Esta situación debería normalizarse, dada la necesidad de reponer las reservas durante las próximas semanas.
Esta perspectiva de mejora debería seguir dando impulso a los mercados, a pesar de la acusada volatilidad que registran algunos segmentos como la tecnología y la IA, donde las cotizaciones ya descuentan muchas buenas noticias. Seguimos siendo optimistas respecto a las acciones estadounidenses y europeas.
Seguimos pensando que los efectos negativos de la crisis energética todavía deberían sentirse en este comienzo del tercer trimestre. El índice global de JPMorgan para el mes de junio, que recopila las encuestas PMI de S&P para el sector manufacturero, apunta a una desaceleración general de la actividad. En EE. UU., la encuesta del ISM para el sector industrial ha confirmado esta tendencia, evidenciada sobre todo en un descenso de los nuevos pedidos. La normalización gradual de los suministros y la caída de los costes energéticos deberían invertir esta tendencia.
En la zona euro, la desaceleración también es visible, aunque varía según los países: en Francia se observa un repunte de la actividad, mientras que los países del sur de Europa registran una desaceleración. La atenuación de la crisis energética debería permitir que la economía europea recupere el pulso en otoño. Las cifras de inflación han resultado ser más bajas de lo esperado en tasa interanual. Así, la inflación total se ha frenado hasta el 2,8 % y la inflación subyacente, hasta el 2,4 %. Seguimos pensando que el BCE no tocará los tipos de interés de referencia en 2026.
En China, las encuestas definitivas de los PMI de S&P muestran una desaceleración de la actividad en la industria y los servicios. La actividad mantiene un dinamismo muy moderado, sostenido principalmente por la demanda exterior. En Japón, la actividad industrial se expandió durante el mes de junio. Con un yen en niveles bajos y los efectos favorables de los estímulos presupuestarios, la industria mantiene una dinámica positiva.