En lo que respecta a las mejoras estructurales, los títulos con calificación BB representan más del 50% del índice, mientras que los bonos garantizados representan aproximadamente el 34%, lo que significa que los inversores asumen hoy un menor riesgo de crédito en el mercado de high yield del que asumían antes de 2020.

El aumento gradual de la calidad también ha favorecido que el mercado high yield estadounidense muestre hoy una capacidad de resistencia mucho mayor en periodos de tensión. Dicha capacidad resultó especialmente evidente tras la caída que registraron los mercados en abril de 2025, después del Día de la Liberación. A diferencia de lo que había ocurrido en episodios anteriores, como durante la crisis financiera mundial, cuando la renta variable estadounidense y el mercado de high yield cayeron un -28,5% y un -25,1% respectivamente, este año, la caída de la deuda high yield ha sido muy inferior a la de la renta variable, del 1,8% frente al 15% entre el 1 de enero y el 8 de abril de 2025.
En nuestra opinión, el elevado nivel de carry del sector y su tendencia a medio plazo hacia una mayor calidad podrían convertir al high yield en una asignación atractiva dentro de la renta fija. Estos factores, unidos a unos balances disciplinados y a unas ratios de apalancamiento estables ofrecen una base sólida de cara a 2026, algo especialmente relevante en un contexto en el que la economía estadounidense afronta una posible ralentización del crecimiento y presiones de costes relacionadas con el escenario comercial.
