Los bonos catástrofe o cat bonds son instrumentos financieros de renta fija emitidos por aseguradoras, reaseguradoras o gobierno para transferir al mercado de capitales el riesgo de desastres naturales o emergencias extremas que, por desgracia, cada vez son cada vez más frecuentes como por ejemplo un bono pandémico, por meteorito, por terremoto, por huracán o por erupción volcánica.

Estos bonos nacieron en Estados Unidos en los años 90, cuando tras el huracán Andrew en 1992 muchas compañías aseguradoras en Florida quebraron por no poder afrontar todos los gastos; por lo que surgen como la necesidad de buscar una solución a ello. 

Este tipo de instrumento es emitido por una compañía de seguros que permiten transferir el riesgo de una catástrofe natural a los inversores. Se estructuran a través de vehículos especiales donde los propios inversores depositan capital. Si se produce un evento natural predefinido, el capital se usa para cubrir las pérdidas del asegurador; si no ocurre nada, el inversor recupera su dinero y obtiene rendimiento gracias a la primera de riesgo que paga la aseguradora y los intereses del fondo monetario donde se invierte el colateral.

¿Qué papel pueden desempeñar en las carteras?

Los bonos catástrofe pueden desempeñar un papel relevante como herramienta de diversificación dentro de las carteras de los inversores. Su principal ventaja es que sus rendimientos dependen fundamentalmente de la ocurrencia de fenómenos naturales previamente definidos, como huracanes o terremotos, y no de la evolución de los mercados financieros. Por ello, y según apunta Etienne Schwartz, CIO Liquid Strategies de Twelve Securis y gestor del Twelve Securis Cat Bond Fund, presentan una correlación reducida con la renta variable, la deuda corporativa y otros activos más sensibles a la geopolítica, los tipos de interés o las perspectivas de crecimiento.

El experto señala que esta independencia relativa permite que actúen como una fuente alternativa de rentabilidad y contribuyan a reducir la volatilidad global de una cartera. “Además, pese al estrechamiento de los diferenciales registrado tras el fuerte comportamiento de 2025 y comienzos de 2026, la clase de activo seguiría ofreciendo una compensación atractiva por el riesgo asumido, con rentabilidades cercanas al 9% en dólares. Por lo que su interés para los inversores reside, por tanto, en la combinación de rentabilidad potencial elevada y baja correlación, aunque a cambio de asumir el riesgo de pérdidas si se produce alguno de los eventos catastróficos cubiertos.

Efectivamente, también existen riesgos. Desde Mapfre, destacan como principal riesgo la posible pérdida parcial o total de capital si se produce uno de los eventos cubiertos y se cumplen los parámetros de activación previstos, normalmente vinculados a huracanes, terremotos o pérdidas agregadas de la industria aseguradora. Aunque estos instrumentos ofrecen una baja correlación con los mercados financieros tradicionales, su comportamiento depende de modelos de riesgo catastrófico, estimaciones de daños y condiciones contractuales que pueden no reflejar con exactitud el impacto real del siniestro. También comentan que existe incertidumbre sobre la frecuencia y severidad de los fenómenos naturales, especialmente en un contexto de cambio climático, así como riesgo de concentración geográfica, dado que la mayoría de las emisiones cubren eventos en Estados Unidos. Y señalan que a ello se suma la posible menor liquidez del mercado frente a otros activos de renta fija y la complejidad de valorar correctamente los triggers y la probabilidad de pérdida. Para el patrocinador (entidad), además, existe riesgo de base: puede sufrir daños relevantes en su cartera y no recibir compensación si el coste agregado para el sector no supera el umbral fijado. Por ello, aunque pueden mejorar la diversificación, requieren un análisis especializado y no deben interpretarse como activos exentos de volatilidad o pérdidas.

Podríamos decir que el espacio de los bonos catástrofe está experimentando una demanda de capital sin precedentes; y es que, la abundancia de emisiones de calidad, en lo que normalmente puede ser una clase de activos restringida, está abriendo una oportunidad inesperada y un potencial de diversificación de la cartera.

Algunos fondos disponibles en España

  1. GAM Swiss Re Cat Bond: Es uno de los vehículos con mayor trayectoria del sector: cuenta con más de diez años de historial y está gestionado conjuntamente con el equipo especializado en ILS de Swiss Re. Invierte activamente en bonos catástrofe y ofrece clases en dólares y en euros con cobertura de divisa. Su escala, experiencia en modelización y amplia red de distribución en España son sus principales fortalezas. El riesgo central es sufrir pérdidas relevantes por catástrofes cubiertas, además de una posible reducción de la liquidez tras un gran evento.
  2. Franklin Cat Bond UCITS Fund: Invierte principalmente en bonos vinculados a catástrofes naturales, con una exposición especialmente elevada a Estados Unidos y a riesgos como los huracanes de Florida y los terremotos de California. Aunque el fondo actual comenzó en 2025, incorpora el historial de su antecesor, Franklin K2 Cat Bond, desde julio de 2023. En la clase W analizada, la inversión mínima es de 1.000 euros y los gastos corrientes son del 1,09%; ambas cifras pueden variar según la clase. Su corta duración limita la sensibilidad a los tipos, pero no el riesgo de pérdida de capital por una catástrofe.
  3. Fermat UCITS Cat Bond Fund: Mantiene una cartera global seleccionada activamente y puede invertir en bonos catástrofe sin restricciones de calificación crediticia, normalmente con vencimientos de uno a cinco años. También puede colocar hasta un 10% en deuda de compañías aseguradoras, incluida deuda subordinada o por debajo del grado de inversión. No ofrece liquidez diaria: las operaciones se realizan el segundo y cuarto lunes de cada mes y el último día hábil. Su principal riesgo son pérdidas poco frecuentes pero potencialmente muy severas si se activan varios bonos de la cartera.
  4. Schroder GAIA Cat Bond: Es uno de los fondos más veteranos y grandes de la categoría, con unos 3.900 millones de dólares gestionados a junio de 2026 y antecedentes de inversión desde 2011. Invierte únicamente en ILS negociables y aplica una estrategia activa que descarta emisiones cuya remuneración considera insuficiente. Ofrece tres fechas de contratación mensuales, por lo que su liquidez es inferior a la de un fondo tradicional de renta fija diaria. Está ampliamente distribuido en España, pero conserva un riesgo significativo de caídas bruscas si se produce una gran catástrofe asegurada.
  5. Twelve Cat Bond Fund: Es una de las estrategias emblemáticas de Twelve Securis, grupo especializado exclusivamente en inversiones ligadas al sector asegurador y con unos 9.600 millones de dólares bajo gestión a marzo de 2026. Su proceso combina análisis de cada estructura, modelos propios de catástrofes, investigación climática y gestión activa de la exposición estacional. El fondo cuenta con una de las redes de comercialización más amplias en España. Para el inversor, su especialización y escala son ventajas, aunque la disponibilidad de nuevas suscripciones y de determinadas clases debe comprobarse con cada distribuidor.
  6. Securis Catastrophe Bond Fund: Busca crecimiento y rentabilidad mediante una cartera especializada en bonos catástrofe, seleccionados después de analizar su equilibrio entre prima ofrecida y riesgo asegurador. En enero de 2026 pasó a integrarse en Twelve Capital UCITS ICAV, aunque Securis continúa actuando como subgestor de la estrategia. Dispone de distintas clases, incluidas participaciones en euros con cobertura de divisa. Frente a Twelve Cat Bond Fund, constituye una estrategia diferenciada, pero comparte actualmente la infraestructura y escala del grupo Twelve Securis.

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