Las valoraciones de las acciones estadounidenses de gran capitalización han caído de forma significativa, creando oportunidades atractivas y transversales a distintos sectores. La desescalada del conflicto en Oriente Medio no hace sino respaldar esta situación.
Ya hemos analizado anteriormente por qué esperábamos que la dispersión bursátil definiera las rentabilidades este año, una visión reforzada por el impacto divergente en los activos de riesgo de las preocupaciones en torno al capex de IA, la obsolescencia de los modelos de negocio y el conflicto en Oriente Medio.
Esa dispersión —la amplitud de las rentabilidades individuales de las acciones— ha alcanzado ahora niveles observados solo en grandes crisis o dislocaciones, precisamente el entorno en el que una selección de valores experta adquiere una prima y los inversores se ven recompensados por mirar más allá de la turbulencia a corto plazo.
Aunque frágil, la tregua de dos semanas declarada la semana pasada entre Estados Unidos e Irán es una evolución positiva que, con razón, impulsó a los mercados al alza. Pero no cambia nuestra opinión de que la dispersión seguirá definiendo las rentabilidades y creando oportunidades atractivas, especialmente en segmentos anteriormente desfavorecidos, como las acciones estadounidenses de gran capitalización.
Puntos de entrada atractivos
Durante algún tiempo, la valoración fue el principal obstáculo para adoptar una visión más constructiva sobre las empresas de gran capitalización estadounidense. Eso ha cambiado. Los múltiplos en los sectores financiero, tecnológico y de consumo discrecional, entre otros, han descendido de forma significativa.
Cabe destacar que las compañías tecnológicas mega-cap del grupo de los “Siete Magníficos” han visto comprimirse su PER a futuro desde aproximadamente 30x hasta 24x (entre octubre de 2025 y el 9 de abril) y, de forma más amplia, muchas large caps, que también parecían caras hace seis meses, ofrecen ahora puntos de entrada convincentes.
El contexto más amplio refuerza esta tesis. Estados Unidos sigue dependiendo menos de la energía que la mayoría de las economías desarrolladas, la manufactura vuelve a acelerarse y el mercado laboral no muestra señales significativas de deterioro. Frente al riesgo de un error de política del Banco Central Europeo, el escaso crecimiento del Reino Unido y a la notable exposición energética de Japón, Estados Unidos parece, una vez más, la mejor casa del vecindario.
Es importante señalar que ya éramos constructivos con la tesis de una ampliación del liderazgo del mercado y lo seguimos siendo ahora. La diferencia es que hoy podemos extender esa visión constructiva al mercado en general, dado que el lastre de valoración que anteriormente limitaba nuestro posicionamiento en empresas de gran capitalización se ha relajado de forma sustancial.
Un reinicio y un reajuste
El conflicto en Oriente Medio ha dominado los titulares y ha influido sobre el estado de ánimo, y sería un error restar importancia a su influencia continuada en los mercados. Pero creemos que el conflicto también ha creado, de forma algo contraintuitiva, una oportunidad.
Con la atención de los inversores centrada en los acontecimientos geopolíticos, los analistas fundamentales y los gestores de carteras, han tenido al mismo tiempo la oportunidad de apartarse del ruido y reexaminar con una mirada fresca lo ocurrido en el primer trimestre.
La venta masiva del SaaS, las preocupaciones en torno al gasto de los hiperescaladores en IA, las dudas sobre la monetización y la generación de flujo de caja libre: todo ello llegó en un lapso implacable de tres semanas que dejó poco tiempo para un análisis con cabeza fría. Por volátiles que hayan sido los mercados, ese cambio de foco ha dado a los inversores la oportunidad de reiniciarse, volver a mirar dónde se han movido las valoraciones e identificar dónde se encuentran las oportunidades reales.
Esa es precisamente la disciplina adecuada con la que afrontar el segundo trimestre. El impulso importante de este momento es el posicionamiento: identificar puntos de entrada mientras el mercado sigue en un estado de incertidumbre.
Diferenciación impulsada por fundamentales
Esto no supone apostar por un regreso a la dinámica concentrada de “7 frente a 493” que caracterizó buena parte del anterior mercado alcista. Lo que esperamos es una participación más amplia, con la tecnología sumándose, en lugar de dominar, un avance más generalizado en servicios públicos, servicios de comunicación y determinados hiperescaladores.
Dentro de la tecnología, la dispersión sigue siendo una característica definitoria. Los inversores están estableciendo distinciones significativas, recompensando a las compañías que cumplen sus objetivos en lugar de limitarse a comprar el grupo. La venta indiscriminada que caracterizó la corrección vinculada a la IA, en la que las preocupaciones por el gasto de los hiperescaladores golpearon a todo el sector independientemente del mérito individual, está dando paso a una diferenciación impulsada por los fundamentales.
El sector financiero cuenta una historia similar: éste se ha revalorizado y existen oportunidades reales de ser selectivos en múltiples subindustrias a los niveles actuales. En el conjunto del universo de las empresas de gran capitalización, la oportunidad no reside en comprar el índice, sino en actuar de forma deliberada allí donde la relación entre riesgo y rentabilidad resulta más convincente.
El atractivo de las Large Caps
En un entorno en el que los inversores globales están reevaluando sus asignaciones geográficas y volviendo a inclinarse hacia Estados Unidos, resulta cada vez más difícil justificar no inclinarse ampliamente por las empresas de gran capitalización estadounidenses —en tecnología, financieros, servicios de comunicación y más allá—.
Los puntos de entrada son más atractivos de lo que han sido desde hace tiempo, el contexto macroeconómico respalda la calidad y el lastre a corto plazo derivado de las guías de capex —ya ampliamente señalado en los comentarios de resultados del cuarto trimestre— ha sido absorbido en gran medida. A medida que arranca la temporada de resultados del primer trimestre, el foco pasa del temor por lo que las compañías puedan decir a una evaluación más asentada de dónde el crecimiento es más sólido y qué negocios están generando un flujo de caja libre duradero.
Elevadas asignaciones a liquidez, un posicionamiento contenido, una dispersión históricamente alta y un reajuste de valoraciones que ya ha hecho buena parte del trabajo pesado: todo ello apunta en la misma dirección.