La audiencia de confirmación del martes para Kevin Warsh aportó pocas novedades. Los distintos actores interpretaron sus papeles siguiendo un guión ya conocido: los demócratas, liderados por Elizabeth Warren, cuestionaron la independencia de Kevin Warsh respecto a Donald Trump y sostuvieron que no es la persona adecuada para el cargo, mientras que los republicanos lo elogiaron. El senador Thom Tillis reiteró su ultimátum: no habrá confirmación hasta que el Departamento de Justicia retire su investigación sobre Jay Powell.

El propio Kevin Warsh se limitó a reiterar la independencia operativa de la Reserva Federal, aunque señaló que su comunicación debe mejorar y se mostró contrario a la forward guidance.

Sin embargo, la Reserva Federal ya no recurre a esta herramienta, dado que los tipos de interés han dejado atrás el límite inferior cercano a cero. No consideramos que eliminar el resumen de las previsiones económicas suponga una mejora, pues ofrece una ventana a la forma de pensar de los responsables de política monetaria sin atarles las manos. Su llamamiento a un “nuevo marco monetario” se mantuvo, no obstante, en términos vagos.

En materia de política monetaria, Kevin Warsh evitó pronunciarse sobre si comparte la opinión del presidente Trump de que los tipos deberían situarse en el rango del 0–1%. Insistió en que la reducción del balance y los tipos de interés son dos caras de la misma moneda y que no puede hablar de uno sin referirse al otro. Este argumento resulta poco convincente, ya que parece evidente que los tipos no deberían estar cerca del 0–1%, incluso con un balance más reducido, salvo que la economía estadounidense entre en recesión.

En el pasado, ha defendido que EE.UU. atraviesa un auge de productividad impulsado por la inteligencia artificial, lo que permitiría a la Reserva Federal bajar los tipos. Sin embargo, pocos economistas u otros miembros del comité establecen esta relación de forma automática. En cualquier caso, sin pruebas claras de una caída de la inflación —y con el panorama además complicado por nuevos shocks geopolíticos procedentes de Irán—, es poco probable que sus colegas den por buenas sus palabras.

Paradójicamente, un retraso en su confirmación podría jugar a favor de Warsh. Con la inflación evolucionando en la dirección equivocada, es poco probable que el FOMC recorte los tipos a corto plazo. Un proceso prolongado dejaría a Powell asumiendo el coste de la inacción, evitando así que Warsh tenga que enfrentarse prematuramente a Donald Trump al inicio de su mandato como presidente.