Con la inflación volviendo a superar el 3% en la eurozona y el mercado esperando otra subida de tipos del BCE, ¿crees que los inversores deben asumir que los tipos altos han venido para quedarse? ¿Cómo cambia eso la decisión entre tener bolsa, renta fija o liquidez en cartera?

Llevamos muchos meses por encima del objetivo de inflación del Banco Central Europeo, que es el 2%, y esto obliga a reaccionar al Banco Central. Sin embargo, todavía los tipos están por debajo de la inflación; es decir, tenemos tipos reales negativos. Esto, unido a una política fiscal muy expansiva, hace que el mercado estime que por ahora no hay visos de reducirse la inflación, porque haría falta o unos tipos reales claramente positivos o una política fiscal más restrictiva. Como no hay ninguna de las dos cosas, eso es lo que están descontando. 

El petróleo vuelve a acercarse a los 100 dólares y el riesgo geopolítico está alimentando de nuevo la inflación. ¿Qué tipo de empresas crees que pueden defender mejor sus márgenes en este escenario y cuáles evitarías aunque aparentemente estén baratas?

Las que mejor pueden defender sus márgenes son las que tienen más ventajas competitivas; es decir, aquellas en las que si subes los precios para repercutir el incremento de costes no vayas a tener una reducción de demanda. 

Las que evitaría serían aquellas que estén muy endeudadas y que dependan de la refinanciación, tanto porque si suben los costes van a tener mayores costes financieros, como porque si les cortan la financiación van a tener que reestructurarse, reorganizarse o, como mínimo, disminuir sus planes de crecimiento.

Después de varios años en los que la inteligencia artificial y las grandes tecnológicas han concentrado buena parte de las subidas bursátiles, ¿te preocupa que se estén pagando precios demasiado altos por esas expectativas? ¿Dónde encuentras hoy mejores oportunidades que el mercado esté ignorando?

No hay que considerar el mercado como un todo. Por ejemplo, dentro de la inteligencia artificial tenemos un submercado, que es el de GPUs o chips, donde Nvidia tiene una posición dominante que hace que casi todo tipo de desarrollador, directa o indirectamente, dependa de sus GPUs. Ahí la posición competitiva es fuerte y tiene un pseudomonopolio que además se está distanciando cada vez más de los nuevos competidores. Se habla mucho de que va a haber nuevas entradas, pero lo que nadie ve es todo lo que está haciendo Nvidia para mantener su posición competitiva. En ese nicho no vemos una sobrevaloración, sino incluso una oportunidad de inversión.

En otras áreas de la inteligencia artificial, como son los laboratorios de IA (Anthropic, OpenAI, Gemini o los competidores chinos), vemos una competencia salvaje para dominar el mercado y tener la tecnología de vanguardia. En esto lo que estamos viendo es un proceso de «destrucción creativa», en el cual se invierte muchísimo dinero y casi todo el resultado (output) se lo lleva el consumidor, sin que esas inversiones queden justificadas por los ingresos. Ahí sí vemos un problema. Ocurrió lo mismo a los inicios de la burbuja de internet: casi todo lo nuevo que se conseguía se lo llevaba el usuario sin ser cliente y sin pagar.

La subida de las rentabilidades de los bonos hace que un inversor pueda obtener retornos atractivos sin asumir todo el riesgo de la bolsa. ¿Qué rentabilidad exigirías hoy a una acción para que merezca la pena comprarla frente a un bono?

Una acción, por tener más riesgo, necesariamente requiere exigirle un retorno mayor que a un bono. Lo que pasa es que hay que tener en cuenta el crecimiento. Mucha gente, cuando analiza, se fija solo en si hoy vía dividendo le da más que el cupón del bono en interés. 

Sin embargo, si inviertes a largo plazo en un bono obtienes una rentabilidad fija (asumiendo que no varía la cotización o que no cotiza), una cantidad fija todos los años. Si inviertes en una acción, tienes una cantidad variable, pero normalmente creciente. Ese crecimiento y esas expectativas del negocio a futuro es lo más relevante y lo más difícil de valorar.

Avantage Fund tiene ahora una exposición neta a renta variable del 66%. ¿Qué tendría que ocurrir en los mercados para que decidieras reducir claramente esa exposición, y qué tendrías que ver para llevarla por encima del 80%?

Si la complacencia fuese a más, las valoraciones siguiesen disparadas y los bonos ofreciesen mejores oportunidades, la cartera se adaptaría y habría más bonos. Ahora mismo la parte de renta fija en cartera tiene una rentabilidad superior al 8,5%.

Para que aumentase la renta variable tendría que ocurrir que cayesen fuertemente las cotizaciones y viésemos oportunidades sin necesidad de un deterioro de las expectativas del negocio. Esto ha ocurrido, por ejemplo, en la pandemia, cuando se superó el 80% de inversión neta en renta variable; y también tras los anuncios de aranceles de Trump, cuando muchas compañías se pusieron a niveles muy atractivos y, puntualmente, el fondo volvió a tener una exposición neta superior al 80% en renta variable.

Esta es una palanca más que tiene Avantage Fund, no solo la selección de valores individuales, para terminar dando una buena rentabilidad. En sus 12 años de vida ha registrado una rentabilidad anualizada del 10% con un riesgo muy contenido de 3 sobre 7 según la escala de la CNMV, logrado principalmente con la selección de valores, pero también ajustando el nivel de inversión según las circunstancias del mercado.