El Oro ha repuntado con fuerza durante las últimas tres semanas. En julio llegó a caer temporalmente por debajo del importante umbral de los 4.000 dólares por onza troy, pero desde entonces ha subido hasta los 4.500 dólares. En principio, la recuperación del oro parece haber estado impulsada por el retroceso del dólar (Gráfico 1). La estimación de crecimiento del segundo trimestre, del 1,5% interanual, se situó por debajo de lo esperado, acompañada además de unos datos más débiles del mercado laboral y de las ventas minoristas. Esto ha reducido la ventaja de crecimiento de la economía estadounidense frente al resto del mundo y, al mismo tiempo, ha moderado las expectativas de nuevas subidas de tipos en Estados Unidos (Gráfico 2). Ambos factores han pesado sobre el dólar, mientras que las entradas de capital en ETF de oro han vuelto a acelerarse (Gráfico 3).
El pasado miércoles se produjo otro fuerte movimiento al alza, impulsado por la combinación de las amenazas de Irán de atacar bases militares estadounidenses en Europa, el anuncio del Tesoro de Estados Unidos de que incrementará sus compras de bonos a más largo plazo y la renovada insistencia del presidente Trump en su deseo de que los tipos de interés bajen.
Sin embargo, más allá de los factores macroeconómicos, creemos que también están actuando fuerzas adicionales de carácter más fundamental. Quizá no sea casualidad que el oro iniciara una recuperación significativa apenas unos días después de la reunión de julio de la Fed, la primera con Kevin Warsh como nuevo presidente de la institución. Durante la rueda de prensa, Warsh ofreció pocas indicaciones sobre la futura senda de los tipos, decidió no incluir su propia previsión en el dot plot de la Fed y anunció una revisión más amplia del marco de política monetaria del banco central. En esencia, prefiere que los mercados deduzcan las perspectivas de política monetaria a partir de los datos que se vayan publicando.
Creemos que este cambio en el estilo de comunicación de la Fed probablemente favorecerá al oro. Una función de reacción menos predecible podría aumentar la volatilidad de los precios de los activos y, con ello, la demanda del metal precioso como activo de cobertura frente a la incertidumbre. Además, las frecuentes conversaciones telefónicas de Kevin Warsh con el presidente Trump están siendo objeto de un escrutinio cada vez mayor. A medida que los mercados valoran el riesgo de una posible influencia política sobre las decisiones de política monetaria, aumentan también las dudas sobre la independencia del banco central, lo que hace más probable que vuelva a cobrar fuerza la búsqueda de protección frente a una pérdida de valor del dólar.
También parece estar produciéndose un cambio de tendencia en las compras institucionales de oro. Tras la intensa actividad registrada entre 2022 y 2024, el ritmo de compras de los bancos centrales se moderó significativamente cuando el rally del oro se aceleró en 2025, hasta caer a su nivel más bajo en cuatro años cuando el precio del metal superó temporalmente los 5.500 dólares durante el primer trimestre de 2026. Sin embargo, tras la fuerte corrección y consolidación del precio durante la primera mitad de este año, las compras de los bancos centrales repuntaron con fuerza en el segundo trimestre (Gráfico 4).
En lo que va de año, las compras de oro siguen concentrándose entre los bancos centrales de los mercados emergentes. Según el Consejo Mundial del Oro (World Gold Council, WGC por sus siglas en inglés), Polonia encabeza las compras con 82 toneladas, seguida de Uzbekistán y China. Esta última añadió 20 toneladas de oro solo en julio, su mayor incremento mensual desde octubre de 2023 (Gráfico 5). Por el contrario, Rusia y Turquía han vendido 44 y 83 toneladas, respectivamente, desde comienzos de año (Gráfico 6).
Según la Encuesta sobre Reservas de Oro de los Bancos Centrales de 2026 del WGC, realizada entre febrero y mayo de 2026, el 89% de los bancos centrales encuestados espera que las reservas oficiales de oro a escala mundial aumenten durante los próximos 12 meses, mientras que un 45%, un máximo histórico, prevé que las reservas de su propia institución también se incrementen.
Por último, las nuevas compras de bancos centrales latinoamericanos y los preparativos del Banco de Corea para obtener exposición al oro a través de ETFs respaldados por el metal, aunque se trata de una vía de adquisición poco habitual, apuntan a que la demanda del sector oficial continúa ampliándose. En conjunto, todos estos factores refuerzan nuestra convicción de que el oro todavía tiene potencial alcista de aquí a finales de año.