El fondo FF2 Transition Materials se centra en los recursos clave para la transición energética. ¿Cuáles son los materiales que consideráis más críticos en este momento (cobre, litio, tierras raras...) y por qué?
Fidelity Transition Materials invierte sobre todo en compañías que extraen, producen o procesan materiales y materias primas clave para una economía baja en carbono. Es decir, aquellos materiales sin los cuales la electrificación, las baterías, las energías renovables y el transporte limpio o la eficiencia industrial no serían posibles. ¿Qué materiales son esos? Pues, entre otros, hablamos de cobre, litio, níquel, aluminio, uranio, tierras raras, fertilizantes, materiales reciclados y otras soluciones basadas en recursos naturales. No solamente son imprescindibles para reducir las emisiones de CO2, sino que, con toda la incertidumbre geopolítica que tenemos actualmente, la necesidad de este tipo de materiales se está volviendo también mucho más estructural. Por un lado, los shocks por el lado de la oferta son más persistentes. En segundo lugar, se manifiesta aún más la necesidad de dejar de depender externamente de las actuales fuentes de energía, lo que, consecuentemente, deriva en una potencial aceleración de la inversión en renovables y en las materias primas que se necesitan, para esta transición. Por último, los riesgos de una inflación más elevada y persistente han aumentado, lo que vuelve a poner en valor activos positivamente sensibles a este entorno, como las compañías ligadas a materiales y recursos.
Analizando el cierre de 2025 y el primer trimestre de este 2026, ¿cuáles han sido los principales motores de rentabilidad del fondo?
La verdad es que 2025 fue un año espectacular para el Transition Materials de Fidelity, que acumuló más del 60% de rentabilidad frente a un 22% el índice que representa la renta variable global. Esto en dólares. En cuanto al 2026, arrancó también muy bien, pero en marzo, con todo el conflicto Oriente-Medio, acusó una caída superior al 10%. En abril recuperó parcialmente, por lo que la rentabilidad ‘year to date’ (entre enero y abril) es de alrededor de un 14% frente a un 6% que sería lo que ha acumulado el mercado renta variable a nivel global para estos mismos meses. ¿Lo más destacable como motores de rentabilidad? Por un lado, los criterios de gestión activa, aplicados en combinación con un análisis muy detallado, el contexto sectorial y macro, que deriva en una cartera de elevada convicción y concentrada, con un claro enfoque a calidad y a valor. Y, por otro lado, la sobreponderación a algunos materiales clave, como, por ejemplo, al cobre, no solo por la demanda estructural por parte de redes eléctricas, renovables e inteligencia artificial, sino también por las disrupciones por el lado de la oferta. Otro ejemplo sería oro y plata, aunque el Transition Materials de Fidelity tiene exposición más bien residual; pero no hay duda de que la incertidumbre y la demanda como activo refugio han estado contribuyendo positivamente a esta exposición. Además, hay que tener en cuenta que la plata también es uno de esos insumos industriales utilizados para la energía solar y la electrónica.
En líneas generales, por dar un tercer punto, también destacaría como motor de rentabilidad durante este periodo 2025-2026, la exposición a uranio y gases industriales, cuya demanda está bastante desvinculada de las tensiones geopolíticas actuales, y además tiene valoraciones que hay que destacar que son muy razonables. Y el discurso sobre la energía nuclear ha vuelto a primera plana, recuperando cierto apoyo político en Estados Unidos y en Europa, y eso también ayudó.
Hablando del contexto actual. ¿Cómo están impactando factores como los tipos de interés o la fragmentación geopolítica en la oferta y demanda de estos materiales de transición?
A corto plazo es verdad que unos tipos de interés más altos y el encarecimiento de la energía han provocado el cierre de algunas posiciones y la toma de beneficios en metales como, por ejemplo, el cobre y la plata. El aumento de la volatilidad no altera realmente la demanda de fondo, que sigue vigente porque la electrificación, los centros de datos y la transición energética, al final van a necesitar y necesitan grandes cantidades de metales como cobre, como aluminio o como uranio. Además, cuando la inflación es más persistente y el dólar se debilita, las materias primas también suelen verse favorecidas, ya que pueden actuar como una alternativa para protegerse frente a la inflación, y además muchos productores mejoran también sus márgenes de beneficios porque sus costes no están en dólares.
