El euro ha tenido un rendimiento inferior al de la mayoría de sus comparables del G10 en la primera mitad de 2026 y, a corto plazo, hay pocos elementos que favorezcan a la moneda única. En cambio, el dólar se ha fortalecido tras el giro restrictivo de la Fed.
Las perspectivas a corto plazo del euro siguen siendo inciertas
En el primer semestre, en el mercado de divisas del G10, el euro solo se ha apreciado frente a la corona sueca, mientras que se ha depreciado más de un 3 % frente al dólar y hasta un 6% frente al dólar australiano (Gráfico 1).
Gráfico 1: en lo que va de año, el euro ha registrado un rendimiento inferior al de la mayoría de las divisas del G10
Mientras la Fed ha adoptado un tono más restrictivo debido a la reaceleración cíclica impulsada por la inversión en IA, la eurozona se enfrenta a un crecimiento estancado, lo que genera dudas sobre el grado de endurecimiento que el BCE podrá aplicar finalmente.
No obstante, una mayor debilidad del euro parece limitada, ya que la moderación de los precios de la energía compensa parcialmente estos vientos en contra. Además, el par EUR/USD ya descuenta unos datos macro europeos muy débiles, lo que implica que el umbral para que se produzcan sorpresas positivas es relativamente bajo.
Se estima que el cierre prolongado del estrecho de Ormuz reducirá el crecimiento del PIB europeo en un 0,3% este año. Es más, el impulso esperado del paquete fiscal de Alemania apenas se ha materializado. Las principales compañías europeas de defensa tienen una gran cartera de pedidos pendientes y la crisis de Irán ha llevado al Gobierno alemán a desviar parte de su inversión prevista en infraestructuras hacia el gasto social de emergencia. En consecuencia, prevemos que la eurozona crezca solo un 0,5% interanual en 2026. En este contexto, la presidenta del BCE, Lagarde, restó recientemente importancia a las preocupaciones sobre la inflación de segunda ronda.
La fortaleza del dólar estadounidense condiciona la evolución de los mercados bursátiles
Los mercados bursátiles globales se han enfriado de forma notable en las últimas semanas. Alcanzaron su punto máximo el 2 de junio, coincidiendo con la debilidad del sector tecnológico y el liderazgo de los sectores defensivos frente a los cíclicos. Una de las razones clave de este giro ha sido la fortaleza del dólar estadounidense. La divisa ha cambiado de rumbo tras el giro restrictivo de la Fed, que reaccionó al repunte de la inflación subyacente.
A pesar de la caída del precio del petróleo, es poco probable que las presiones inflacionistas se moderen en los próximos meses, lo que seguirá dando apoyo al dólar. Al menos temporalmente, esto debería continuar beneficiando a la renta variable suiza y a los segmentos más defensivos del mercado.
No obstante, las implicaciones de un dólar estadounidense más fuerte en los mercados de renta variable no siempre son evidentes, aunque siguen un patrón. Los sectores más defensivos suelen obtener mejores resultados, siendo el de la salud el mayor beneficiario, dada la gran exposición de este sector a las ventas en EE.UU. (Gráfico 2). Los sectores más cíclicos, como el industrial global y el de materiales, están más estrechamente vinculados al ciclo europeo o dependen de los precios de las materias primas, que a su vez tienden a verse afectados negativamente por un dólar estadounidense más fuerte. Por regiones, la renta variable suiza suele ser la que más se beneficia de un dólar estadounidense más fuerte, impulsada en parte por el apoyo a los valores del sector sanitario.
Gráfico 2: coeficiente de correlación sectorial ante un dólar estadounidense más fuerte
En el caso de la renta variable de mercados emergentes, los factores impulsores han cambiado en los últimos años y dependen casi por completo de los fabricantes de chips coreanos y taiwaneses. Para ellos, un dólar estadounidense más fuerte supone un factor de apoyo marginal, ya que la mayor parte de sus exportaciones se dirigen a EE.UU.
En cuanto a la renta variable estadounidense, las oscilaciones del dólar suelen afectar a las revisiones de beneficios con un desfase de tres meses. Así ocurrió a principios de 2025, cuando la fuerte depreciación del dólar en el primer trimestre dio lugar a sorpresas positivas en los beneficios a partir del segundo trimestre. Del mismo modo, cabría esperar que el actual ciclo de revisión al alza de los beneficios en EE.UU. se modere en las próximas semanas. Las empresas con exposición global en los sectores de hardware y software, así como en los sectores industrial, energético y de materiales, suelen ser las más expuestas a un dólar más fuerte. Es posible que el impacto de un dólar más fuerte aún no se refleje en los resultados publicados del segundo trimestre, pero debería empezar a afectarlos a partir del tercero.
Gráfico 3: se prevé que el ritmo de revisión al alza de los beneficios netos en EE.UU. se ralentice en los próximos meses
Aun así, incluso si los beneficios se ven afectados por el efecto divisa, nuestro escenario central para la segunda mitad del año sigue siendo de subida adicional del mercado. Esto se justifica no solo por la fortaleza persistente de la cadena de suministro de IA, sino también porque las valoraciones resultan ahora mucho menos exigentes que hace apenas unos meses.