que con el tiempo podría incorporarse más crudo pesado.
Los mercados petroleros ya están operando bajo la narrativa de una oferta holgada en un contexto de demanda débil. La Agencia Internacional de la Energía proyecta un superávit de alrededor de 3,7 millones de barriles diarios en 2026. Incluso si toda la producción actual de Venezuela se interrumpiera, los balances agregados seguirían siendo cómodos.
A más largo plazo, existe un escenario bajista plausible para el petróleo. Venezuela posee alrededor de 300.000 millones de barriles de reservas (según la EIA, datos de 2023, citados por el Financial Times el 3 de enero de 2026). Si finalmente se permite a las empresas estadounidenses invertir y la producción aumenta de forma significativa mientras la demanda se mantiene débil, los precios podrían enfrentar una presión estructural a la baja. Dicho esto, cualquier incremento relevante de la producción requerirá grandes inversiones de capital y plazos largos, y los mercados aún no están descontando este escenario.
El crudo venezolano es además predominantemente pesado y ácido, lo que limita su relevancia a un subconjunto de refinerías —en particular en la Costa del Golfo de Estados Unidos— que cuentan con suficiente capacidad de coquización. Esta especificidad, junto con el tiempo necesario para restaurar y escalar la producción, ayuda a explicar por qué la reacción inicial de los precios ha sido relativamente contenida, aun cuando la volatilidad a corto plazo ha aumentado.
La reacción del oro ha sido ligeramente positiva. La geopolítica ha sido un motor clave del fuerte repunte del oro durante el último año. La situación en Venezuela, aunque es difícil aislar su impacto directo sobre los precios, ha sido probablemente una de las varias fuerzas que han respaldado al metal. Los acontecimientos recientes parecen haber brindado un apoyo adicional al activo refugio.
De forma más general, el oro sigue respaldado por una serie de factores, entre ellos la incertidumbre sobre la política económica, la incertidumbre comercial, los recortes de tasas y la presión a la baja sobre los rendimientos del Tesoro y el dólar, la fuerte demanda de los bancos centrales y de los productos cotizados, así como la geopolítica. La situación en Venezuela y la geopolítica en términos más amplios pueden seguir siendo un factor clave en el corto plazo.
Acciones globales: consumidores de energía por encima de productores de alto costo
Para las acciones globales, el shock venezolano tiene más que ver con la energía y la inflación que con los beneficios empresariales de Venezuela.
En el lado de lo “conocido”, el crudo pesado de Venezuela es similar al de las arenas bituminosas de Canadá. La Costa del Golfo de Estados Unidos ya está configurada para procesar grandes volúmenes de este tipo de crudo, con una capacidad de coquización sustancial instalada. A medida que los barriles venezolanos se rehabiliten gradualmente y se redirijan hacia las refinerías estadounidenses, debería mejorar la disponibilidad de materia prima y ampliarse los márgenes de refinación. Los ganadores inmediatos son las refinerías y las grandes petroleras integradas que pueden procesar más crudo pesado con descuento y monetizar unos diferenciales downstream más fuertes.
A medio plazo, suponiendo que la producción y las exportaciones puedan ampliarse, el aumento de la oferta venezolana debería actuar como un techo para los precios del crudo y la gasolina, incluso si el proceso es irregular. En la práctica, esto se asemeja a un pequeño “recorte impositivo” persistente para los consumidores de Estados Unidos y del resto del mundo: menor inflación general, facturas energéticas más estables y condiciones ligeramente más favorables para los bancos centrales. Entre los probables perdedores se encuentran los productores canadienses de crudo pesado, que afrontarán mayor competencia en la Costa del Golfo, y las refinerías chinas “teapot”, que habían sido compradoras clave de barriles venezolanos con descuento y que ahora perderán ese acceso privilegiado.
Esta combinación suele favorecer a los consumidores de energía y a los valores cíclicos frente a los productores “puros” de alto costo. Los sectores industrial y químico se benefician de menores costos de insumos y de una demanda final más sólida, mientras que las empresas orientadas al consumidor ganan con unos ingresos reales más fuertes. En cambio, las compañías de exploración y producción (E&P) no integradas y con altos costos marginales parecen más vulnerables si el mercado llega a creer que la oferta de crudo pesado estará estructuralmente más holgada.
Conclusión: un país, muchos canales de mercado
El cambio de régimen en Venezuela difícilmente moverá por sí solo la aguja del crecimiento global, pero puede remodelar marginalmente el panorama energético, con efectos colaterales sobre las materias primas y las acciones. En el ámbito de los commodities, la historia es la de unos mercados petroleros bien abastecidos con un posible colchón adicional más adelante, además de un apoyo incremental para el oro como seguro geopolítico. En cuanto a las acciones, las implicaciones abarcan una mejora de la economía para las refinerías y las grandes petroleras integradas, un impulso desinflacionario moderado que favorece a los consumidores y a los sectores cíclicos, y un entorno en el que la defensa y la seguridad energética siguen siendo temas centrales.