Pues el otro día tuvimos la oportunidad de contar con la visita a España de Fabio Pellizzari, anterior responsable de sostenibilidad de Zürcker Kantonalbank/ Swisscanto y una de las figuras clave en el desarrollo de las metodologías de sostenibilidad de las estrategias de Swisscanto, que nos dibujó un panorama bastante menos teatral y mucho más interesante.

Swisscanto Asset Management International no se presenta como un especialista de nicho que coloca una etiqueta verde sobre un puñado de fondos de renta variable. El planteamiento que nos contaba Fabio es mucho más ambicioso. Como nos explicaba, “no somos un actor de nicho que utiliza la sostenibilidad solo en renta variable como una oferta satélite. Para nosotros, tiene que ser amplio”. Vamos, que la sostenibilidad importa de verdad. De hecho, después de la entrevista me enseñaron su herramienta digital interna de sostenibilidad. Y me pareció una pasada.

Además, tienen bien calculado el impacto de os criterios de sostenibilidad. No es un hacer por quedar bien o por ser más éticos. Que siempre está muy bien eso, claro. Pero es que aplicando sus procesos de integración de sostenibilidad puede haber contribuido a obtener mayor rentabilidad. Me decía Fabio que los factores ambientales, sociales y de gobernanza contienen también información económicamente relevante. Es decir, información útil para valorar mejor los activos y para evitar errores. En el fondo, su tesis es sencilla. Un análisis que ignore riesgos regulatorios, riesgos físicos ligados al clima, controversias reputacionales o dependencia de modelos de negocio frágiles no es un análisis más puro, sino uno más pobre.

Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista es la crítica de Pellizzari a la aparente dependencia ciega de los ratings ESG externos. Y la crítica tiene lógica. Con tantos datos, el problema no es de información, sino de exceso de ruido. Pellizzari lo resumía con una frase muy clara: “El problema con los datos de sostenibilidad es que pueden ser muy ruidosos... si quieres hacerlo bien, tienes que hacerlo basándote en tus propios modelos, modelos propietarios”.

Amén, no puedo estar más de acuerdo. Muchos inversores utilizan puntuaciones externas. Es cómodo, rápido y aparentemente objetivo. El problema es que esas calificaciones son como cajas negras.

Swisscanto responde a ese problema con modelos propios. No se queda en una cifra resumida, sino que descompone la información hasta llegar al KPI material. Es una filosofía muy razonable: no preguntarse tanto si una empresa saca notable en sostenibilidad, sino en qué variables concretas presenta fortalezas o debilidades que puedan afectar a su valoración futura.

Otro elemento diferencial es el uso de herramientas internas para integrar la sostenibilidad en la decisión de inversión antes de comprar el activo. Esto parece obvio, pero no siempre lo es. En demasiadas casas, los filtros sostenibles llegan al final del proceso. Primero se decide qué gusta y luego se comprueba si pasa el control. En Swisscanto, según explica Pellizzari, la lógica es la contraria.

Además, los gestores pueden simular reequilibrios de cartera antes de ejecutarlos para verificar si una operación mantiene la alineación con la senda de descarbonización, cumple con las exclusiones y preserva la puntuación ESG objetivo del fondo. Y esto no va reñido con la rentabilidad, sino al contrario, como mencionaba al comienzo del artículo. De hecho, Fabio decía que “Para nosotros no es una cosa o la otra... lo hacemos porque, en última instancia, queremos lograr mejores resultados de inversión con la sostenibilidad”.

La clave está en entender que la sostenibilidad, bien aplicada, no pretende sustituir al análisis financiero, sino mejorar la relación entre rentabilidad y riesgo. Puede haber fricciones a corto plazo, por supuesto. Excluir ciertos sectores puede generar desvíos temporales frente al índice, especialmente en algunos segmentos muy concretos. Pero eso no invalida el enfoque.

Una cosa que quiero resaltar porque me ha gustado es que sus inversiones temáticas son de verdad así. Me explico. A veces te puedes encontrar con un fondo que dice que invierte en una temática muy concreta y ves que luego tiene compañías que tienen menos de un 1% en relación con esa temática. Aquí, si una estrategia presume de invertir en agua, más vale que haya agua de verdad en la cuenta de resultados y no solo una gota en la presentación comercial.

Las áreas de interés que señalaba Fabio eran, entre otras, clima, agua, economía circular, economía digital y longevidad saludable, que encajan, además, con tendencias estructurales de largo plazo. No garantizan rentabilidad automática, claro. Pero sí ofrecen un marco para buscar crecimiento allí donde los cambios regulatorios, demográficos y tecnológicos pueden crear demanda persistente.

Tras el auge, la sobrerreacción y el posterior cansancio del mercado con todo lo ESG, Swisscanto detecta una oportunidad precisamente en la retirada de quienes nunca estuvieron realmente comprometidos. Menos competencia oportunista, menos sobrevaloración impulsada por modas.

Decía también Fabio que “El mundo todavía subestima el riesgo físico... los riesgos climáticos y de biodiversidad no van a desaparecer y creo que esa es una gran oportunidad”.

Sobre regulación, el tono de Pellizzari es menos complaciente. Reconoce avances en transparencia y en la lucha contra el greenwashing, pero también advierte del coste operativo del proceso. “Sí, se ha vuelto más transparente, pero también se ha vuelto muy operativo y mucha de la innovación ha desaparecido en los últimos dos o tres años”. Es un diagnóstico que probablemente comparten muchas gestoras. Yo también.

Por no alargarme, quiero dar las gracias a Fabio y a Zürcher Kantonalbank/ /Swisscanto, quienes han entendido desde hace mucho tiempo que la sostenibilidad no es una moda, sino una filosofía de inversión estructural y que aporta rentabilidad cuando se hace bien.