Las tensiones geopolíticas y los riesgos en rutas clave de suministro han vuelto a presionar los costes de la energía. Aunque parece que estamos más cerca de la resolución del conflicto, ¿hasta qué punto este factor puede lastrar el crecimiento en Europa?
En Europa somos muy dependientes de la energía fósil porque no somos productores. Tenemos capacidad en energías renovables y cada vez estamos incrementándola más para reducir esa dependencia y avanzar hacia una mayor soberanía energética, pero a día de hoy seguimos teniendo una dependencia total del gas y del petróleo. Por lo tanto, todo lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, así como las expectativas sobre cuánto tiempo permanecerá abierto y cómo evolucionará la circulación de los buques petroleros, es un factor fundamental. De hecho, creo que ese nerviosismo y la falta de claridad sobre si habrá un cierre o una apertura están provocando también que las expectativas de inflación y el comportamiento de los bonos sean más volátiles. Todo esto viene generado por el precio del petróleo, que sigue siendo la principal fuente de energía que utilizamos en Europa.
¿Cuáles son las previsiones de crecimiento en Europa y Estados Unidos?
La economía nos ha demostrado que está siendo más resiliente de lo que se esperaba ante el efecto shock que podría tener el cierre del estrecho de Ormuz. No obstante, sí hemos tenido que revisar a la baja nuestras previsiones debido a esa dependencia energética y al hecho de que no somos productores a nivel europeo. Hemos reducido la previsión de crecimiento desde un 1,4% que teníamos estimado en septiembre de 2025 para todo el año 2026, hasta la última revisión realizada en junio, en la que estimamos un crecimiento del 0,9%. Principalmente, esta revisión viene explicada por el desgaste que está provocando la inflación sobre la economía europea en general. En Estados Unidos hemos mantenido una mayor estabilidad, con una previsión de crecimiento del 2%, un nivel considerado cercano al crecimiento potencial, es decir, la capacidad que tiene la economía de crecer de forma sostenible en condiciones normales. Lo que nos ha demostrado esta situación es que la economía estadounidense presenta una mayor resiliencia, no solamente frente al shock del petróleo, sino también ante unos mayores costes de producción.
En cuanto a la política monetaria, ¿cuál es la hoja de ruta que manejan en DWS para los principales bancos centrales?¿Hay riesgo real de ver un tono más restrictivo en la Eurozona si se mantiene el conflicto sin solución?
A nosotros no nos cabe duda de que el Banco Central Europeo quiere mantener su nivel de confianza y, para ello, debe mantener unos tipos de interés adecuados al nivel de inflación actual. Ahora mismo tenemos una inflación en torno al 3,2% en Europa y los tipos de interés se sitúan en el 2,25% tras la última subida de tipos. ¿Qué ocurre? Que esta situación también se combina con un crecimiento más débil por parte de la eurozona, pero no es el principal factor que va a determinar la decisión del Banco Central Europeo; el factor clave sigue siendo la inflación. Y como la inflación continúa alejada de ese 2%, que es el objetivo marcado, pensamos claramente que en los próximos meses y antes de final de año debería producirse otra subida de 25 puntos básicos. No para aplicar una restricción sobre el dinero, sino para acomodar los tipos al nivel de inflación actual, que se sitúa en el 3,2%.
¿Qué podemos esperar de los tipos de interés en Estados Unidos?
