Durante mucho tiempo se ha dicho que la política de la Reserva Federal (Fed) suele tener un impacto significativo en los mercados emergentes. ¿Hasta qué punto el argumento a favor de la deuda de los mercados emergentes depende de que la Fed comience a recortar los tipos de interés?
Un contexto de política monetaria más acomodaticia por parte de la Reserva Federal, con bajadas de tipos, definitivamente ayuda a los mercados emergentes. Sin embargo, para nosotros no constituye necesariamente la base de la tesis de inversión en esta clase de activo. Actualmente, seguimos viendo factores fundamentales, técnicos y de valoración que continúan siendo favorables para los mercados emergentes. Es decir, aunque una Reserva Federal más flexible puede ser positiva, no dependemos exclusivamente de ese escenario para mantener una visión constructiva.
Otro elemento importante es la evolución del dólar estadounidense. En un contexto en el que exista un sesgo hacia el debilitamiento del dólar frente a su índice, este factor también suele ser positivo para los mercados emergentes. La combinación más favorable para esta clase de activo suele ser la de tipos a la baja y un dólar débil o en proceso de depreciación. No obstante, incluso si solo se cumple una de esas dos variables, el entorno puede seguir siendo atractivo.
En nuestro caso, consideramos más importante que los tipos de la Reserva Federal no suban a que necesariamente bajen. Nuestro escenario base para lo que resta de 2026, o para los próximos 12 meses, no está condicionado a una expectativa de relajación monetaria. Si los tipos se mantienen estables, creemos que ese entorno sería suficiente para que los retornos en mercados emergentes continúen siendo positivos.
Tras la recuperación de los diferenciales (spreads), ¿siguen siendo atractivas las valoraciones de la deuda de los mercados emergentes? ¿Es sostenible esta tendencia?
Es difícil argumentar que los spreads actuales sean especialmente amplios en términos absolutos, ya que se encuentran cerca de la parte baja de sus rangos históricos. Sin embargo, en términos relativos, siguen resultando atractivos cuando se comparan con los mercados desarrollados. Esto es especialmente visible en la deuda high yield de mercados emergentes, tanto soberana como corporativa, frente al crédito corporativo high yield estadounidense. En esa comparación, los mercados emergentes mantienen una ventaja relativa.
Si pensamos, por ejemplo, en los spreads de deuda soberana high yield emergente, que se sitúan cerca de los 400 puntos básicos, el punto de entrada sigue pareciéndonos atractivo. Y esto es así incluso sin asumir una compresión adicional de spreads.
De hecho, en nuestro escenario base no contemplamos necesariamente una compresión de diferenciales. La clave está en el nivel actual de rendimiento. La subida pronunciada de los tipos en lo que va de año, especialmente en la parte delantera de la curva, ha hecho que el rendimiento sea hoy más relevante que el spread.
Ese rendimiento ofrece un margen de seguridad importante de cara a los próximos 12 meses. Incluso si se produjera cierta presión al alza en tipos o spreads, el nivel de rentabilidad actual podría permitir generar retornos positivos.
Por tanto, nuestra visión se basa en una combinación de rendimiento atractivo y valor relativo favorable de los mercados emergentes frente a los mercados desarrollados.
Usted gestiona un fondo de deuda de mercados emergentes de corta duración. ¿Por qué resulta atractiva una estrategia de este tipo en el entorno actual y qué papel desempeña en las carteras de los inversores?
La estrategia de corta duración en deuda emergente está diseñada precisamente para escenarios con un mayor grado de incertidumbre, pero que todavía ofrecen un perfil favorable de rendimiento.
En lo que va de año, la parte delantera de la curva de tipos estadounidense ha sido la que ha sufrido mayor presión al alza. El bono del Tesoro estadounidense a dos años se ha situado por encima del 4% y ha registrado una subida de casi 60 puntos básicos. En cambio, el bono a diez años ha subido alrededor de 35 puntos básicos.
Esto ha dado lugar a una curva prácticamente plana. En este contexto, no se sacrifica demasiado rendimiento —o casi ninguno— por posicionarse en la parte delantera de la curva.
Esa es precisamente la lógica de esta estrategia, que tiene una duración cercana a los dos años y medio y ofrece actualmente un rendimiento próximo al 6%. Este nivel no está muy alejado del rendimiento de una estrategia con duración completa.
En un entorno en el que persiste la incertidumbre en torno a la inflación —agravada por factores como el conflicto en Oriente Medio y su impacto en los precios de la energía—, la política monetaria seguirá siendo un factor clave para los bancos centrales.
Si esa incertidumbre se prolonga y retrasa el proceso de relajación monetaria, o incluso si la Reserva Federal se viera obligada a subir tipos, la parte delantera de la curva debería verse menos afectada gracias a su menor duración.
Cuando realizamos pruebas de estrés con escenarios de subidas de tipos o ampliación de spreads, el punto de entrada actual, con un rendimiento cercano al 6%, ofrece suficiente margen para absorber movimientos negativos y aun así generar retornos positivos.
Otro aspecto importante es la forma en la que está diseñada la estrategia. Aunque se trata de una solución conservadora por construcción, también busca mantener un perfil de rendimiento atractivo. La cartera mantiene una calificación media de BBB-. Esto implica que combina exposición a emisores soberanos y corporativos de alto rendimiento con emisores de mayor calidad crediticia.
El objetivo es construir una cartera equilibrada que mantenga ese perfil medio de BBB-. Esta característica, junto con una duración reducida, permite limitar el riesgo frente a otras categorías de deuda emergente. Por ejemplo, el universo soberano representado por índices como el EMBI suele tener una calificación media inferior, en torno a BB o BB+. Frente a ello, esta estrategia presenta un perfil de crédito más defensivo. Además, la exposición es exclusivamente en moneda dura, principalmente dólares estadounidenses, con cierta exposición en euros cubierta de nuevo al dólar. De esta manera, se evita asumir riesgo de divisa.
En conjunto, consideramos que se trata de una de las formas más conservadoras de acceder a la deuda externa emergente, tanto soberana como corporativa, sin sacrificar en exceso el rendimiento y limitando las posibles caídas.
¿Cuál es el posicionamiento actual del fondo NB Short Duration Emerging Market Debt Fund?
Una característica relevante de esta cartera es que no está ligada a un índice de referencia tradicional. El objetivo es generar un retorno superior al efectivo, que definimos como una letra del Tesoro estadounidense a tres meses. Esto significa que no estamos obligados a mantener ningún activo concreto en cartera. La estrategia cuenta con una elevada diversificación regional.
A modo de ejemplo, Latinoamérica representa aproximadamente un 26% de la cartera; Asia, alrededor de un 15%; Oriente Medio y África, cerca de un 34%; y Europa, principalmente Europa del Este, en torno a un 15%.
En total, la cartera cuenta con exposición a más de 40 países. Aproximadamente la mitad está invertida en deuda soberana, cuasisoberana, subsoberana y supranacional. Estas categorías incluyen emisores como provincias, ciudades y organismos supranacionales de alta calidad.
La otra mitad de la cartera está invertida en deuda corporativa.