Tras casi seis semanas de interrupciones, el Estrecho de Ormuz se dispone a reabrir tras el acuerdo de alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos. Irán ha asegurado que garantizará el paso seguro de los buques “en coordinación con sus fuerzas militares y teniendo en cuenta las limitaciones técnicas”, según el ministro de Exteriores iraní. En este contexto, el precio del crudo Brent ha caído en torno a un 15%, hasta aproximadamente 95 dólares por barril.

El presidente Trump afirmó que “casi todos los puntos de desacuerdo han sido resueltos entre Estados Unidos e Irán”, añadiendo que este alto el fuego de dos semanas pretende dar tiempo para cerrar un acuerdo más amplio. Las declaraciones desde Irán han sido más prudentes. Teherán reconoce que las negociaciones siguen en curso y hace referencia a dos marcos de negociación distintos, que coinciden principalmente en la retirada de sanciones, pero difieren en las condiciones asociadas a dicho levantamiento.

Según informaciones aún no confirmadas, Estados Unidos habría planteado un plan de 15 puntos que incluiría el desmantelamiento del programa nuclear iraní, limitaciones a su capacidad de misiles balísticos, la reapertura del Estrecho de Ormuz y el fin del apoyo iraní a grupos regionales, a cambio de la eliminación total de las sanciones. Por su parte, los detalles completos de un plan iraní de 10 puntos no han sido revelados. 

Propuestas anteriores de Irán incluían el levantamiento de sanciones, demandas de “reparaciones” (posiblemente financiadas mediante intereses de tránsito por el Estrecho de Ormuz), la continuación del enriquecimiento de uranio y el cierre de bases militares estadounidenses en la región.

Se espera que Pakistán acoja la próxima ronda de negociaciones, que podría incluir reuniones presenciales. Sin embargo, sigue sin estar claro cómo se resolverá el principal punto de fricción: el programa nuclear iraní frente a las garantías de seguridad exigidas por Estados Unidos. Tampoco está definido el impacto en el equilibrio regional ni las consecuencias políticas en Estados Unidos, donde la ratificación de cualquier acuerdo podría enfrentarse a oposición interna. 

Esto aumenta el riesgo de nuevas iniciativas potencialmente disruptivas como elemento de distracción política. En este contexto, parece justificado que persista, e incluso aumente, una prima de riesgo geopolítico en los precios de la energía. El alto el fuego también otorga a los bancos centrales globales más tiempo para evaluar las implicaciones de este nuevo shock de oferta sobre el crecimiento y la inflación, reduciendo el riesgo de subidas de tipos de interés a corto plazo.