Tras un 2025 marcado por los recortes de tipos en Europa, una inflación más contenida y un crecimiento desigual por regiones, ¿cuál es vuestra visión macroeconómica para 2026 y qué variables consideráis hoy clave a la hora de construir carteras en banca privada?
Nuestra visión para 2026 es la de una economía que seguirá mostrando una notable resiliencia, aunque con ritmos de crecimiento moderados. En el caso de Estados Unidos, estimamos un crecimiento en torno al 2,5%, mientras que en Europa lo situamos aproximadamente en el 1,5%. Todo ello en un contexto de política monetaria todavía acomodaticia.
Los grandes movimientos de tipos de interés ya se han producido en ejercicios anteriores. Podría haber algún ajuste adicional, especialmente en Estados Unidos, donde no descartamos alguna bajada adicional, siempre condicionada a la evolución del empleo y a posibles decisiones de política económica. En Europa, nuestro escenario central es el de una mayor estabilidad de tipos. Esta es, en líneas generales, la visión de consenso que manejamos en la casa para 2026.
En términos de inversión, este escenario se traduce, en renta fija, en un año claramente orientado a la búsqueda de carry, dada la estabilidad esperada de las curvas. En renta variable, las oportunidades no vendrán tanto por valoración como por la capacidad de las compañías de generar resultados, que será uno de los principales criterios de selección.
Por último, seguimos muy atentos al contexto geopolítico. Vivimos en un entorno exigente, con un flujo constante de noticias y focos de tensión que pueden tener impacto económico. El pasado ejercicio demostró que tanto la economía como los mercados fueron capaces de absorber un elevado nivel de incertidumbre, pero conviene seguir vigilando de cerca situaciones como las de Ucrania, Irán u otros focos de riesgo.
En un entorno que sigue condicionado por tensiones geopolíticas, cambios en las políticas fiscales y una elevada volatilidad en algunos activos, ¿cómo estáis ajustando los modelos de riesgo y la asignación táctica en las carteras de vuestros clientes de banca privada?
Efectivamente, estamos realizando ajustes en nuestros modelos de riesgo. En concreto, hemos ampliado los marcos de análisis y el número de simulaciones de escenarios, incorporando supuestos más amplios que nos permitan evaluar posibles cambios tanto en el ámbito geopolítico como en política monetaria. Todo ello con el objetivo de anticipar movimientos de mercado y aplicar soluciones tácticas cuando sea oportuno.
A la hora de construir las carteras, priorizamos activos resilientes al ciclo económico, con un perfil defensivo y capacidad para generar flujos de caja estables, especialmente en contextos de mayor incertidumbre.
Estos ajustes en los modelos nos permiten tomar decisiones tácticas a corto plazo, aunque es importante destacar que no alteran nuestra visión estratégica para el conjunto del año. Utilizamos herramientas como los derivados para aprovechar determinadas oportunidades puntuales, siempre dentro de un marco de control de riesgos muy definido.
La diversificación vuelve a ser uno de los grandes temas para los inversores patrimoniales. ¿Qué papel está jugando en vuestras carteras en 2026 y en qué clases de activo veis hoy una mejor relación riesgo-rentabilidad?
La diversificación es un pilar estructural en nuestro proceso de asesoramiento, independientemente del ciclo económico. Lo era hace diez o veinte años y lo sigue siendo hoy. No obstante, en el contexto actual cobra incluso mayor relevancia, tanto desde un punto de vista geográfico como sectorial, dado que el equilibrio global está evolucionando hacia un entorno más multilateral.
En este sentido, creemos conveniente reducir parcialmente la dependencia de Estados Unidos, donde las valoraciones son especialmente exigentes, y reforzar la exposición a otras regiones como Europa, Asia -incluido Japón- y mercados emergentes.
Otra fuente relevante de diversificación la encontramos dentro del ecosistema de la inteligencia artificial. Más allá de las grandes compañías líderes, consideramos clave diversificar a lo largo de toda la cadena de valor: proveedores de infraestructuras, cadenas de suministro y sectores que se beneficiarán indirectamente, como el biotecnológico o el eléctrico, fundamentales para sostener el desarrollo de esta tecnología.
Asimismo, consideramos oportuno incrementar de forma selectiva la exposición a renta fija, donde el carry vuelve a adquirir protagonismo. El elevado volumen de deuda existente en el mercado abre la puerta a oportunidades tácticas interesantes dentro de carteras bien diversificadas.
Por último, vemos encaje para una exposición a metales preciosos e industriales. El oro sigue desempeñando su papel como activo refugio, apoyado por las compras de los bancos centrales y la debilidad relativa del dólar. En paralelo, las materias primas industriales pueden beneficiarse del ciclo de inversión vinculado a la tecnología y la inteligencia artificial.
Mirando al medio plazo, ¿dónde detectáis las oportunidades más atractivas para los inversores de banca privada y qué criterios utilizáis para incorporarlas a las carteras sin comprometer los objetivos de preservación del capital?
