El reto industrial de Europa

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Durante gran parte de la última década, la atención se centró en la rapidez con la que la región podría descarbonizarse. En la actualidad, a los responsables políticos les preocupa cada vez más que Europa esté perdiendo terreno frente a otras grandes economías en sectores estratégicos.

Uno de los retos es el declive a largo plazo del sector manufacturero. Los datos del Banco Mundial muestran que el valor añadido de la industria manufacturera representaba alrededor del 19,7 % del producto interior bruto (PIB) de la UE en 1991, frente al 14,3 % en 2024. Aunque Europa sigue albergando muchas empresas industriales líderes, la industria manufacturera ha ido perdiendo peso en la economía con el paso del tiempo.

Gráfico 1: sector manufacturero de la UE, valor añadido (% del PIB) y objetivo de la Ley de Aceleración Industrial

Fuente: Banco Mundial. Las previsiones no son un indicador de la rentabilidad a futuro y las inversiones están sujetas a riesgos e incertidumbres.

La inversión es otro punto delicado. El informe Draghi estimaba que la UE podría necesitar entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales en inversiones cada año, lo que equivale aproximadamente al 4,4 %-4,7 % del PIB, para impulsar la productividad, la innovación y la transición ecológica.

Gráfico 2: la tasa de inversión en activos fijos de la UE es inferior a la de Estados Unidos

Fuente: Documento de trabajo del BEI 2024/01, «Dinámica de la inversión productiva y brechas entre Estados Unidos y los países de la UE». Inversión productiva = formación bruta de capital fijo (FBCF) total menos la construcción. Las tasas corresponden a la formación bruta de capital fijo (FBCF) como porcentaje del valor añadido bruto, con volúmenes encadenados de 2015, deflactores nacionales y medias anuales.

Al mismo tiempo, la industria europea se enfrenta a unos costes energéticos estructuralmente más elevados que los de algunas regiones competidoras, especialmente en sectores con un alto consumo energético, como el acero, el cemento y el aluminio. La transición energética también suscita nuevas preocupaciones sobre los riesgos de dependencia vinculados a las cadenas de suministro externas, ya que tecnologías como los paneles solares, las baterías y la electrónica de potencia siguen estando muy concentradas fuera de Europa.

Gráfico 3:  precio final estimado de la electricidad para grandes clientes industriales de sectores con un alto consumo energético, 2019-2024

Fuente: AIE. Los datos históricos se facilitan únicamente con fines ilustrativos y no son indicativos de las condiciones futuras del mercado ni de los resultados de las inversiones.

En este contexto, los responsables políticos están prestando mayor atención a la resiliencia industrial y a la autonomía estratégica. La Ley de Aceleración Industrial (IAA, por sus siglas en inglés) es una de las últimas iniciativas destinadas a reforzar la industria manufacturera interna, fomentar la producción con bajas emisiones de carbono y mejorar la competitividad industrial de Europa.

Cuál es el objetivo de la Ley de Aceleración Industrial

La Comisión Europea publicó la propuesta de la IAA en marzo de 2026. Aunque todavía se trata de una propuesta legislativa, esto indica que se está formando un consenso: Europa necesita reforzar su base industrial y reducir sus dependencias estratégicas.

La propuesta de la Comisión señala que el reglamento respaldaría la competitividad y la resiliencia del sector manufacturero de la UE, centrándose en determinados sectores estratégicos, al tiempo que contribuiría a los objetivos climáticos, la seguridad económica y la creación de empleo de calidad. Además, se fija el objetivo de que el sector manufacturero represente el 20 % del PIB de la UE para el año 2035.

La ley se centra en tres grandes ámbitos: las industrias con un alto consumo energético, las tecnologías de cero emisiones netas y determinados segmentos de la cadena de suministro del sector del automóvil. Esto lo hace relevante no solo para materiales tradicionales como el acero y el cemento, sino también para el sector manufacturero que sustenta la transición energética de Europa, que abarca componentes para energías renovables, almacenamiento de energía, electrónica de redes y movilidad eléctrica.

La ley cuenta con cuatro instrumentos principales. En primer lugar, introduce reformas en la contratación pública que otorgan mayor importancia a los criterios de bajas emisiones de carbono y resiliencia, incluidos los requisitos de «Fabricado en la UE» y de bajas emisiones de carbono en la contratación pública y en los programas de ayudas públicas. En segundo lugar, establece restricciones para determinadas inversiones extranjeras directas de gran envergadura en sectores estratégicos. En tercer lugar, busca simplificar la concesión de permisos para proyectos de fabricación industrial. En cuarto lugar, exige a los Estados miembros que designen zonas de aceleración de la fabricación industrial para agrupar proyectos industriales estratégicos.

