
Hace un par de semanas, la dura retórica de Estados Unidos, junto con un uso implícito de la presión arancelaria contra los aliados europeos, aumentó brevemente los riesgos de cola antes de derivar en lo que el presidente Trump describió como una discusión en torno a un “marco” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Los líderes europeos y el Gobierno de Groenlandia han rechazado con firmeza cualquier cuestión relacionada con la soberanía, subrayando que las decisiones corresponden a Nuuk y Copenhague, mientras que la OTAN ha indicado que aún queda “mucho trabajo por hacer”.
La interpretación del mercado es que la escalada suele abrir la puerta a las negociaciones en lugar de ponerles fin. El uso del término “marco” sugiere un intento de convertir la confrontación en un proceso, reduciendo la probabilidad de una crisis repentina (nuevos aranceles, una ruptura en materia de seguridad), pero sin eliminar el riesgo de titulares. Esto es coherente con las estrategias anteriores de EE. UU.: tácticas de presión para forzar la urgencia, y luego un resultado negociado que preserva las alianzas al tiempo que obtiene concesiones. Un matiz clave para los inversores es que la propia fase de negociación puede ser volátil. Incluso si se da marcha atrás en los escenarios más extremos (uso de la fuerza, aranceles inmediatos), las amenazas pueden reaparecer si las conversaciones se estancan o cambian los incentivos internos. Fitch destacó que las amenazas arancelarias relacionadas con Groenlandia y las posibles represalias europeas serían objeto de intensos debates e incertidumbre, pero aun así representan un aumento significativo de la tensión transatlántica.
Desde el punto de vista de la inversión, Groenlandia ofrece una tesis de largo plazo: opcionalidad de recursos más capital estratégico. La isla tiene potencial en varios minerales críticos, y las instituciones europeas están siendo cada vez más explícitas en su disposición a financiar proyectos vinculados a la “seguridad del suministro”. El Fondo Estatal Danés de Exportación e Inversión (EIFO) ha declarado que tiene cientos de millones de euros para invertir y que espera destinar una parte significativa a los minerales críticos y la energía de Groenlandia.
Ese capital ya se está moviendo. El EIFO ha respaldado la reapertura de la mina de grafito Amitsoq mediante financiación a GreenRoc, enmarcándola explícitamente en términos de materias primas críticas y seguridad del suministro. También ha aumentado la inversión en Amaroq Minerals, la empresa minera líder de Groenlandia, lo que indica un esfuerzo más deliberado por parte de los países nórdicos y europeos para anclar el desarrollo minero dentro de marcos aliados.
Si las tensiones en torno a Groenlandia vuelven a recrudecerse (aunque sea a través de aranceles en lugar de enfrentamientos directos), los mercados podrían seguir favoreciendo las coberturas y las exposiciones a la “autonomía estratégica”: apoyo al oro y la plata como seguros de cartera, interés sostenido por las acciones europeas de defensa y preferencia por las empresas europeas con menor exposición a los ingresos procedentes de EE. UU. Al mismo tiempo, la narrativa sobre los recursos de Groenlandia se beneficia del impulso generalizado para diversificar las cadenas de suministro de minerales críticos, lo que hace que la financiación respaldada por el Estado y la concesión de permisos sean tan importantes como cualquier titular geopolítico.