Siempre habéis sido abanderados de la arquitectura abierta. En un momento donde la banca vuelve a empujar con fuerza sus productos propios, ¿cómo consigues que el cliente de iCapital no asuma un coste de oportunidad por el simple hecho de querer ser independientes?

Nuestra defensa de la independencia radica en ofrecer al cliente total libertad sobre cómo remunerar nuestro servicio. El inversor puede optar por un modelo de pago explícito o implícito, una flexibilidad que garantiza la eliminación del conflicto de intereses en la selección de productos. Cuando el cliente asimila esta estructura y la compara con la banca tradicional, percibe las ventajas competitivas en términos de transparencia y alineación de objetivos.

Contamos con un equipo de análisis de producto de alto nivel, liderado por Ion Zulueta y Ana Expósito, cuyas trayectorias son reconocidas y premiadas en el sector. Esta solidez en la selección independiente de activos constituye una base de confianza que nuestros clientes valoran estratégicamente.

Después de ver cómo han fallado las correlaciones tradicionales entre bonos y acciones, ¿cómo habéis recalibrado vuestros modelos? ¿Qué hacéis ahora para asegurar que el rendimiento ajustado al riesgo de vuestras carteras sigue siendo competitivo en este nuevo ciclo?

En iCapital trabajamos con carteras modelo cuya construcción difiere significativamente de los estándares de la banca privada convencional. Nuestra diversificación no es genérica, sino que profundiza en la granularidad de cada tipología de activo.

En renta fija, mientras el mercado suele limitarse a una distribución clásica (soberanos, corporativos y high yield), nosotros desglosamos el activo en estrategias específicas como ABS, bonos flotantes, convertibles o CLOs, diferenciando además entre moneda fuerte y local. Esto nos permite optimizar la entrada en cada activo según el momento exacto del ciclo.

Asimismo, hemos logrado rentabilidades consistentes elevando el peso de los activos alternativos ilíquidos. Implementamos estrategias diferenciadas como volatilidad, long/short, CTA o multiestrategia, que aportan valor real y descorrelación a la clásica combinación de bonos y acciones.

Sois expertos en abrir el abanico hacia el Capital Privado e infraestructuras. Pero con el apalancamiento más caro que hace unos años, ¿dónde ves hoy una oportunidad real que justifique bloquear el capital de un inversor a largo plazo?

Es fundamental matizar el concepto de "bloqueo". En la mayoría de los productos ilíquidos el desembolso no es inmediato, sino que se ejecuta mediante llamadas de capital progresivas. Esto implica que el inversor no compromete toda su liquidez desde el inicio, sino que el flujo se compensa en el tiempo con los reembolsos de compromisos anteriores. El bloqueo, por tanto, es parcial y gestionable.

Gestionamos esta exposición mediante programas de inversión coherentes, diversificando los horizontes temporales entre deuda, infraestructuras, venture capital, buyouts o secundarios para evitar solapamientos ineficientes.

Respecto a los tipos de interés, aunque la financiación se ha encarecido, la clave reside en la selección del General Partner. Existe una dispersión de rentabilidad muy amplia entre gestoras a nivel mundial; por ello, nuestro enfoque se centra en elegir socios con un conocimiento profundo del mercado que garantice la generación de valor durante todo el ciclo de vida de la inversión. 

El mapa geopolítico está muy fragmentado. ¿Sigues confiando en la diversificación global tradicional o crees que es el momento de que los inversores españoles empiecen a ser mucho más selectivos con las regiones donde ponen su dinero?

La selectividad es hoy un imperativo. Aunque la diversificación es un principio básico, nosotros elevamos la complejidad del asset allocation mediante el uso de factores de riesgo. Construimos las carteras analizando cuatro variables críticas por zona geográfica: crecimiento, inflación, deuda y tipos de interés.

Es cada vez más inusual encontrar carteras con una exposición exclusiva al mercado doméstico, especialmente cuando el peso del PIB de España en el cómputo global es limitado. Si buscamos capturar el crecimiento global, debemos tener presencia activa donde este se genera, ya sea Japón, Estados Unidos o Alemania. Esta metodología basada en factores de riesgo nos ha permitido, históricamente, obtener rentabilidades superiores a los índices de referencia. Hoy, más que nunca, el foco debe estar tanto en la selección de la región como en la tipología del activo.