En Estados Unidos, a diferencia de Europa, los tipos de interés se sitúan en el 3,5%. Esto nos está indicando que, con un nivel de inflación en torno al 4%, la política monetaria actual podría considerarse adecuada al nivel de inflación existente. No obstante, también es cierto que la Reserva Federal no tiene únicamente como objetivo la estabilidad de precios o el control de la inflación, sino también el crecimiento económico. Y por ahora, el crecimiento en Estados Unidos sigue siendo robusto: el desempleo se sitúa en una tasa del 4,3%, frente al 6,3% en Europa. Por lo tanto, la economía estadounidense continúa funcionando bien. Ahora bien, el nivel de inflación, situado en torno al 4%, sigue siendo elevado. Por eso, aunque la administración americana está solicitando recortes de tipos, nosotros creemos que el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, no va a bajar los tipos de interés. De hecho, podría darse el escenario contrario: si la inflación continuase elevada, podríamos ver subidas de tipos de interés. Este no es nuestro escenario central para 2026, pero podría ocurrir. Ya entrando más en 2027, y teniendo en cuenta que el petróleo ha corregido hacia niveles de 70-75 dólares, frente a los niveles anteriores de 125-130 dólares por barril, hablamos de una caída bastante significativa. Si esta evolución del petróleo permite que la inflación en Estados Unidos vaya descendiendo progresivamente desde ese 4,2% hacia niveles del 3,9%, 3,8% o 3,7%, no descartaríamos que en 2027 pudiera haber bajadas de tipos de interés. En cuanto a la magnitud, probablemente estaríamos hablando de dos bajadas, hasta situar los tipos de interés en torno al 3%.
De cara a la segunda parte del año, y en un contexto donde la inteligencia artificial lo inunda todo, ¿dónde están las preferencias de DWS a nivel sectorial en renta variable?
Para nuestro posicionamiento en renta variable, si queremos ser lo más técnicos posibles, lo que vamos a analizar son los resultados empresariales. Y ahora mismo, los resultados empresariales en Estados Unidos avalan un crecimiento para el año 2026 del 15% en todo el S&P 500, mientras que en Europa estamos hablando de un crecimiento en torno al 10%. Por lo tanto, ese mayor crecimiento de resultados en Estados Unidos nos hace confiar en la economía americana, porque esperamos que siga aportando buenos resultados empresariales. Sin embargo, los precios de la bolsa americana, especialmente en el sector tecnológico, son cada vez más exigentes y cotizan lo que nosotros llamamos “cotizar la perfección”. Cotizar la perfección significa que el mercado no espera que algo que pueda salir mal vaya a suceder, sino que, si existe alguna duda, se descuenta que el resultado será positivo. Y eso es precisamente lo que están reflejando los mercados, con diferencias bastante importantes dentro de un mismo sector como puede ser la tecnología: entre las compañías de semiconductores o las que producen memoria, y las compañías que son más hyperscalers, donde estamos viendo cierta corrección. Somos positivos en la bolsa americana, pero creemos que el peso que tiene actualmente dentro del índice global de bolsas, el MSCI World, con un 75%, supone una exposición demasiado elevada hacia Estados Unidos. Nuestra visión es que, en lugar de tener un 75% de la cartera de bolsa en Estados Unidos, podría ser más adecuado tener una exposición del 60%-65% y diversificar hacia otros sectores que ahora mismo están fuera del favor de los inversores. Son sectores que cotizan a precios más bajos y que, en caso de una corrección, probablemente no sufrirían tanto. De esta manera, estaríamos parcialmente cubiertos ante un posible desinflamiento de la bolsa americana o ante algún susto en los resultados esperados, ya sea porque el coste de la inteligencia artificial sea muy elevado o porque su desarrollo avance a una velocidad más lenta de lo que inicialmente se había descontado.
¿Cuál es vuestra postura en el segmento de la inteligencia artificial?
Ahora mismo, en inteligencia artificial, una vez que hemos visto cómo los grandes modelos de lenguaje están desarrollando sus propias capacidades, más que centrarnos en esta primera etapa, lo que queremos analizar son los casos de uso. La clave es entender cómo va a afectar la incorporación de la inteligencia artificial a determinados sectores. Hay sectores en los que creemos que va a generar un salto de productividad bastante elevado y una mejora significativa de la eficiencia. Sectores como el financiero creemos que van a ser algunos de los principales usuarios de la inteligencia artificial, ya que permitirá a los bancos contar con sistemas mucho más eficientes y robustos. Por otro lado, el sector industrial también nos parece un área que hay que tener en cuenta, porque será uno de los grandes beneficiados de la incorporación de la inteligencia artificial en sus cadenas de producción. Además, hay un sector que ahora mismo está algo fuera del foco de los inversores porque está teniendo un comportamiento relativamente negativo: el sector farmacéutico. Creemos que la inteligencia artificial también tendrá un papel muy relevante en este ámbito, especialmente en la generación de medicamentos mucho más personalizados que los que se han desarrollado hasta ahora. Hasta ahora, en gran medida, se creaban medicamentos destinados a varios tipos de enfermedades o a distintos perfiles de pacientes. Con el uso de la inteligencia artificial, se podrán desarrollar nuevos tratamientos mucho más personalizados, adaptados a las características concretas de cada persona, como puede ser en casos de insuficiencia renal, hipertensión u otro tipo de enfermedades que hasta ahora no se podían tener tan en cuenta. Creo que, con la inteligencia artificial, el sector farmacéutico será un área a seguir de cerca en los próximos meses.
