Los cambios en la política comercial y el conflicto en Irán son ejemplos recientes de shocks exógenos que añaden incertidumbre al entorno económico global. Ambos han inclinado los riesgos hacia escenarios más estanflacionarios. En este contexto, el principal reto para los inversores no es tanto la dirección del crecimiento como su sostenibilidad: el impacto a largo plazo de la inversión en infraestructuras de IA.

En términos generales, nuestra visión es que el crecimiento económico global sigue siendo positivo, lo que continúa respaldando una exposición selectiva al crédito, aunque reconociendo que las valoraciones siguen siendo relativamente ajustadas. Sin embargo, la naturaleza estrecha y cada vez más frágil de este crecimiento desaconseja un posicionamiento direccional agresivo.

Por ello, en lugar de posicionar las carteras para un único escenario macroeconómico, la construcción de carteras debe centrarse en equilibrar los distintos motores de riesgo, priorizar la selección de valores a nivel micro y preservar la flexibilidad en un entorno de elevada incertidumbre.

En tipos de interés, el enfoque se centra en la protección frente a caídas más que en expresar una visión de crecimiento de alta convicción. En EE. UU., los rendimientos han aumentado sin un cambio significativo en el escenario económico. Dado su doble mandato, si la inflación subyacente se mantiene estable, es probable que la Reserva Federal se centre en la debilidad del mercado laboral y favorezca tipos más bajos, a pesar del aumento de los precios de la energía, en parte debido a la menor sensibilidad de la economía estadounidense a estos shocks. Fuera de EE. UU., la mejora de las perspectivas de crecimiento, una inflación más persistente y el aumento del gasto deficitario respaldan una infraponderación en los tipos de Europa y Reino Unido.

El posicionamiento en la curva sigue favoreciendo estrategias de empinamiento. En EE. UU., esto se traduce en una sobreponderación en el tramo de 2 a 5 años y una infraponderación en los tipos a 10 años, lo que ofrece protección frente a escenarios asimétricos en los que el crecimiento se debilita, pero los riesgos inflacionarios persisten. En Europa, también se mantiene un sesgo hacia el empinamiento, aunque la visión sobre el tramo corto es más neutral, dada la posible postura más restrictiva del BCE y el Banco de Inglaterra.

En crédito, los rendimientos elevados siguen respaldando la rentabilidad esperada, pero las valoraciones ajustadas y el aumento de la dispersión refuerzan la importancia del análisis a nivel de emisor. El high yield mantiene un papel estructural, respaldado por mejoras a largo plazo en la calidad crediticia y por su menor duración, aunque el posicionamiento debe ser prudente y centrado en la resiliencia. En investment grade, los fundamentales se están debilitando desde un punto de partida relativamente sólido, y el aumento de las emisiones, junto con unas valoraciones aún ajustadas, aconseja un enfoque más cauteloso. Aun así, los rendimientos siguen siendo elevados para una clase de activo de esta calidad, lo que respalda una asignación estratégica sostenida, con un mayor énfasis en la selección de valores frente a la exposición general a la beta.

En mercados emergentes, se espera que el conflicto en Irán aumente la dispersión más que amenazar la clase de activo en su conjunto, con muchas economías emergentes beneficiándose de fundamentos macroeconómicos más sólidos que en crisis anteriores. Las oportunidades se concentran en los mercados en moneda local, donde los rendimientos son elevados, la inflación está más contenida y las curvas siguen empinadas. No obstante, la resiliencia de las divisas sigue siendo desigual, lo que subraya la importancia de la selectividad. Por otro lado, la deuda en divisa fuerte resulta menos atractiva, ya que los diferenciales no reflejan plenamente la incertidumbre general, aunque persisten oportunidades específicas.

En los mercados titulizados, los valores respaldados por hipotecas de agencias siguen beneficiándose de factores técnicos favorables, aunque las valoraciones permanecen ajustadas en términos históricos y la elevada volatilidad de los tipos de interés aconseja cautela. En contraste, el crédito estructurado ofrece una fuente de carry de alta calidad y menor duración, y sigue siendo relativamente atractivo frente a otros segmentos. En este ámbito, el enfoque continúa en los tramos sénior de la estructura de capital, especialmente dado que los diferenciales siguen comprimidos.