Identificamos oportunidades claras en toda la cadena de valor de la inteligencia artificial, inmersa en un ciclo de inversión muy relevante. En 2025 se registraron inversiones en capex cercanas a los 2,4 billones de dólares, y se espera que crezcan a tasas próximas al 20% anual hasta 2030. Sectores como centros de datos, infraestructuras eléctricas o tecnologías asociadas ofrecen un potencial atractivo.
En Europa, la renta variable también presenta oportunidades interesantes, especialmente en ámbitos como infraestructuras, transición energética y defensa. En este último caso, destacan los importantes programas de inversión previstos en los próximos años, que pueden generar valor a medio plazo.
Los mercados emergentes también ofrecen oportunidades relevantes. Muchas economías presentan divisas más fuertes en el contexto actual, han mejorado su disciplina fiscal y su perfil de deuda, y muestran valoraciones atractivas en términos de rentabilidad-riesgo frente a ejercicios anteriores.
Tras las subidas acumuladas en muchos mercados en los últimos años, ¿cómo valoráis actualmente las principales clases de activo y creéis que las valoraciones permiten seguir siendo constructivos en 2026?
Es cierto que muchos activos presentan valoraciones elevadas y que, en términos generales, el mercado parece caro. No obstante, creemos que todavía existen nichos donde es razonable mantener una visión constructiva, especialmente en temáticas estructurales.
En Estados Unidos, los principales índices, como el S&P 500 o el MSCI World, cotizan con múltiplos superiores a 20 veces beneficios, niveles claramente exigentes. Por ello, insistimos en la necesidad de diversificar, aunque seguimos viendo oportunidades puntuales en compañías con resultados sólidos y visibilidad de beneficios.
En Europa, los múltiplos se sitúan en torno a 15-16 veces, aproximadamente un 10% por encima de su media histórica. Consideramos que, con los paquetes de estímulo previstos, las inversiones en transición energética, defensa y reorganización de las cadenas de suministro, existen oportunidades atractivas a precios razonables.
En mercados emergentes, tanto en renta fija como en renta variable, las valoraciones son especialmente interesantes. También Japón presenta un escenario favorable, apoyado por un entorno político que facilita la implementación de reformas en un contexto de fortaleza económica.
Más allá de la rentabilidad financiera, la planificación patrimonial, las sucesiones y la fiscalidad son cada vez más relevantes. ¿Cómo integráis estos aspectos en el asesoramiento a vuestros clientes y qué valor diferencial aporta la banca privada en este ámbito?
Para nosotros es un aspecto absolutamente clave. La banca privada ya no se limita a la asignación de activos, sino que requiere una visión integral del cliente y de su patrimonio familiar. En este sentido, damos una enorme importancia a la planificación patrimonial y fiscal, especialmente en un país como España, con múltiples marcos fiscales autonómicos y frecuentes cambios normativos.
Estamos reforzando de forma constante nuestros equipos especializados en patrimonio y fiscalidad, con el objetivo de ofrecer un asesoramiento verdaderamente holístico. Conocer en profundidad los objetivos financieros y vitales del cliente nos permite acompañarle de forma adecuada en cada etapa.
En un contexto de creciente digitalización y acceso a información financiera, ¿por qué sigue siendo clave el asesoramiento personal en banca privada y cómo ayudáis a vuestros clientes a alinear su patrimonio con sus objetivos vitales y familiares?
El asesoramiento personal aporta un valor diferencial muy significativo. La digitalización y la inteligencia artificial han democratizado el acceso a la información financiera, lo cual es positivo, ya que permite a los clientes tomar decisiones más informadas.
Sin embargo, esa abundancia de información también genera, en muchos casos, una sensación de saturación y confusión. El mundo financiero es cada vez más complejo, y tanto clientes como profesionales nos vemos obligados a especializarnos continuamente.
En este contexto, el papel del asesor personal es fundamental para acompañar al cliente, ayudarle a interpretar la información, separar el ruido de lo relevante y servir de guía dentro de un entorno cada vez más exigente, independientemente de que la comunicación sea presencial, digital o multicanal.
De cara a los próximos años, ¿cuáles dirías que serán los grandes retos de la banca privada en España y cómo se está preparando Unicaja para seguir acompañando a sus clientes en la preservación, crecimiento y transmisión de su patrimonio?
Desde el punto de vista de inversión, el principal reto será adaptarse a un entorno global cambiante, algo inherente a nuestra actividad. A ello se suma la integración eficiente de las innovaciones tecnológicas, asegurando que aporten valor real al cliente y mejoren los procesos internos de análisis y gestión de riesgos.
Otro desafío clave será la transición generacional del patrimonio. En los próximos años se producirá un importante trasvase de riqueza hacia las siguientes generaciones, y acompañar este proceso de forma ordenada, respetando los deseos de los clientes y las sensibilidades de los herederos, será fundamental.
En Unicaja estamos apostando decididamente por la especialización y la formación continua. Hemos reforzado los equipos, creado una escuela recurrente de banca privada y potenciado el enfoque familiar del asesoramiento, organizando sesiones conjuntas con distintas generaciones para abordar de forma integral la transmisión patrimonial.