¿Cuál es vuestra estrategia en mercados emergentes?
Es algo que ha cambiado mucho respecto al pasado. Antiguamente, el peso del sector tecnológico dentro de los mercados emergentes no era tan relevante y las compañías cotizadas asiáticas no tenían el mismo nivel de dominio que tienen actualmente. Hoy en día, en el índice general de mercados emergentes de renta variable, prácticamente el 85% corresponde a Asia. Dentro de ese porcentaje, Corea representa aproximadamente una tercera parte, Taiwán otra tercera parte y China prácticamente otra tercera parte. ¿Qué es lo que nos falta? La principal representación de Latinoamérica, que es un continente muy amplio, muy rico en materias primas y que, sin embargo, solo tiene un peso en el índice de mercados emergentes de alrededor del 6,5%. Por otro lado, Europa emergente representa aproximadamente un 3%. Por lo tanto, si realmente queremos invertir en Asia, comprar el índice global de mercados emergentes es una opción adecuada. Si buscamos principalmente exposición a tecnología y al sector financiero, el propio índice también nos sirve. Sin embargo, si queremos tener una mayor exposición a países como India o aumentar el peso en Latinoamérica, tendríamos que acudir a otro tipo de índices más específicos, como la inversión en renta variable latinoamericana o en renta variable india. Si compramos el índice emergente tradicional, estaríamos adquiriendo principalmente Asia, especialmente Corea, Taiwán y China, además de una elevada exposición al sector tecnológico. Esto me parece también una forma interesante de diversificar frente a Estados Unidos, ya que, aunque Estados Unidos tiene una posición muy fuerte en tecnología, existen otras compañías fuera del foco occidental, más vinculadas al mercado oriental, que también están beneficiándose del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial. Por eso, en estos momentos, diversificar entre países a través de mercados emergentes me parece una opción atractiva.
Posicionamiento global en renta variable a nivel geográfico
Desde DWS consideramos que, para conseguir batir la inflación, tenemos que estar invertidos en acciones. Los resultados empresariales a 12 meses vista se sitúan entre un 10% y un 15% en los mercados desarrollados, por lo que deberíamos esperar un crecimiento de entre el 10% y el 15% en renta variable. Lo que ocurre es que ese crecimiento no va a ser igual en todos los sectores. Vemos que el sector tecnológico ha avanzado mucho y que, en torno a la inteligencia artificial, empiezan a surgir algunas dudas después de las fuertes revalorizaciones que ha tenido. Por eso, nuestra visión es que sí hay que tener Estados Unidos y sí hay que tener tecnología, pero en una proporción menor de la que actualmente pesan dentro de los índices globales. ¿Y qué hacemos con ese menor peso en tecnología y ese menor peso en Estados Unidos? Lo destinamos a Europa y a mercados emergentes. En Europa porque es una bolsa más tranquila, con menor peso tecnológico, que ha estado algo fuera del foco de los inversores. Cuando los inversores busquen reducir exposición a Estados Unidos, creemos que Europa puede ser uno de los destinos. Además, en Europa contamos con dos paquetes fiscales bastante potentes que deberían ayudar al crecimiento de la eurozona. Por tanto, es una apuesta más estable, con menor crecimiento, pero que aporta diversificación. En cuanto a los mercados emergentes, nos gustan como una vía de diversificación frente al sector tecnológico estadounidense. No solo por la tecnología que existe fuera de Estados Unidos, sino también porque encaja con nuestra visión de un dólar más débil. Muchos de estos países tienen deuda emitida en dólares y deben devolverla en dólares. Por tanto, si el dólar se debilita, tienen que devolver menos dinero en términos de su moneda local, lo que supone un factor positivo para ellos. Por eso, en estos momentos, sí buscamos algo más de tranquilidad respecto a los índices y las bolsas, reduciendo algo de exposición a tecnología. Si actualmente la tecnología pesa alrededor de un 30%, podríamos plantearnos tener un 25%. Y si Estados Unidos representa aproximadamente un 75% dentro de un índice global de renta variable, podríamos reducirlo hacia un 65%. Ese capital que queda disponible podría destinarse a Europa, a mercados emergentes o incluso mantenerse en liquidez.
