La preocupación de los mercados por las repercusiones inflacionistas del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha pasado por distintas etapas. En un primer momento, el foco estuvo puesto en el posible impacto sobre la inflación general y en la reacción de aquellos bancos centrales más sensibles a las desviaciones respecto a sus objetivos. En este grupo destacaba especialmente la eurozona y, por supuesto, el Banco Central Europeo (BCE). Las previsiones del BCE, que apuntaban a un repunte de los precios de la energía y a su posible transmisión a la inflación subyacente, reforzaron las expectativas de subidas de tipos. Además, el BCE dejó claro que actuaría con rapidez si la inflación general volvía a repuntar, incluso antes de que aparecieran señales de contagio sobre la inflación subyacente.

La segunda fase estuvo marcada por un cambio de liderazgo en EE.UU., con la llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal (Fed). Durante su primera rueda de prensa, la contundencia de Warsh en su compromiso de mantener la inflación bajo control sorprendió a los mercados. Esto provocó una caída de las expectativas de inflación a medio plazo, aunque a costa de una política monetaria más restrictiva en los próximos meses. Warsh también dejó claro que prefiere no anticipar de forma sistemática la evolución futura de los tipos de interés. Como consecuencia, los datos económicos cobrarán aún más relevancia y es probable que los mercados reaccionen con mayor sensibilidad a las cifras de inflación y empleo.

 

Más recientemente, la atención se ha desplazado hacia la inflación subyacente y hacia la necesidad de disponer de nuevos datos para evaluar la situación. Desde que se negoció el alto el fuego entre EE. UU. e Irán, los precios de la energía han descendido con rapidez. Al mismo tiempo, el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) de junio en la eurozona sorprendió a la baja, tanto en la inflación general como en la subyacente. Aunque esta primavera el BCE contemplaba en su escenario central dos subidas de tipos de 25 puntos básicos, creemos que los datos conocidos hasta la fecha apuntan claramente a que no hará cambios en los tipos en su reunión de julio. Lo más probable es que prefiera esperar hasta septiembre para valorar cómo evolucionan los acontecimientos. Mientras tanto, la persistencia de la inflación subyacente en EE.UU. y el tono más restrictivo adoptado por el nuevo presidente de la Fed hacen que los datos que se publiquen este verano tengan una especial importancia.

El gráfico de la semana muestra hasta qué punto la dinámica de la inflación subyacente en EE. UU. se ha alejado tanto de la observada en la eurozona como del propio objetivo de inflación de la Fed. Buena parte de esta divergencia puede explicarse por el impacto de las subidas arancelarias del año pasado, un efecto que debería ir suavizándose gradualmente. Sin embargo, siguen existiendo otros factores que pueden seguir ejerciendo presión durante más tiempo: la fortaleza de la economía estadounidense, las persistentes tensiones en algunas cadenas de suministro y el desarrollo de infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial, que está impulsando la demanda de centros de datos, energía y capacidad de procesamiento.

De cara a los próximos meses, una mayor moderación de las presiones inflacionistas será determinante para que la Fed no se vea obligada a volver a subir los tipos.

Claves de la próxima semana

  • Como hemos comentado anteriormente, la inflación volverá a ser el principal foco en la agenda económica de la próxima semana. En particular, el IPC de junio en EE.UU. será probablemente la referencia más importante. El mercado de swaps de inflación anticipa una desaceleración de la inflación general desde el 4,2% interanual hasta el 3,8%. No obstante, para la Fed será aún más relevante la evolución de la inflación subyacente, que, según las estimaciones, seguirá avanzando a un ritmo anualizado cercano al 3%. Durante la semana también se publicarán los precios de producción, una referencia especialmente relevante para la elaboración del índice PCE, la medida de referencia que utiliza la Fed para evaluar la evolución de los precios. La agenda estadounidense se completará con las ventas minoristas, la encuesta manufacturera de la Reserva Federal de Filadelfia, los datos del mercado inmobiliario y el índice de confianza de la Universidad de Michigan.
  • En la eurozona, la publicación final del Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) de junio debería confirmar una inflación general del 2,8% y una inflación subyacente del 2,4%, ambas por debajo de los máximos recientes. También se conocerán los datos de producción industrial y balanza comercial.
  • China publicará las cifras de crecimiento del PIB correspondientes al segundo trimestre, junto con los datos de producción industrial y ventas minoristas. El consenso de mercado prevé una desaceleración del crecimiento económico hasta el 4,5% interanual, mientras que el consumo continúa mostrando signos de debilidad. También está prevista la publicación de las cifras de comercio exterior.
  • En Reino Unido, la atención se centrará en el PIB mensual y en la evolución del sector servicios y el industrial. Tras la bajada registrada en abril, las previsiones apuntan a que la actividad se habría moderado en mayo, en un contexto en el que diversos acontecimientos políticos de gran relevancia podrían haber afectado negativamente a la confianza empresarial.
  • En Japón, los principales indicadores serán los datos de producción industrial y de pedidos de bienes de equipo, junto con la publicación del índice Reuters Tankan de actividad no manufacturera.

Durante las vacaciones de verano es habitual observar el comportamiento de las mareas. También merecerá la pena prestar atención a otra marea que seguirá marcando el rumbo de los mercados: la de la inflación.