Donde el impacto es más claro, quizás, es en la geopolítica, especialmente por el lado de la oferta. Las tensiones internacionales están es provocando disrupciones en el suministro y haciendo que algunos materiales sean vistos como más estratégicos. Un buen ejemplo de esto sería el uranio: la menor dependencia del suministro ruso y la preocupación por la seguridad energética están reforzando que haya un mayor interés por productores y socios comerciales alternativos. Lo que también ocurre con China o incluso con Oriente Medio, porque hay un claro deseo de reducir dependencias de estos países. El resultado, más apoyo político a sectores como las tierras raras, las baterías o el uranio, y una oferta que se vuelve más rígida.
El mensaje clave es que los tipos de interés y el dólar influyen en el corto plazo y que, a pesar de que la geopolítica está endureciendo la oferta, la demanda de materiales de transición sigue impulsada por factores energéticos, factores tecnológicos y, como no, también estratégicos.
Se habla mucho de que no hay suficientes minas o capacidad de refinamiento para cumplir con los objetivos climáticos de 2030. ¿Consideráis que esta falta de oferta es el mayor viento de cola para los precios de estos materiales?
Claramente, la falta de oferta es uno de los principales vientos de cola para el precio de estos materiales. No se trata solo de que falten minas o que haya poca capacidad de refinado; abrir nuevas minas no es algo que se pueda llevar a cabo rápidamente, sino que puede llevar varios años o incluso una década. Y en paralelo, la demanda sigue aumentando por la transición y la seguridad energética o la electrificación. A esto se suman, tensiones geopolíticas que están dificultando aún más el suministro y haciendo que los gobiernos apoyen activamente sectores estratégicos como el uranio o las baterías. Por eso, cuando tienes una demanda estructural y una oferta limitada y que no puede reaccionar de forma rápida, lo normal es que los precios de los materiales de transición acaben teniendo un potencial al alza y un potencial recorrido como inversión temática.
De cara al resto de 2026, ¿en qué subsectores o regiones geográficas estáis encontrando las valoraciones más atractivas?
Por industrias o por subsectores encontramos valoraciones interesantes en productores de uranio, especialmente fuera de Rusia, un poco hilado con lo que ya he dicho, ya que en muchos casos todavía no se está reflejando ese respaldo político y de seguridad energética que comentaba antes. Otro subsector sería el de tierras raras o materiales críticos, que es un área donde hay necesidad de buscar socios comerciales alternativos a China para diversificar aún más las cadenas de suministro. Y también encontramos valoraciones muy razonables en el área de productos químicos y soluciones industriales, tipo los biofueles o gases industriales, en nombres cuyas valoraciones han sufrido por toda la volatilidad derivada del conflicto oriente, pero cuyos fundamentales siguen siendo buenos. Por darte un ejemplo, uno de los mayores grupos agroindustriales del mundo, que se llama Bunge, tradicionalmente ligado a la soja, aceites vegetales y trading agrícola, hoy es una pieza clave en la cadena de suministro de los biocombustibles y del diésel renovable. Su sede legal está en Ginebra (Suiza), pero su sede operativa está en Missouri (Estados Unidos) y es ahí donde cotiza. El ejemplo de Bunge explica cómo la transición energética también pasa por la agricultura y es una fuente de energía más doméstica y menos dependiente ahora mismo de las rutas como Ormuz.
A nivel geográfico destacaría tres regiones o países donde las valoraciones también nos atraen. Por un lado, tendríamos Europa y algunos de los países aliados, donde la necesidad de independencia energética y repatriación de industrias está derivando y apoyando inversiones en materiales clave. Destacaría también a Australia y Canadá, que son dos países ricos en recursos energéticos, bastante estables, con marcos regulatorios claros y que creemos que están cotizando con descuento frente a su valor estratégico. Ya por último, de forma muy selectiva, también nos gustan algunos emergentes que estén sobre todo bien posicionados en cobre, en uranio o en metales un poco más diversificados. Por dar también un ejemplo aquí en esta parte más geográfica, el fondo invierte en una compañía minera peruana, sobre todo productora de cobre y oro que se llama Buenaventura. Es una empresa con muy buena gobernanza, con una disciplina de capital y bien dirigida, y con unas perspectivas además de desarrollar nuevos proyectos que vengan a beneficiarse de la edificación global.