Con la volatilidad actual, estamos viendo una dispersión enorme de resultados entre gestoras. A la hora de seleccionar un fondo hoy, ¿qué pesa más en tu análisis: la consistencia histórica del equipo gestor o su capacidad actual para adaptarse a un entorno de tipos de interés más altos?

En nuestra opinión, ambos factores son fundamentales. La consistencia es clave para construir convicción en un producto; sin un proceso organizado y un equipo capaz de ejecutarlo con efectividad, los resultados pasados pierden validez. Sin embargo, somos conscientes de que la relación de fuerzas en el mundo está cambiando. La tendencia hacia la regionalización está restando eficiencia productiva y generando una lucha evidente por recursos estratégicos, impulsada por la inteligencia artificial y la transición energética.

Este escenario, sumado a un alto endeudamiento global, derivará en un tipo de interés real de equilibrio más elevado. Por ello, los procesos de inversión deben tener "cintura". No nos gustan los modelos rígidos que dejan poca libertad al gestor. El proceso debe ser consistente, sí, pero lo suficientemente flexible para incluir compañías que, aunque se alejen ligeramente de la filosofía tradicional del fondo, son necesarias para reconocer que el mundo está cambiando.

En Mapfre gestionáis volúmenes muy importantes. En este contexto de mercado tan fragmentado, ¿crees que la gestión activa realmente está batiendo a los índices, o hay sectores específicos donde prefieres recurrir a la gestión pasiva para optimizar los costes de la cartera?

Entendemos ambos enfoques como complementarios. En una industria tan competitiva y bajo una presión regulatoria creciente, el control de costes es ineludible. No obstante, la asignación de activos permite asumir un mayor tracking error incluso mediante productos semi-pasivos o de menor actividad.

Nuestra estructura habitual consiste en una cartera core referenciada al índice con fondos activos de bajo tracking error, complementada con posiciones en mercados menos eficientes donde las dislocaciones de precios son más evidentes. En el entorno actual, la gestión activa es necesaria por tres razones:

  • Coste de capital: Su incremento devuelve el protagonismo a los fundamentales y al stock picking.
  • Geopolítica: Es crucial analizar la resiliencia de las cadenas de suministro.
  • IA y "Destrucción Creativa": Como anticipó Schumpeter, la tecnología hará que muchas empresas queden caducas, mientras otras las reemplazan. Hay que ser extremadamente selectivos, especialmente en el sector tecnológico.

Estamos viendo un trasvase de flujos hacia sectores más defensivos. Como analista, ¿estás recomendando ya aumentar la exposición a sectores con dividendos sólidos y balances saneados, o crees que todavía hay espacio para capturar crecimiento en el sector tecnológico a estos precios?

Es necesario matizar, pues el mercado está muy disperso. Desde Mapfre no recomendamos un posicionamiento defensivo per se, sino cauto y selectivo. A medio plazo, estamos en un ciclo liderado por la inversión, un factor más estructural y menos cíclico que el consumo, especialmente en IA, lo que elevará la productividad en las próximas décadas. Por ello, no podemos ser puramente defensivos ante tal transformación.

Sin embargo, a corto plazo somos cautos. Existen riesgos que el mercado no refleja totalmente: las tensiones geopolíticas en Irán, la desaceleración del consumo y unas valoraciones por encima de los promedios históricos en un entorno de complacencia. Somos positivos a medio y largo plazo, pero preferimos esperar a que el mercado ofrezca mejores puntos de entrada.

En vuestra casa la gestión del riesgo es fundamental. Con la incertidumbre geopolítica que manejamos en 2026, ¿qué porcentaje de liquidez consideras hoy 'estratégico' para poder reaccionar ante oportunidades de mercado sin comprometer la estabilidad del fondo?

En un escenario de rentabilidades dispersas y volatilidad, es lógico aumentar el buffer de liquidez para aprovechar oportunidades de selección. En la última década, la liquidez solía restar rentabilidad y se mantenía al mínimo operativo. Hoy, situarla en un rango del 5% al 10% nos parece útil para capitalizar ventanas de oportunidad. Cabe decir que no siempre debe hacerse mediante efectivo; existen otras coberturas y posicionamientos que ofrecen ese mismo margen de maniobra.

Como analista de mercados, ¿qué indicador macroeconómico estás vigilando con más recelo ahora mismo? ¿Crees que el mercado está siendo demasiado optimista con el aterrizaje suave de la economía o estás ya preparando la cartera para un escenario de menor crecimiento del esperado?

En el cortísimo plazo, el flujo marítimo en el Estrecho de Ormuz es un indicador crítico por el conflicto geopolítico. Mirando más allá, el foco debe estar en las condiciones financieras.

Estamos en un escenario de inflación persistente donde los márgenes empresariales empezarán a sufrir. Hasta ahora, el ahorro post-pandemia mantuvo fuerte al consumidor, pero en cuanto este deje de absorber el incremento de costes, las empresas deberán asumirlos, impactando su rentabilidad. No prevemos una recesión o debacle del consumo, sino una desaceleración cíclica.

Ante esto, nuestra estrategia se centra en compañías saneadas: poca deuda, beneficios resilientes y alta visibilidad a corto y medio plazo, pagando por ellas una valoración justa. Esta parte cauta de la cartera la complementamos con activos de mayor potencial, principalmente beneficiarios del ciclo de inversión en IA, desde semiconductores hasta activos tangibles y commodities.