¿Y en renta fija? ¿Seguís siendo constructivos con la deuda soberana europea?
La deuda de gobiernos, con los tipos de interés que tenemos actualmente en la eurozona, en torno al 2%, no nos va a permitir obtener una rentabilidad suficiente para compensar la inflación. La inflación está por encima del rendimiento de los bonos soberanos, salvo que nos vayamos a plazos superiores a 30 años, que es una apuesta que nosotros no estamos realizando en este momento. Si nos mantenemos en unas duraciones que, para nosotros, actualmente tienen el punto más atractivo entre los 3 y los 4 años, vamos a obtener rentabilidades inferiores al 3%, mientras que la inflación sigue estando por encima de ese nivel. Por lo tanto, tenemos que buscar alternativas si queremos que una cartera de bonos consiga que nuestro capital no pierda valor cada año. Entrar en el mundo de la deuda empresarial también nos parece atractivo. Dentro del crédito corporativo hay dos tipos de compañías: las de mayor calidad, que ofrecen una rentabilidad menor pero aportan una mayor seguridad de repago, y las empresas de menor calidad, que ofrecen más rentabilidad pero con mayor riesgo. Nosotros ahora mismo estamos apostando por crédito corporativo, concretamente por compañías muy sólidas, las que denominamos investment grade, con esa duración de entre 3 y 4 años. Aun así, esto no es suficiente. Creemos que debemos combinarlo con cierta exposición a renta variable, porque es en la bolsa donde esperamos que llegue la mayor parte de la rentabilidad y donde creemos que se puede batir la inflación. No tiene por qué ser necesariamente a través del sector tecnológico; pueden ser otros sectores más tranquilos, como las eléctricas. Pero consideramos que, a día de hoy, la renta fija por sí sola no va a ser suficiente para superar la inflación.
Perspectivas en activos alternativos
En el mundo de los activos alternativos, ahora mismo el oro ha tenido una corrección muy fuerte. Creo que han salido bastantes inversores del mercado que eran puramente especulativos y también parece que los bancos centrales, que eran los grandes compradores de oro, han frenado temporalmente sus compras. Sin embargo, no nos cabe duda de que estas compras por parte de los bancos centrales volverán a activarse. Una vez que el mercado se ha limpiado, creemos que estamos en unos niveles más saludables y pensamos que, de cara a los próximos 12 meses, el precio del oro podría superar los 5.000 dólares por onza frente a los 4.100 dólares por onza actuales. Por lo tanto, nos parece una apuesta interesante desde el punto de vista de la diversificación, ya que además es un activo refugio que, en momentos de mayor volatilidad o de mayor tensión geopolítica, puede servir como contrapeso. En la construcción de carteras no queremos tener todas las inversiones orientadas en la misma dirección. El oro puede ayudarnos a incorporar una posición que, si algo va mal en otros activos, pueda actuar como elemento de compensación. En cuanto al euro-dólar, para un inversor en euros, las estimaciones actuales de DWS apuntan a que el euro se fortalecerá y el dólar se depreciará. Por lo tanto, si realizamos una inversión en dólares y posteriormente queremos recuperar esa inversión en euros, si el precio del dólar es más bajo recibiremos menos euros por esos dólares. Dado que nuestra previsión es que el euro-dólar pase del nivel actual de 1,14 a niveles superiores a 1,20 en los próximos 12 meses, nosotros cubriríamos parte de ese riesgo de divisa, ya que una evolución negativa del dólar podría restar rentabilidad a las inversiones realizadas en Estados Unidos, tanto en renta variable como en renta fija.