El nuevo presidente de la Fed sostiene que la inteligencia artificial tendrá un efecto desinflacionista, permitiendo que los tipos de interés se estabilicen en niveles más bajos. Sin embargo, Kevin Warsh asume el cargo en un momento en el que una proporción creciente de miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) está adoptando una postura más agresiva frente a la inflación. ¿Qué deberían esperar, entonces, los inversores de su primera reunión como presidente, que tendrá lugar en menos de dos semanas?

En primer lugar, es probable que el tipo de interés oficial permanezca sin cambios y que desaparezca el sesgo acomodaticio del comunicado. En la reunión de abril, dicho sesgo fue cuestionado por tres miembros disidentes preocupados por que la guerra en Irán pudiera desencadenar una nueva oleada inflacionista. Desde entonces, los gobernadores Christopher Waller y Lisa Cook se han unido a los presidentes regionales de la Fed Beth Hammack, Lorie Logan y Neel Kashkari al defender que ese sesgo acomodaticio ya no tiene cabida en el comunicado. Es poco probable que Warsh se oponga; desde hace tiempo ha cuestionado la utilidad del forward guidance.

En segundo lugar, cabe esperar un gráfico de puntos más restrictivo. Aunque el nuevo presidente podría optar por no presentar sus propias proyecciones, es probable que ya no se contemplen más recortes de tipos este año, e incluso algunos podrían llegar a prever una subida. Las perspectivas para 2027 son menos claras. El supuesto de partida es que el estrecho de Ormuz reabrirá más adelante este año, permitiendo una moderación de la inflación. Sin embargo, la preocupación por los efectos de segunda ronda está aumentando tras tres meses de disrupciones. Indicadores como el Índice Global de Presión sobre las Cadenas de Suministro de la Fed de Nueva York sugieren que las cadenas de suministro están sometidas a tensiones crecientes y que las presiones sobre los precios se están intensificando (Gráfico 1). Como resultado, el nuevo gráfico de puntos podría implicar unos tipos de interés sin cambios hasta 2028. Sea cual sea la proyección mediana, en nuestra opinión la distribución de los puntos se desplazará al alza.

Gráfico 1: Las presiones sobre los precios están aumentando en toda la cadena de suministro

Gráfico 2: El encarecimiento del petróleo añadirá más de 1 punto porcentual a la inflación en 2026

En tercer lugar, es probable que la previsión de inflación se revise significativamente al alza. En marzo, los responsables de la Fed proyectaban una inflación general medida por el PCE del 2,7% para finales de este año, calculada en términos interanuales del cuarto trimestre sobre el cuarto trimestre. Sin embargo, la inflación ya había aumentado hasta el 3,8% en abril, impulsada principalmente por el alza del precio del petróleo, lo que hace prácticamente inevitable una revisión sustancial. Suponiendo que los precios del crudo evolucionen de forma similar a lo que descuentan actualmente los mercados de futuros y que parte de ese incremento se traslade a otros componentes de la cesta, es probable que la inflación general se mantenga cerca de los niveles actuales durante la mayor parte del resto del año (Gráfico 2).

La inflación subyacente también deberá revisarse al alza. Con un 3,2%, ya se sitúa medio punto porcentual por encima de la previsión de cierre de año realizada en marzo. Aunque la inflación derivada de los aranceles debería moderarse en la segunda mitad del año, otros factores (incluidos los efectos de la guerra y el continuo gasto destinado al despliegue de infraestructuras para inteligencia artificial) deberían seguir alimentando las presiones sobre los precios. Por ello, la proyección mediana para la inflación subyacente del PCE podría cerrar el año cerca de su nivel actual. Las previsiones para 2027 también podrían revisarse ligeramente al alza. Esto indicaría que, aunque los responsables de la Fed siguen considerando que el impacto inflacionista será limitado en el tiempo,reflejando la idea de que los efectos de la guerra son en gran medida temporales, la inflación está demostrando ser más persistente de lo esperado inicialmente.

En cuarto lugar, es probable que las previsiones de crecimiento evolucionen en la dirección opuesta. El PIB creció apenas un 1,5% en el primer trimestre, por debajo de lo esperado, lo que sugiere algunas revisiones a la baja, especialmente para 2026. Aun así, es probable que los responsables de la Fed sigan proyectando una economía relativamente sólida durante el resto del año (Gráfico 3). Los consumidores han mantenido el gasto, apoyados en parte por las devoluciones fiscales, que han respaldado la renta disponible real pese al aumento de la inflación. El ascenso de los mercados bursátiles probablemente también ha impulsado el consumo de los hogares con mayor patrimonio a través del denominado efecto riqueza. Además, el auge de la inversión en inteligencia artificial sigue respaldando la inversión empresarial y el empleo. Desde finales del año pasado, por ejemplo, el empleo en la construcción ha aumentado en 420.000 puestos de trabajo pese a la caída de la inversión residencial (Gráfico 4).

Por último, esa resiliencia también sugiere que la previsión actual de la Fed de una tasa de desempleo del 4,4% a finales de año podría resultar demasiado pesimista. Una revisión al 4,3% o incluso al 4,2% parece plausible. Los indicadores del mercado laboral siguen apuntando a un entorno de baja contratación y baja destrucción de empleo, pero también sugieren que la oferta y la demanda de trabajo están, en líneas generales, equilibradas. Incluso comienzan a aparecer señales incipientes de una recuperación de la demanda. El último informe JOLTS muestra que la ratio entre vacantes y trabajadores desempleados aumentó hasta 1,03 en mayo, su nivel más alto desde enero de 2025.

Gráfico 3: El despliegue de infraestructuras de IA está impulsando la actividad manufacturera…

Gráfico 4: … así como la creación de empleo