Cabe señalar que la posición de Francia, ya decepcionante en el estudio de 2022, se ha deteriorado aún más; en el caso de España, se sitúa por debajo de Francia en términos de rendimiento medio dentro de la Unión Europea. Sin embargo, ambos países están lejos de ser los únicos afectados por el descenso en el nivel de dominio de las competencias escolares y funcionales. Las competencias en matemáticas y lectura, que ya en 2022 registraron un fuerte descenso con respecto al estudio de 2018, han retrocedido notablemente en la OCDE. Entre 2015 y 2025, la caída se cifra en 28 puntos en lectura y 22 puntos en matemáticas, lo que equivale a un año y a un año y medio menos de aprendizaje, de acuerdo con el marco de la OCDE.
Las causas aducidas son numerosas: el impacto de la crisis del COVID, la omnipresencia de las pantallas, la menor exigencia en la transmisión de los conocimientos básicos... Las razones de este hundimiento deberán ser objeto de un diagnóstico preciso, pero también conviene prestar atención a las consecuencias potenciales a largo plazo de dicho fenómeno, sobre todo en el plano económico. Los trabajos de los investigadores Eric Hanushek y Ludger Woessmann, así como la puesta al día de sus investigaciones que publicaron en 2023 Gabriel Heller-Sahlgren y Henrik Jordahl, han demostrado la correlación a largo plazo entre las competencias cognitivas de la población y el crecimiento económico.
Estos autores distinguen dos mecanismos: por un lado, la base de competencias mínima de la mayoría de los alumnos, que influye en la empleabilidad, la capacidad para adoptar nuevas tecnologías y, en última instancia, la productividad media; y, por otro, la parte superior de la distribución o, dicho de otro modo, las competencias de los alumnos más dotados, que tiene más influencia en la capacidad de innovación, la investigación y el emprendimiento tecnológico. Además, la actualización de las investigaciones en 2023 llega a la siguiente conclusión: la proporción de alumnos brillantes presenta una correlación más fuerte con el crecimiento a largo plazo que el mero porcentaje de la población que alcanza un nivel mínimo de competencias.
Desde este punto de vista, la buena noticia del informe PISA 2025 reside en el hecho de que el porcentaje de alumnos brillantes no ha variado mucho con respecto a 2025. No obstante, la caída de algunas competencias ha sido manifiesta, incluso en los deciles con mejores resultados, sobre todo en lo que respecta a la comprensión escrita. Además, la OCDE incide en el retroceso de las competencias (en comprensión escrita) más esenciales en la era de la IA: la evaluación de la información, la capacidad para establecer vínculos entre varias fuentes y el espíritu crítico. El riesgo parece doble: por un lado, el descenso de la empleabilidad y de la productividad media de la población, más aún si cabe si las competencias que se deterioran son las que le permitirían ser complementaria a la IA, y no reemplazable por ella; por otro, el deterioro de las competencias también en los deciles con mejores resultados, con el riesgo de descenso del porcentaje de alumnos brillantes, donde correlación con el crecimiento a largo plazo es más fuerte.
Sin embargo, conviene matizar. En primer lugar, la encuesta PISA solo mide una parte del capital humano y, por lo tanto, no puede ser una vara para medir de forma completa la productividad futura. En segundo lugar, el estado de las competencias que se mide a la edad de 15 años no es inamovible y puede mejorarse durante los años posteriores y durante la formación profesional. Por último, un movimiento a lo largo de una década no basta para efectuar cálculos precisos de impacto a largo plazo. No es menos cierto tampoco que el rendimiento académico no puede abordarse exclusivamente desde un ángulo social. Su impacto económico a largo plazo es real y las tendencias recientes en numerosos países exigen una concienciación urgente.