Los sectores incluidos son de gran relevancia para la economía real. La Comisión Europea considera que, si bien estos sectores pueden representar una parte limitada de la producción industrial total de la UE, desempeñan un papel desproporcionadamente importante como proveedores de los sectores de la construcción, la movilidad, la energía y la defensa.

Por qué la IAA es importante para el desarrollo de las infraestructuras en Europa

Aunque la IAA es, ante todo, una iniciativa de política industrial, tiene varias repercusiones importantes para el sector de las infraestructuras en Europa.

1. Materiales con bajas emisiones de carbono: la contratación pública como indicador de la demanda

El vínculo directo con las infraestructuras se establece a través de la contratación pública y los materiales. A partir de 2029, la contratación pública de edificios e infraestructuras civiles deberá incluir un porcentaje mínimo de acero, hormigón o aluminio con bajas emisiones de carbono. Según la propuesta, al menos el 25 % del acero utilizado en los edificios, las infraestructuras y los vehículos pertinentes debería ser de bajas emisiones de carbono; el hormigón y el mortero deberían tener un 5 % de materiales de bajas emisiones de carbono y originarios de la Unión; y el aluminio debería tener un 25 % de materiales de bajas emisiones de carbono y originarios de la Unión.

Los proyectos de infraestructuras son grandes consumidores de acero, cemento, hormigón y aluminio. Si se aplica en gran medida tal y como se propone, podría crear un mercado más visible para los materiales europeos con bajas emisiones de carbono. Esto supondría un apoyo para los productores que puedan acreditar la intensidad de carbono y el origen de sus productos, así como para los contratistas que puedan adquirir materiales que cumplan con la normativa de manera eficiente. Los productores y las empresas constructoras europeos pueden encontrarse en una posición más ventajosa en algunos ámbitos, especialmente cuando se aplican requisitos de origen de la UE o cuando la producción local contribuye a cumplir las normas de contratación pública y de emisiones de carbono.

2. Componentes energéticos: reforzar la resiliencia de la cadena de suministro

Otro aspecto relevante es la capacidad de fabricación de componentes para infraestructuras energéticas.

En lo que respecta a la infraestructura energética europea, las limitaciones de la cadena de suministro se han convertido cada vez más en un factor restrictivo para la ejecución de los proyectos. Los componentes de energías renovables, los sistemas de almacenamiento de energía y la electrónica de red dependen todos de la capacidad de fabricación.  Una base industrial interna más sólida podría mejorar la resiliencia y reducir algunos de los riesgos asociados a la concentración de las cadenas de suministro mundiales.

La IAA se suma a las iniciativas europeas más amplias destinadas a reforzar la producción doméstica en estos sectores estratégicos. La producción de muchos componentes de las tecnologías de energía renovable sigue siendo más cara en Europa, mientras que las cadenas de suministro mundiales suelen estar concentradas fuera de la región. Al generar señales de demanda más claras y mejorar las condiciones de desarrollo, los responsables políticos esperan animar a las empresas a invertir en la capacidad europea.

3. Polígonos industriales: la nueva capacidad requiere nuevas infraestructuras

La Ley también puede influir en las infraestructuras de forma indirecta a través del desarrollo industrial.

Las nuevas instalaciones industriales requieren una infraestructura de apoyo, que incluye conexiones eléctricas, vías de transporte y redes de servicios públicos. Las zonas de aceleración industrial tienen por objeto facilitar el avance de proyectos estratégicos, lo que podría fomentar nuevas inversiones industriales en toda Europa.

Conclusión

La Ley de Aceleración Industrial aporta un nuevo nivel de apoyo normativo al ciclo de inversión en infraestructuras de la región. Al vincular la contratación pública con la resiliencia industrial y la capacidad de fabricación interna, la ley podría reforzar la demanda de materiales de construcción con bajas emisiones de carbono, componentes energéticos y las cadenas de suministro de infraestructuras necesarias para hacer realidad las prioridades a largo plazo de Europa. Su repercusión dependerá de la implantación definitiva y de las posibles tensiones comerciales, pero la tendencia es clara: Europa considera cada vez más las infraestructuras, la industria manufacturera y la autonomía estratégica como temáticas de inversión interrelacionadas.

Aunque la IAA podría apoyar a partes de la cadena de valor industrial y de infraestructuras de Europa, su repercusión final sigue siendo incierta. La propuesta aún está sujeta al proceso legislativo de la UE y los plazos de ejecución pueden sufrir modificaciones. La demanda de productos y servicios relacionados con las infraestructuras también puede verse afectada por la situación económica, las prioridades del gasto público, los tipos de interés, los precios de la energía y la evolución geopolítica en general.